Texto: Lic. Kamala Bonifazi

«Un duende en escena».
Paloma Herrera

Allí está ella, es como un duende sobre el escenario. Es un cisne esbelto, es un ángel. La magia de sus giros perfectos y majestuosos nos envuelve, un silencio abismal nos inmoviliza; la escenografía, las luces, el respeto del público… De pronto un aplauso ensordecedor. Es Paloma Herrera, la bailarina argentina triunfadora en todo el mundo. En New York, donde reside desde hace años, es valorada como una verdadera leyenda y catalogada por la crítica especializada como una de las mayores estrellas del universo artístico. A los diecisiete años de edad, obtuvo su Green Card de los Estados Unidos, siendo la primera vez que un ciudadano argentino recibe su visa de profesional de la danza con la denominación “Extranjero de extraordinario talento”.
Sin poder ocultar el orgullo que sentimos, conversamos con ella en uno de sus regresos a Buenos Aires, dejando al desnudo su fuerte personalidad, su enorme sensibilidad y talento, sus sueños, y  proyectos futuros…
Paloma, ¿A qué edad comenzaste con la danza y quiénes fueron los maestros que te marcaron a fuego?
Empecé a los siete años y nunca más la abandoné. Mi gran maestra fue Olga Ferri, desde el primer día hasta que me fui a Nueva York. Ella fue mi guía y yo creía en todo lo que me decía, le tenía una confianza ciega. Si me aconsejaba presentarme en el Teatro Colón o en algún concurso, yo lo hacía. Me marcó a fuego, estuvo junto a mí en los comienzos que son los que te dejan la marca, la huella, son fundamentales. Modeló mucho mi personalidad porque  yo estaba siempre bajo su ala, ella era una persona que me amaba y hasta hoy siento que es así, me dio todo, hasta la forma de encarar la profesión. Es muy obsesiva, de estar en todos los detalles, super dedicada. Por supuesto también me dio el vocabulario de la danza, me enseñó a ser una profesional dando todo en el escenario, así que eso siempre se lo voy a agradecer. Después por suerte en el Colón también tuve buenos maestros como Rina Valverde, todos me dieron algo, y ahora en New York, Irina Kolpakova. Estoy en el American Ballet Theatre, una compañía donde tenemos varios coachs. El director, Kevin McKenzie, es una persona excelente y también me guía, e Irina Kolpakova que es rusa, está totalmente dedicada y da todo. Los maestros te marcan, indudablemente. Las relaciones son realmente muy profundas.
¿Cómo solucionaste el tema escolar, siendo tan pequeña y con esa pasión tan definida?
Desde chiquitita iba con tres mochilas, una para el colegio y las otras para la danza. Yo lo pienso hoy y no sé cómo hacía, pero en ese momento era la mujer más feliz del mundo. Primero iba al Colón desde la mañana hasta el mediodía, de allí a la escuela y a las cinco de la tarde me iba corriendo a lo de Olga Ferri para clases particulares. Para mí era lo más natural del mundo, ahora lo veo y digo ¡como hacía siendo tan chiquita!... y después estudiar para el colegio, hasta que tuve que ir a Nueva York y dejar en 2º año de la secundaria. Debí allí dar algunas materias en la escuela argentina que se encuentra en Queens, igual hoy me quedan algunas por rendir. Es un tema pendiente que haré en algún momento. Mi infancia fue completamente diferente, mientras todas las nenas estaban en los cumpleaños, yo estaba totalmente enfocada en lo que quería ser. ¿Y no vas a ir a un cumpleaños, o a una fiesta? ¡No, no! decía yo, me voy a mis clases de danza. Era feliz.
Has interpretado obras bellísimas por todas partes del mundo  y con partenaires de primer nivel. Recordemos obras estelares de tu repertorio clásico como: Cascanueces, Giselle, El Corsario, El Lago de los Cisnes, La Bayadera, La Cenicienta, Don Quijote, Romeo y Julieta, por nombrar a algunas. En todas las interpretaciones realizadas en el Teatro Colón, en el centro porteño, hemos  notado tu  magia, el talento y la pasión que ponés en el escenario. ¿Cuáles son a tu criterio esas cualidades físicas que te han hecho sobresalir?
