Texto: Santiago Ballester
«Espíritu y fuerza del campo argentino».
Cría de caballos de polo
La cría de caballos de polo es una actividad que ha cobrado auge en las últimas décadas gracias a la excelencia de los polistas argentinos que han difundido este deporte en todo el mundo. Estimulados por los avances tecnológicos que han abierto nuevas puertas en la cuestión reproductiva, los criadores se han lanzado al ruedo con la intención de generar una marca registrada: caballos de polo argentinos.
Desde fines del siglo XIX se crían caballos de polo en la Argentina, haciendo “cruzamiento absorbente” sobre las primitivas yeguas criollas con padrillos Sangre Pura de Carrera originariamente importados de Inglaterra. Haciendo ese mestizaje, tras sucesivas generaciones, se llega al caballo de polo actual, al que podemos considerar un Sangre Puro de Carrera logrado por cruzamiento absorbente y seleccionado por aptitud para polo. Eso sin descartar que muchos poleros son caballos de carrera con registro en el Stud Book, elegidos por sus condiciones para este deporte.
En otros países se juega con animales de razas locales, sobre todo Árabes y Quarter Horses. Estos, cruzados con yeguas mestizas o Sangre Pura de Carrera han dado buenos ejemplares. Los puros, en cambio, están hiper-especializados en carreras de distancia corta (cuarto de milla) o en trabajo en corrales (cutting) y tienen tendencia a respirar en forma alternada. Al igual que el atleta de 100 metros llanos o nadadores de pileta, no resisten los siete minutos de juego (chukker).
Argentina es prácticamente el único país del mundo donde se han criado específicamente caballos para polo, si bien hay algunas crías respetables en otros países de Sudamérica (Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela) y también han surgido importantes ejemplares Sangre Puro de Carrera seleccionados para polo en Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra y España.
Aquí, en general, habíamos seleccionado muy bien por parte de las madres, yeguas jugadoras que habían demostrado sus condiciones, y teníamos muchos errores en el caso de los padres, padrillos Sangre Pura de Carrera que, si bien eran aptos por su velocidad y resistencia, no necesariamente tenían aptitudes para el juego de polo.
Los árabes del desierto usaban yeguas y machos enteros, sin castrar, por lo que podían hacer una selección eficiente apareando sus mejores hembras con el mejor padrillo. En cambio, nuestros jinetes criollos no quieren montar en yeguas por alguna tradición atávica difícil de descifrar como aquella que surge de la sentencia gaucha: “quien monta en yegua, no sirve pa testigo”. Además, los trabajos rurales siempre se realizan en caballos castrados, y por lo general los padrillos son elegidos por su conformación y pelaje sin haber pasado ningún proceso selectivo.
En cuanto a los caballos de polo, antiguamente, nos había sucedido algo similar. Las yeguas madres habían sido jugadoras pero los padrillos eran elegidos por su tipo, conformación y aptitud corredora ya que los caballos que juegan son castrados. Sólo después de seis ó siete años se sabía si se había acertado o no.
Esa fue la principal razón para la casi imposible aventura de fundar la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo Argentino (AACCP). Teníamos la raza, teníamos el caballo de polo argentino impuesto en todo el mundo, solo nos faltaba darle nombre: “marca registrada”.
Digo aventura, ya que juntar y poner de acuerdo a los jugadores de polo y a los distintos criadores de caballos, organizarlos y nuclearlos en una asociación parecía una tarea imposible. Y de hecho había sido imposible durante más de cien años, considerando lógicamente el espíritu libre del hombre de a caballo que lo hace verdaderamente inmanejable. No obstante eso, presentamos los primeros proyectos de Estatutos y Reglamentos, elegidos y copiados de otras asociaciones agregándole como propuesta original entre sus objetivos: “fomentar la inseminación artificial, el transplante embrionario y toda otra técnica de mejoramiento”. Así en 1984 abríamos el camino a la biotecnología y aún hasta la clonación. Estábamos decididos a encontrar el mejor caballo sin importar las implicancias comerciales o económicas.
Por ser una asociación joven tiene conceptos modernos, basándose fundamentalmente en la “selección por aptitud”. Esa aptitud es muy difícil de lograr, ya que un buen caballo requiere condiciones contrapuestas como velocidad y resistencia, sensibilidad y fortaleza, nervio y serenidad. Ocurre que generalmente, los veloces en distancia corta se cansan y los resistentes son galopadores, de acción lenta; los sensibles son débiles y los fuertes son torpes; los nerviosos son indóciles y los serenos son apáticos: cuando en un ejemplar se reúnen todas las condiciones se lo debe considerar un material genético de elección.
La Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo ha colaborado en la difusión de experiencias y conocimiento, y sus registros de antecedentes han permitido un importantísimo avance selectivo en la cría de estos animales.
