Texto: Lic. Elisa Bearzotti

«Gauchos y malones desafiando al desierto».
Estancias Pampeanas

Altaneras, poderosas, rodeadas de jardines de portes europeos, engalanadas por la magnificencia de sus fastuosos cascos, se alzan las estancias en el medio de la Pampa Argentina. Como ecos de un pasado de guerras y despojos, mantienen su imponente presencia a pesar de los desgarros ejercidos por herencias familiares y economías fluctuantes, mostrando sus encantos a través de la pátina suave del turismo rural. Exponentes de los primeros pasos de la Nación, hoy exhiben sus estampas de gauchos y carruajes, embellecidas por el ocre inglés de pastelitos a la hora del te. Sin embargo, su pasado fue menos glamoroso. En ese espacio de memorias y ausencias, la dureza de las tareas rurales se mezclaba con el polvo arrasador del malón, la soledad de la pampa con la algarabía de las fiestas tradicionales y el encanto de las chinas solícitas con la doma del caballo cimarrón, imprescindible tarea que tenía un solo actor: el gaucho que había aprendido a montar como indio. En las primeras épocas de la colonia, comenzaron a instalarse pequeños establecimientos rurales dedicados especialmente a la explotación ganadera. El cuero, el tasajo y el charque constituían sus principales productos. Sin embargo, la mano de obra no abundaba. Dueño de un horizonte indefinido, el gaucho, de temperamento rebelde y defensor a ultranza de su natural condición de libertad, sólo trabajaba para comer y, de vez en cuando, vendía algunos cueros para costearse los vicios. Poco a poco el desarrollo de la ganadería, que fue perdiendo su condición cimarrona para adquirir un cierto refinamiento, y la cercanía al puerto de Buenos Aires, van definiendo el perfil exportador de nuestro país. Cueros, saladeros y frigoríficos, junto a la irrupción del ferrocarril, dieron el empuje necesario para que las estancias pampeanas se transformaran en los principales centros productivos, en una época en que la población urbana se encontraba francamente estancada. Entonces, un nuevo escenario se impone y la necesidad de ganar tierras empuja a la expansión de la frontera. A fines del S XVIII, apenas un diez por ciento de la superficie de la provincia de Buenos Aires estaba integrada a la economía de la Nación y la Campaña al Desierto fue la respuesta política requerida por las circunstancias económicas de la época. Juan Manuel de Rosas primero, y Julio Argentino Roca después, fueron las cabezas visibles de una epopeya afirmada por los austeros fortines emplazados en medio del desierto pampeano. Las tierras quitadas al indio, unos doce millones de hectáreas, fueron distribuidas entre un reducido número de personas, provocando una marcada concentración de la propiedad en pocas manos. De esta manera las estancias se ubicaron como la primera empresa capitalista en la economía del país, empleando trabajo asalariado e introduciendo importantes cambios en las condiciones de explotación: mejoramiento de la calidad de la hacienda criolla, difusión del alambrado y un aprovechamiento más racional de la tierra. Mientras tanto el gaucho, libre caminante del paisaje natural, había ido adecuando su fisonomía y personalidad a las nuevas circunstancias que imponían los cambios sociales. No existe absoluta certeza sobre el origen del vocablo “gaucho”. Probablemente derive del quechua “huachu” (huérfano, vagabundo) o también de una deformación del vocablo “chaucho”, introducido por los españoles y derivado del árabe (arreador de animales). Lo cierto es que se comenzó a denominar así a criollos, mestizos, negros, mulatos y también a los hijos de inmigrantes europeos que asumieron el estilo de vida campestre. El ambiente del gaucho fue la llanura, y su habilidad como jinete, su destreza física y su altivez, junto a un carácter reservado y melancólico, fueron las características que hicieron de este tipo social un personaje romántico y peculiar. En él su destino de pobreza no derivaba en sometimiento y su indelegable libertad fue el origen de la lucha por sus ideales. El caballo constituía toda su riqueza y era su única herramienta de trabajo para realizar la doma, el rodeo de hacienda y las travesías. Acostumbrado a pasar horas enteras bajo los ardientes