Es un poco complicado, por ejemplo cuando la gente me pregunta qué se necesita para llegar, me gustaría decirle: si trabajás muy fuerte vas a triunfar. Pero en realidad se tienen que dar muchas cosas, lo físico, los pies, las piernas, las extensiones, y después un montón de trabajo, la técnica sobre las posiciones, el salto, el giro. Uno puede hacer todo y después en el escenario no tener ese ángel que se necesita. Bailar muy bien, tenerlo todo, pero después… no tener nada. Es como una sumatoria de cosas que se necesitan para llegar al sueño. Por un lado está toda la técnica, el trabajo que uno tiene que realizar y después está aquello para lo cual uno nace o no nace, eso que llaman duende. Algunos se suben al escenario y hay algo, quizás la personalidad, no sé… otros hacen lo mismo y al bajar del escenario no dejaron nada. Hay cosas que son como inexplicables en el mundo del arte.
Has sido sin lugar a dudas una joven de fuerte personalidad decidiéndote ir a vivir sola a los quince años a New York, la cuna de las artes. Si  tuvieras que definir cuál es tu fortaleza y cuál tu debilidad, ¿qué nos dirías?
La fortaleza es un poco eso, cuando miro hacia atrás y me veo tan chica digo ¡Cuánto que hice!  Tan chiquita y tan dedicada, ya sabiendo lo que quería ser. Irme a los quince años a New York y a los dieciseis vivir sola y pagar mis cuentas y estar viajando por todos lados. Eso tendría que haber pasado mucho más adelante en mi vida, tener esa gran responsabilidad. Esa fue mi fortaleza, aunque para mí fue lo más normal y natural, gracias también a mi familia y mis maestros que siempre estuvieron cien por ciento a mi lado. Sin ellos no hubiera llegado a ser nada. Siempre me brindaron confianza. Lo máximo de todo han sido mis papás que me han apoyado toda la vida y me hicieron vivir experiencias únicas. Mi debilidad es la necesidad de volver. Amo mucho a mi familia. Si tengo dos días libres me vengo a Argentina. Me encanta la familia, la gente, los afectos y no me quedo solamente con mi carrera que es estar arriba del escenario.
¿Por qué elegiste New York para especializarte y desarrollar tu  carrera?
Es lo más en el mundo del arte. Para mi lo máximo siempre fue Baryshnikov, yo leía sobre el American Ballet, veía sus videos, era fanática, era mi sueño. Cuando tuve la oportunidad de ir allá,  estudiar e integrarme a él fue como el sueño que se hacía realidad, tocar el cielo con las manos. Después llegué a ser solista y bailarina principal siendo muy joven. Mi anhelo era el American Ballet y mi sueño era Nueva York. No es que la elegí, tuve la suerte que me eligió la ciudad a mí. Desde muy chiquita era mi ideal.
Todo empezó así: Héctor Zaraspe, me vió bailar y  me invitó a continuar mis estudios en la School of American Ballet y era ir y volverme. Luego de seis meses, cuando ya tenía que regresar, audicioné en el American Ballet Theatre, la compañía de mis sueños, y sucedió algo extraordinario, que aún teniendo quince años y siendo extranjera me ofrecieron el contrato como bailarina profesional para bailar en la Compañía… no dudé, firmé el contrato y me quedé en New York.
Has bailado en un momento para dos grandes compañías que eran competencia entre sí: El American Ballet Theatre y el New York City Ballet. ¿Cuál es la diferencia entre los dos?
El American Ballet Theatre es mucho más clásico, bien ruso y académico. El New York City Ballet tiene el estilo Balanchine marcado a fuego. Cuando bailo para esa compañía ellos son muy celosos de la tradición Balanchine y eso se lo aseguran a través del Balanchine Trust: el preparador tiene que ser indefectiblemente de su compañía, tiene todo su estilo y hay que respetarlo.
¿Es cierto que el público norteamericano se inclina por la pasión que ponen los bailarines hispanos, los latinos  y los rusos sobre el escenario?
Puede ser, por ejemplo, Kevin McKenzie ha montado casi todo el plantel de principales con extranjeros. El bailarín José Carreño es cubano, Angel Corella es español, Vladimir Malakhov es ruso, Guillaume Graffin es francés, Julio Bocca, es argentino, Alessandra Ferri, es italiana, cada uno tiene su personalidad, por ello gustan tanto.
Paloma, has recibido innumerables premios. ¿Cómo vivís esos momentos tan importantes?
Nunca realmente me interesaron los premios. Tengo muchos acá en Buenos Aires, los traigo y se los doy a mi mamá. Me gratifica mucho saber que la gente valora lo que hago, pero realmente los premios y las entrevistas son un extra. Yo siempre quise bailar, se que hay gente que sigue una carrera porque quiere ser famoso, porque le atrae el ambiente, el glamour de la bailarina, las flores. Yo jamás fui así, siempre fui de bajo perfil, no me interesa nada ese tipo de cosas, me encanta bailar, ir a las clases, a los ensayos, el escenario, es de aquello de lo que me enamoré cuando empecé, ese ambiente que se crea, la relación con el público. Me han pasado cosas increíbles, cosas de las que no tomo conciencia, pero para mí son un extra. No bailo para disfrutar de los premios, me encantan porque significa que la gente valoriza lo que hago y eso es muy gratificante, pero cuando veo el teatro lleno para mí es mucho más increíble, el cariño del público es mi mejor premio.