Gracias a la difusión de tecnología que realiza, en el presente año nacerán más de dos mil potrillos producto de transferencia embrionaria y se está extrayendo material de ejemplares excepcionales para que el día de mañana se pueda realizar clonación y reproducir estos animales. Hay criadores que hasta que sea económicamente posible, prefieren efectuar una cerrada consanguinidad (Inbreeding) y lograr de esta manera una concentración de genes con caracteres zootécnicos sobresalientes. Esto conlleva ciertos riesgos que hacen que el sistema sea comercialmente inconveniente, ya que se deberá hacer una selección muy estricta para conservar sólo los animales superiores, aunque posiblemente éstos sean tan superiores que compensen los fracasos. Lógicamente la consanguinidad tiene mala imagen por ser en el género humano moralmente inaplicable, no siendo posible –ni aceptable- la selección.
En realidad, la cría de caballos de polo - desde el punto de vista económico o comercial – es relativamente ineficiente a pesar de los buenos valores que se obtienen por los caballos sobresalientes. Lamentablemente estos son porcentualmente poco numerosos aunque un criador tenga un acopio genético muy selecto y una organización productiva bien estructurada. No obstante, existen y tienden a aumentar las crías de tipo empresarial con producciones de escala muy importantes. Las crías de tipo artesanal, donde el criador se ocupa personalmente, logran resultados sumamente competitivos, no tanto desde el punto de vista comercial como del estrictamente zootécnico y deportivo.
Lo que sí es interesante es que por ser un producto que se comercializa totalmente terminado, deja todo su valor agregado en el lugar de origen (pueblo, región, provincia o nación). Tal vez no sea un gran negocio para nadie, pero toda plusvalía se reparte en las distintas etapas de realización entre los sucesivos actores: encargado de manada, encargado de campo, domador, petisero, piloto, veterinario, ingeniero agrónomo, jugador de polo y criador; pudiéndose agregar todo el comercio y los servicios que, de alguna manera, participan de la actividad.
Es un mercado sumamente selectivo donde los compradores son extremadamente exigentes. Si bien se exportan más de dos mil animales por año, hay muchos que, aunque son muy aptos para su uso, carecen de valor comercial por razones veterinarias o porque sólo sirven para su dueño. Hay caballos que no tienen precio porque no hay quién los compre y hay otros que no lo tienen porque sus propietarios los crían o adquieren para su uso exclusivo. Es como la Ferrari de Michael Schumacher: no tiene precio.
En la República Argentina, hay regiones que, por su tierra y su clima hacen muy fácil y económico criar caballos, coincidentes con la tradicional zona maicera y de invernada de novillos como parte de Entre Ríos, sur de Santa Fe, sur de Córdoba, este y norte de La Pampa, sureste de San Luis y Provincia de Buenos Aires (exceptuando la cuenca del Río Salado). No quiere decir que no se pueda criar - y de hecho se crían - buenos caballos de polo en otras regiones, pero se requieren atenciones complementarias que aumentan su costo.
Otras de las limitaciones que tiene la actividad es que, en general, muestran más aptitud para el polo las hembras que los machos. En el Campeonato Argentino Abierto 2000, se presentó un 80% de yeguas y un 20% de caballos. Una explicación de esta realidad, es que parecería que los machos se ponen porfiados o duros de aprendizaje más temprano que las hembras, que mantienen mayor sensibilidad hasta que son más maduras. Con los machos, debido a que se los castra por razones prácticas y se los doma, se pasa la edad óptima de aprendizaje; no aprenden más. Aunque en la práctica, los ejemplares superiores, posiblemente, no superen unos a otros.
En lo personal, puedo decir que, siendo un criador que empezó de cero, fui adquiriendo reproductores de excelente genética aprovechando los remates de la firma Heguy Hnos. y Cía SA y una vez fundada la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo, los organizados o auspiciados por ésta. De esta manera fui logrando resultados rápidamente exitosos como Oro Urraca, Gran Campeona de la Sociedad Rural Argentina 1989 y primera campeona de la raza, Oro Festuca y Oro Pastilla montada por Eduardo Heguy, mejor yegua Polo Argentino de los Abiertos de Palermo de 1994 y 1999, y Oro Mal Abrigo jugado por Sebastián Merlos y ganador del mismo premio en 1995, por nombrar algunos de los más importantes logros obtenidos.
De todos modos, creo que sólo puede y debe criar quien tenga verdadera vocación para hacerlo, ya que serán más abundantes las frustraciones que los éxitos, y sobretodo en cuanto a los beneficios económicos. Como dice uno de los más importantes criadores de la raza: “lo mío no es un comercio, mis caballos no son una mercancía, no tienen precio: tienen alma”.