rayos del sol en el rigor del verano y soportar el más frío invierno, a dormir en todas las estaciones a la intemperie, a galopar tres días y tres noches sin descansar, el gaucho reunía en su carácter la energía independiente de la raza guaraní, y la fortaleza de hierro y el extraordinario valor de los primeros conquistadores. Su compañera, descripta en ocasiones como “personas encantadoras que hablan el castellano con corrección y gusto”, también era un excelente jinete que usaba el caballo para sus necesidades cotidianas: hacer las compras, buscar la carne y el agua, ir a la pulpería, e inclusive, asistir a la Misa. Simple, sin más adorno que una o dos peinetas, un lazo, o en ocasiones una flor en su cabello, era la mujer adecuada para soportar un estilo de vida austero y solitario. Así, a mediados del S XIX, la vida en las estancias se desarrollaba entre las duras faenas campestres realizadas por los gauchos, la lucha cruel contra el indio y el desarrollo de una ganadería que era, en ese momento, la base de la riqueza del país. Unos años más tarde, el desarrollo de la agricultura haría desaparecer las condiciones de vida típicas del gaucho, que poco a poco, iría perdiendo su estilo nómade y rebelde para transformarse en el hombre rural que aún hoy, vemos en nuestras llanuras. Escenario de guerras y pasiones, centro productor y reposo del viajero, la estancia pampeana expresa la intersección entre los distintos procesos históricos que atraviesan el pasado y el presente del pueblo argentino. Hoy, los modernos tonos globalizadores pensaron para ella otro destino, pero el reflejo de aquello que las hizo nacer continúa ejerciendo una irresistible atracción: aquella que define la esencia, el carácter perpetuo de los orígenes. Recuadro Una oferta de lujo en medio de la Pampa Argentina Con sus amplias galerías cubiertas de madreselvas; increíbles parques exhibiendo el talento de diseñadores franceses, tales como Carlos Thays; antiguos cascos construidos como réplicas de castillos de la Belle Epoque o emblemas del estilo Tudor; bibliotecas guardando piezas de los siglos XVIII y XIX y muebles europeos, las estancias argentinas albergan en la actualidad a lo mejor del turismo nacional e internacional. Cada una de ellas cuenta una parte de la historia argentina, manteniendo vivas las huellas de las tropas expedicionarias de la Campaña al Desierto o las primeras técnicas usadas por un establecimiento agrícola ganadero. Los árboles centenarios, las habitaciones espaciosas con hogares a leña, las lagunas o arroyos que se encuentran dentro de sus predios y el lujo de las instalaciones definen un espacio exclusivo y especialmente adecuado para el descanso y el placer. Cabalgatas, paseos en carruajes, tenis, golf, fútbol, voley, caminatas, natación, pesca, trekking y hasta caza menor son algunas de las opciones que se pueden encontrar, sumando además una gastronomía de primer nivel y la pericia de un personal especialmente entrenado para la atención de un huésped de lujo. Muchas de ellas en plena actividad, promueven las visitas a sus instalaciones ganaderas especialmente dedicadas a la cría de bovinos, caballos criollos y ovejas, que se complementan con la admiración de las variadas especies de flora y los plácidos atardeceres sobre las lagunas. En definitiva, un espacio ideal para pasar una estadía a pura naturaleza, ya sea en familia, en pareja o con amigos, donde no faltan los sabrosos asados y la comida casera para disfrutar más a gusto las mañanas bañadas de rocío y las noches pobladas de estrellas.


Consígala en Librería Ross, Librería Ameghino y los puestosde revistas de la Peatonal Córdoba y San Martín de la ciudad de Rosario - Argentina.
Registro de la propiedad Intelectual Nro. 278938. La reproducción total o parcial del material fotográfico, periodístico y de investigación , contenido en «Sólo Líderes», no está permitida. La editorial se reserva el derecho de publicación de las solicitudes de notas y publicidades. Es una publicación y marca registrada de:Kamala «Imagen para empresas».
e-mail: kamala@citynet.net.ar - Tel/fax (0341) 481-0421 - www.sololideres.com.ar - 2000 Rosario - Santa Fe - Argentina
Copyright © Todos los derechos reservados de Kamala Bonifazi.