¿A quienes admirás como bailarinas?
Mis grandes ídolos siempre fueron Sylvie Guillem y Alessandra Ferri.
En cuanto a las críticas especializadas he leído que has sido elegida como  una de las treinta artistas en danza que cambiarán las artes en los próximos treinta años. Además  The New York Times te dedicó la tapa de su revista: proclaman que ya sos una leyenda. A todo esto debemos sumarle que la reconocida crítica Arlene Croce dijo con textuales palabras: “Paloma Herrera es ahora la más grande atracción femenina de boletería que el American Ballet Theater haya tenido desde Gelsey Kirkland.” Recientemente, The Oxford Dictionary of Dance de Londres, considerado el diccionario de la danza más acreditado del mundo, ha incorporado tu biografía, incluyéndola entre los más destacados artista. ¿Qué sentís cuando dicen que aún siendo tan joven, sos una leyenda?
Te vuelvo a repetir, lo considero un extra, lo que siempre quise es bailar y hacer lo que amo. Me siento increíblemente  afortunada con el contacto con el público y lo que yo le doy a ellos, ellos me lo dan a mí.
Luego de tantas horas de ensayo ¿sos disciplinada a la hora de cuidar tu físico?
No tuve mucho problema con mi físico, hasta mi altura para la danza era la indicada, pero la verdad que sí soy muy disciplinada a la hora de alimentarme, como muy sano, no fumo, jamás tomé alcohol. Voy a una nutricionista, me alimento con muchas frutas y verduras, ya me acostumbré, no lo sufro y me gusta, me siento muy bien, para lo que hago me sirve y me resulta muy fácil.
¿Cuándo sentiste que esta pasión por la  danza era tu vocación para toda la vida?
Desde el primer día que me subí al escenario. Jamás sentí ninguna presión, era cien por ciento lo que yo había elegido y lo que me hacía realmente feliz.
¿Qué extrañás de nuestro país, Argentina?
Todo, por supuesto, mi familia y mis amigos en primer lugar. Pero me encanta Argentina, la gente, el clima, la amo. El 21 de diciembre cumplí 30 años y justamente puedo decir que viví la mitad de mi vida en Argentina y la mitad en Nueva York, ciudad que también amo porque me dio todas las oportunidades. Mis sueños se hicieron realidad allí, soy muy agradecida a esa ciudad que me ha dado todo, hace 15 años que estoy allí, me siento como en casa, tengo mi grupo, mi compañía, tengo todo. Pero aquí hay algo que cuando llego siento que mi casa es ésta, Buenos Aires, aquí tengo mis códigos, lo que me identifica. En New York no hay mate, no hay carne, ni dulce de leche, pero en verdad no es eso, es la esencia.
En tus viajes por el mundo ¿Qué lugares te han fascinado, tenés alguna anécdota para contarnos?
Un país… Cuba por la gente, por el público, el lugar es maravilloso. Grecia porque tiene tanta esencia cultural, bailar al aire libre, en un anfiteatro, con la Acrópolis ahí arriba, es muy mágico todo. No tenés necesidad de ir a un museo, está todo allí, tiene mucha, mucha magia. Por supuesto la Argentina, por un montón de factores, cuando bailo en el Teatro Colón es maravilloso al igual que cuando bailo en el Luna Park, sé que el público es increíble siempre. Es compartir un poco con el público argentino lo que hago en el exterior. Hay muchos lugares… muchos teatros: el  Mariinsky, en San Petersburgo, por haber bailado junto al Kirov Ballet; el Bolshoi, por la historia que tiene en el mundo del ballet; también el Metropolitan  Opera House por todo lo que significa, por los grandes artistas que se han presentado allí, es muy especial.
En cuanto a las anécdotas he vivido muchas, increíbles. Recuerdo que en mi último viaje a Japón se produjo un terremoto, fue toda una experiencia estar tratando de ensayar, volver del escenario, sentir el terremoto y vivir eso, la gente que se había quedado encerrada en el subte. Ahora lo cuento pero en ese momento fue difícil, estar en otro país que ya de por sí es como estar en otro planeta y vivir ese tipo de experiencia. Es imposible contar sólo una anécdota, es la conexión de experiencias diferentes lo que te va formando.
