Texto: Lic. Carolina Cansino – Fotos: Gentileza Museo Fangio
FANGIO A FONDO
Un alquimista de los tiempos.
"La primera vez que manejé tenía diez años. Me subí al auto, arranqué, empecé a andar y cuando vi que podía doblar y frenar tuve la impresión de que el auto tenía vida.”
Juan Manuel Fangio
Encendió los motores del triunfo por todos los senderos del mundo, pero pudo por el camino más difícil, el de la vida. Fangio llegó, llegó mil veces, pero fueron rutas de trabajo, disciplina y honestidad quienes pintaron la bandera a cuadros más bonita de la historia del automovilismo mundial. La obra de un genio se distingue del resto sólo en una pincelada, el secreto está en los detalles…
El registro civil de la ciudad de Balcarce anuncia la llegada de Juan Manuel el 23 de Junio de1911, como buen presagio, el error auguraba quien llevaría la delantera, ya que el auténtico natalicio del mejor piloto argentino es el 24 del mismo mes… allí cruzó la línea de largada…
Hijo de inmigrantes italianos, su padre, Loreto Fangio y su madre, Herminia Déramo, habían llegado a la ciudad de Balcarce desde la provincia italiana de Chieti ubicada en la región Los Abruzos. Herminia era modista y Loreto, albañil, y su gran amor al trabajo fue uno de lo valores básicos que impulsó a Juan Manuel por carriles victoriosos. Una anécdota cuenta que su padre había perdido sensibilidad en un dedo de la mano y tal discapacidad física dificultaba su labor como albañil, tan perfeccionista era Loreto con sus quehaceres que no dudó en pedir que se lo amputaran para que no le impidiera realizar su trabajo con precisión. Por suerte, nadie estuvo de acuerdo con su alocada pretensión.
Ya instalados en la localidad que mecería los primeros pasos del campeón, la familia Fangio empezó a crecer. Uno a uno fueron llegando los seis hermanos. Primero José, el mayor, después Herminia, luego Carmen, cuarto Juan Manuel, quinta Celia y Rubén “Toto” el último en completar el grupo familiar.
Sin duda, “el Chueco” debe a su padre y a su madre el combustible fundamental que nutrió sus reiterados triunfos. Cuando logró el Primer Campeonato Mundial, Juan Manuel llamó a su padre por teléfono y le preguntó: “¿Papá, que querés que te lleve de regalo?” y Loreto contestó: “Una bici para ir a trabajar”… y así fue como la Bianchi de media carrera llegó a los pies del jefe de la familia.
Con sólo nueve años y pese a la insistencia de su padre volanteó y decidió emplearse en una herrería como aprendiz y no en tareas de albañilería. Pero se encontró recién con su gran amor a los trece cuando se transformó en ayudante de mecánico en la agencia Studebaker de Miguel Viggiano, allí se preparaban, nada más y nada menos, que autos de carrera. Surcando los primeros albores adolescentes Fangio ya apretaba embragues de cuero y manejaba los autos del taller.
Aún lejos de los circuitos de competición, en 1927 obtuvo el propio móvil, su primer romance, un Overland de cuatro cilindros que sus manos convirtieron en un auto de carrera. Por aquellos tiempos una enfermedad lo detiene, padeció una tenaz pleuresía que postergó un año su ineludible destino.
Juan Manuel fue un excelente piloto, el mejor, pero ante todo era un gran mecánico, conocía los fierros como nadie, “sus” fierros, para él no eran sólo máquinas, eran la prolongación de su cuerpo, sus compañeras, su equipo. El binomio mecánico - piloto alcanzó en la figura de Fangio la mayor condensación. Siempre decía que el piloto sólo intervenía en un veinticinco por ciento, el resto, lo hacía la máquina, porque el auto para Fangio “tenía vida”. No era ilusorio encontrarlo apodándolos o dándoles pequeñas palmaditas de aliento antes de comenzar una carrera. Su respeto por los mecánicos era inquebrantable, en Francia cuando Mercedes Benz decidió premiar con cincuenta botellas de champagne al conductor que no bajara de doscientos kilómetros por hora de promedio, Fangio, que se hizo merecedor del galardón, no dudó en regalárselo a sus mecánicos. Su entrañable amigo, su “pollo” como el mismo decía, Juan Manuel Bordeu, confesó que el Chueco siempre le aconsejaba: “Hay que ser amigo de los mecánicos. Ellos son los que te hacen la máquina, los que hacen la carrera con vos”.
En el año 1932 su mencionada pasión por los fierros lo condujo a adquirir su propio taller con su amigo José Duffard, tal vuelta de tuerca lo mantendrá en movimiento en los años donde la Segunda Guerra Mundial detiene los circuitos europeos.
Juan Manuel empieza a entrar en pista… Jugaba al fútbol con sus amigos y por su destacada rapidez llegó a integrar la selección de Balcarce por el carril derecho. Rivadavia era el nombre de su primer club de fútbol y en 1936 se convirtió en su seudónimo el día de su debut como piloto. La travesía inicial la llevó a cabo con un Ford “A” 1929 en una carrera no oficial en el circuito de Benito Juárez, pero un tropezón no es caída y nada influyó en su trayecto profesional que haya abandonado en la tercera vuelta por problemas técnicos… Su debut oficial llegaría dos años después en el circuito de Necochea donde clasifica séptimo. Fangio había salido al ruedo…
Y los laureles no se hicieron esperar, en 1940 ganó su primera carrera en Turismo Carretera y Chevrolet también se clasificó campeón argentino de TC por vez primera bajo su tutela. Las opiniones cosmopolitas sobre Fangio avanzaron y de los labios de Jean-Pierre Wimille resuenan las siguientes palabras: “He visto en la Argentina a un hombre que el día que tenga un buen auto en sus manos dará que hablar…”.