¿Qué opinás del amor y de la amistad?
Que son fundamentales. Siempre fui muy profunda, en el amor estoy cien por ciento, no estoy por estar, me parece que esa es la forma de vivir a pleno, que es lo que siempre hice con mi carrera, vivir las cosas a full y me parece que esa es la forma de disfrutar la vida. Me siento enamorada. La gente puede confiar en mí como amiga y aunque tengo muchos compromisos, siempre hay tiempo para el amor, para las amistades. Siempre hay tiempo para las cosas importantes.
¿Paloma, te queda algún sueño por realizar?
Uno siempre tiene sueños, el día que no tenga uno, no se… En lo personal, en la carrera, nunca hay límites, siempre se puede buscar un poco más. A pesar de los años, siendo principal durante tanto tiempo, siempre estoy buscando nuevas formas de interpretar al personaje, de relacionarme con mis maestros, de que en definitiva las metas sean cada vez más, y por supuesto disfrutando de la vida cada día, no puedo concebir ir detrás de las metas sin disfrutar el día a día.
Si no hubieras sido Paloma Herrera bailarina, ¿quién te hubiera gustado ser?
Yo desde chiquita sabía que tenía posibilidades, tal vez si hubiera sabido que no tenía ningún tipo de talento, hubiera cambiado, porque es una carrera muy dura, muy difícil. Soy muy afortunada de poder hacer lo que amo, no tengo otra opción para ser, no tengo ni idea.
Nombrame a algunos de los partenaires que te han acompañado por el mundo…
Cada partenaire ha sido diferente, cada vez que bailé con uno ha sido una experiencia completamente distinta, sacando de cada uno lo mejor. He bailado muchísimo en el American Ballet con Marcelo Gómes, José Carreño, Angel Corella, con Julio Bocca … no se puede decir que uno es mejor que otro, con todos me llevo muy bien. Cada experiencia hace que la función sea completamente diferente.
¿Cuál es la puesta más bella de tu repertorio, la que más has disfrutado interpretar?
Con diez años como Primera Bailarina en el rol principal de maravillosos ballets es imposible, no puedo elegir una puesta. Cada producción sobre todo con el American Ballet me ha llenado de satisfacción: la Bayadera, Romeo y Julieta, Don Quijote, cada obra que hice me ha llenado de gozo.
¿Qué consejos le darías a una joven que quisiera iniciarse en la danza?
Es una pregunta complicada. No hay una respuesta fácil, no puedo decir: si te esforzás, si trabajás muy duro vas a llegar, porque la verdad que no es así. Es una carrera muy difícil y maravillosa al mismo tiempo. A la chica que realmente le guste que lo haga, lo disfrute, pero no se tiene la carrera asegurada con el trabajo duro porque no depende de uno. Se necesitan muchas condiciones: los pies, el físico, la cabeza, los brazos; además trabajar muy duro y tener un estado físico especial. Pero si no se tiene “ese no sé qué” llamado ángel o duende, ese don que permite pararse en el escenario y atraer todas las miradas… ese algo especial que no todo el mundo tiene… la receta no es tan simple.
¿Cuáles son los proyectos en relación a tu familia, a tener hijos?
Soy muy familiera, voy a Buenos Aires cada dos por tres, soy muy de mis afectos, soy muy de los pies sobre la tierra, amo mi carrera, pero me gustaría tener una familia con hijos, nunca pensé en ella como un apostolado: la familia o la carrera.
¿A esta altura de tu carrera, te has convertido en tu propia empresa?
Siempre manejé toda mi carrera. Los contratos los lleva mi papá que es abogado. Pero siempre he decidido yo qué hago y qué no, necesito sentirme segura con cada paso que doy.
¿Qué opinás de los personajes que hemos elegido para las portadas de “Sólo Líderes”:Walt Disney, Carlos Páez Vilaró, China Zorilla, Alberto Cortés, Julio Bocca, Ernesto Bitetti, Annemarie Heinrich, Renee Favaloro, Alberto Olmedo y ahora nuestra edición número diez donde estás vos.
Todos han sido increíbles en lo suyo y tan diferentes. Me ha llamado la atención el criterio de selección, la diversidad que hay. Cada uno elegido en distintas áreas, cada uno sobresaliente en lo suyo.
Paloma Herrera vuelve a escena, su duende, esa vibración indescriptible que irradia sobre el escenario, nos hipnotiza, no podemos dejar de admirarla, de deleitarnos con su arte y de sentirnos orgullosos de ella. Una argentina triunfadora en el mundo, una leyenda, un talento que nos pertenece plenamente…¡ Gracias Paloma!

 

Paloma, siempre protagonista

Paloma Herrera fue Mathilda Kchessinska en Anastasia, Polyhymnia en Apollo, Gamzatti y Nikiya  en La Bayadère, el rol principal en Cenicienta, Swanilda en Coppélia, Medora y Gulnare en El Corsario, el Pas de Deux en Diana y Acteón, Kitri en Don Quijote, la niña principal en Fancy Free, Valencienne en La Viuda Alegre, el hada Sugar Plum Fairy en la nueva presentación de Kevin McKenzie de Cascanueces,  Cerrito en Pas des Desees, la sirena en El Hijo Pródigo, Julieta en Romeo y Julieta, Princesa Aurora en La Bella Durmiente, Coupava en La Doncella de las Nieves, Odette-Odile en El Lago de los Cisnes, el rol principal en Sylvia, Raymonda,  Waltz en Les Sylphides, Tchaikovsky Pas de Deux y roles principales en Americans We, Ballet Imperial, Bruch Violín concierto Nº1, Etudes, Paquita, Sinfonietta, Stepping Stones, Symphonie Concertante y Theme and Variations, entre muchos otros ballets. Los más prestigiosos coreógrafos han creado ballets para ella: Twyla Tharp, James Kudelka, Nacho Duato, Jiri Kylian entre otros.

Galardones a su trayectoria.

Paloma fue promovida a Primera Bailarina del American Ballet Theatre con la máxima jerarquía de Principal a los 19 años de edad, siendo la más joven en toda la historia de esa Compañía. Desde ese momento, 1995, Paloma ha sido la imagen publicitaria, en todo el mundo, de la firma Movado, el sponsor más importante del American Ballet Theatre hasta el año pasado. Fue votada entre los diez bailarines del siglo por la revista Dance Magazine, la más acreditada del mundo en este tema; elegida líder del Milenio por la Revista Time y la CNN de Televisión. En Argentina,  recibió el premio Konex de Platino a la mejor bailarina de la última década y en el 2000 el  prestigioso Premio María Ruanova. Ganó el Premio Gino Tani de Italia, por unanimidad del Jurado y fue declarada Personalidad Destacada de la ciudad de Buenos Aires en una ceremonia realizada en el Teatro Colón. Además, fue nominada para el Premio Benois de la Danza de Moscú y para el Nijinsky Award del Mónaco Dance Forum, siendo la única bailarina seleccionada de toda América y elegida por un jurado de críticos especializados, representantes de treinta y ocho países.

Paloma, ícono en la meca del arte

Este año nuevamente Paloma fue elegida como tapa del brochure publicitario de la nueva temporada del American Ballet Theatre en el Metropolitan Opera House de New York, lo cual significa que su rostro se verá reflejado en los enormes carteles publicitarios de las calles de New York y en los avisos publicados en los más prestigiosos medios neoyorkinos, tales como el New York Times, y la revista New Yorker. Su figura es tan reconocida en la meca del arte que una crítica la ha calificado como la “hot tickets attraction del ABT”, algo así como la “atracción caliente de las entradas del American Ballet Theatre”.
Además hace tres años que Paloma forma parte del Comité de Artistas electores del premio a la Trayectoria en el Arte, el “Kennedy Center Honor”, que es entregado en la Casa Blanca por el Presidente de EEUU desde 1978. La última gala se realizó el 5 de diciembre pasado en el Kennedy Performing Arts Opera House, de la ciudad de Washington. Entre las personalidades de las artes que constituyen el Comité de Artistas se encuentran Glenn Close, Kevin Costner, Meryl Streep, Renee Fleming y Pinchas Zukerman, entre otros.


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