Juan Manuel no formó una familia pero su mundo de amigos y el fiel entorno que siempre lo circundó fueron sus grandes amores. Fangio decía que a la gente se la conocía viajando porque “por un rato somos todos fenómenos”, y así, discurriendo por diversas latitudes fue como sus amistades y compañeros anidaron en su corazón. Sus amigos lo recuerdan como alguien que trataba a todo el mundo por igual, según Bordeu “para Fangio, el que barría era tan importante como el más encumbrado. No había diferencia. Pero, atención: el que barría bien”. De características estoicas en su cotidiano vivir, simple y observador, su disciplina y esfuerzo siempre lo conducían a la meta. Pero sí, cuando perdía se ponía muy mal…
Su respeto por los adversarios era intachable, era solidario con su saber, no temía contar su experiencia en las pistas a los demás, era realmente un maestro y su poder de síntesis coronó a muchas de sus frases que hoy se pasean por el mundo como recetas infalibles. ¿Habrá sintetizado también los circuitos que a sus ruedas eran más cortos?
“Autos lindos son los que ganan” expresó el Chueco en Rosario cuando con “La negrita”, el patito feo para muchos, deslumbró a las miradas europeas con un coche Chevrolet de chasis “Ford T” de mecánica nacional. Salió primero y obtuvo el Premio Ciudad de Rosario en el Parque Independencia. Los aires trasatlánticos anunciaban vientos a favor y la carrera de Juan Manuel aceleraba por circuitos cada vez más selectos.
A partir de 1950 logros por senderos europeos se convierten en la antesala de los cinco campeonatos mundiales… Mete la quinta y debuta en el equipo oficial de Alfa Romeo junto a consagrados como Fagioli y Farina participando en el primer Campeonato Mundial de Fórmula 1. La década del cincuenta encuentra a Fangio a fondo, ya en 1951 con un Alfa Romeo en derredor conquista su primer campeonato mundial en Barcelona.
Un accidente en Monza quiso frenar el mundo de expectativas que ya se estaban concretando bajo sus pies pero en 1954 y 1955, de la mano de Mercedes Benz, obtuvo otros dos campeonatos mundiales. Los galardones no se hicieron esperar y fue premiado como el deportista del año. En 1956 firmó con Ferrari y aunque cruzó la meta segundo en Monza le alcanzó para obtener su cuarto título del mundo.
Al año siguiente firmó contrato con Maserati, y el quinto título mundial que consiguió en Alemania lo coronó por muchos años como el piloto con más campeonatos bajo sus ruedas. Al año siguiente decide apagar los motores y el circuito de Reims lo despide junto a su Maserati 250 F.
Supo manejar las fibras más íntimas de la vida: distancia, tiempo y velocidad. El sabía que el trabajo se ríe del talento por eso no destinó tiempo a fábulas y su empeño agotó las chances a las tortugas; pero cuando el camino del trabajo se cruza con el del talento la encrucijada provoca un choque sin retorno…
En la voz de Alberto Castillo resuenan tangos para Fangio, y el cine también lo inmortalizó en 1950 con el largometraje llamado “Fangio, demonio de las pistas”.
En 1973 es nombrado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires junto a Leloir y Borges, y en 1986 Fangio y Juan Manuel Bordeu crean la Fundación Fangio que dará vida al museo situado actualmente en la localidad de Balcarce que ampara no sólo los trofeos y autos del campeón sino la calidez de su historia teñida de anécdotas y aventuras.
En 1992 es nombrado Profesor “Honoris Causa” en la Universidad Católica de Santiago del Estero.
Una insuficiencia renal deteriora su paso por la recta final de su vida de la cual despega el 17 de Julio de 1995…
Y dio que hablar…. Corrió, pisó y aceleró, pero en el momento oportuno. Un alquimista del movimiento, de los fusibles, de las válvulas, de los caños, de los escapes, de las bombas de agua, de las bombas de tiempo… Un verdadero artesano de la velocidad, porque el secreto está en los detalles… en una chispa, en una pincelada, en una centésima de segundo.
Agradecemos al Ingeniero Luis Carlos Barragán, Director general del Museo del Automovilismo Juan M. Fangio, por la información brindada y la calidez de su atención durante nuestra visita a Balcarce.
Museo del Automovilismo Juan Manuel Fangio
El Museo del Automovilismo Juan Manuel Fangio ubicado en la ciudad de Balcarce anida en su interior cincuenta y dos autos, y más de quinientos trofeos, y diversos elementos de la colección del piloto argentino, entre otras destacadas piezas de automovilistas nacionales e internacionales. Cómo antesala del cálido establecimiento en 1979 se crea la comisión pro-museo con el objetivo de salvaguardar todo el patrimonio deportivo de Juan Manuel y en 1986 se concreta el Museo que abre sus puertas a la comunidad para que todos podamos revivir los trayectos ilustres de Fangio.
Museo Juan Manuel Fangio
Dardo Rocha esq. Mitre
Balcarce
Buenos Aires
Argentina
Tel/fax +54-2266-425540
www.museofangio.com
info@museofangio.com