Texto: Lic. Kamala Bonifazi
VALERIA MAZZA
Glamour, dulzura, simpleza y profesionalismo.
A pesar de ser la modelo, conductora y empresaria argentina más conocida en el mundo, ella conserva la esencia naif de una mujer del interior que no conoce las fronteras. De Rosario a Paraná, y desde allí a Milán, París y New York, Japón o Estambul adaptándose a esos países con ductilidad vertiginosa, propia de una mujer subyugada por los desafíos, característica sobresaliente con que ella misma se define. De allí en más no se detuvo nunca y esos vuelos interminables conociendo buena parte de Europa y Estados Unidos, la marcaron definitivamente. También dejó de ser la rusa, apodo con que sus amigas de la adolescencia la llamaban, para iluminarse del glamour de las pasarelas internacionales transformándose en la preferida de los célebres diseñadores: Gianni Versacce, Valentino y Giorgio Armani. Atrás quedarán las aspiraciones a sobresalir como nadadora, deporte que disfrutó por tantos años, privándose también de saborear cucharadas de dulce de leche en su país natal. Ella cruzó la línea divisoria del destino, conoció un mundo diferente aunque nos confesó: “Me encanta París, pero no lo cambio por Paraná”. Flashes, backstages fotográficos, pasarelas internacionales, marcas de primer nivel y una carrera junto a los más distinguidos diseñadores de la alta moda del mundo le señalaron su futuro, y ella se lanzó segura, como si ese fuera el terreno que más conocía. “Mi vida es un viaje permanente, de ida y vuelta siempre”, confiesa, porque con mágica naturalidad emprende un vuelo relámpago de tres días a Milán, Italia para regresar luego – agenda mediante - a un lanzamiento en Buenos Aires. Sin embargo su rostro siempre sonriente y angelical, iluminado por una belleza que subyuga, no nos hace suponer que cruzó el océano en doce tediosas horas.
La elegancia en su andar y ese charme tan especial la distinguieron muy pronto como modelo top y celebrity en un ambiente altamente competitivo. Ella supo mantenerse al margen del divismo e hizo su propio camino de la mano de Roberto Giordano y Pancho Dotto primero y de su esposo, el empresario Alejandro Gravier después, del cual declara: “le agradezco que me haya permitido crecer, lo conocí a los 17 años sin embargo, me dejó ser yo misma. Aún hoy seguimos juntos en el amor formando una preciosa familia y en lo laboral, fortaleciendo una carrera como conductora y empresaria con mi marca de cosméticos y perfumes.”
Nuestra editorial la buscó incesantemente, sus intermitentes presentaciones en el exterior postergaron nuestro encuentro, pero hoy, tuvimos el placer de conversar con ella. Porque es algo más que una modelo y empresaria reconocida internacionalmente, es Valeria Mazza, una marca registrada con sello muy argentino representándonos por el mundo. Aquí está junto a nosotros, tamizando glamour, simpleza, dulzura y profesionalismo.
K: ¿Valeria, qué recuerdos tenés de la ciudad de Rosario, sabemos que naciste aquí, y de Paraná donde transcurrió tu infancia y adolescencia?
V: Te diría que de Rosario no tengo casi recuerdos porque me fui de allí a los cuatro años y sólo guardo algunas fotos, algo de la casa de mis abuelos pero, la verdad muy poco. En Paraná empiezo el Jardín de Infantes y allí es donde comienzo a tener memoria: los amigos, mi cuarto, la escuela Normal Superior José María Torres… Y después, de Rosario, ya más grande, de ir a visitar a mis primos, tíos y hermanos. También llevo mis primeros recuerdos del club donde nos juntábamos, de la casa de mis abuelos, de los juegos que hacía con ellos, de caminar junto a mi abuelito Raúl y de las pastas de los días domingo…
K: ¿Y cómo te descubre Roberto Giordano?
V: Todo comienza así. Yo estaba haciendo un desfile en Paraná donde había invitados de Buenos Aires, uno de ellos era Roberto Giordano quien me invita a venir a la Capital para un micro de moda que él tenía. Recuerdo que los domingos a la noche nos tomábamos el micro con mamá en Paraná, llegábamos a Retiro el lunes a la mañana, nos íbamos directamente al canal ATC, desayunábamos y empezábamos a grabar. Hacíamos como siete micros en un día y a la noche nos volvíamos a Paraná, así que nos pasábamos dos noches de bus. Cada vez fue más seguido, pero yo estaba en cuarto año en ese momento, tenía dieciséis años, y al final tomé la decisión de que quería seguir en Paraná, terminar el colegio, hacer el viaje de estudio a Bariloche, así que en un momento dejé todo y me dediqué a disfrutar de mi último año de secundaria. Terminé en diciembre y en enero ya estaba nuevamente en Buenos Aires trabajando con Pancho Dotto.
K: Hablando de Pancho, ¿qué recuerdos tenés de él, de tantos trabajos juntos?
V: Te lo defino así: Dotto es una persona muy divertida. Creo que la primera modelo que trajo del interior fui yo, no existía todavía eso de tener un departamento para las modelos del interior, así que empezamos juntos. En el mismo edificio donde él tenía la agencia en pleno centro, tres pisos más abajo de sus oficinas alquiló un departamento y me lo sub-alquilaba a mí. Era tan chico que más que departamento era un cuarto. Ahí viví durante un año, era la mujer más feliz del mundo porque estaba viviendo sola, era independiente, estaba trabajando, haciendo lo que quería. Todas las mañanas me levantaba a las siete y me iba a la Facultad, estudiaba terapia ocupacional. Ya empezaba a salir en las portadas de las revistas, recuerdo que en ese primer año ya tenía tapa en Para Ti y hacía desfiles y al final trabajé tan bien que a fin de año me dije: quiero ir a Europa. Decidí que ese era el momento de viajar y me fui a Milán. Y ahí por primera vez me pasé tres meses en Italia. Al año siguiente volví, hice otro año de Facultad y luego me fui a Japón. Al tercer año retorné a la Facultad, y después me fui a New York. A partir de allí te diría que prácticamente volvía para saludar a la familia y empecé a andar y andar…
K: Después de tantos años de trayectoria ¿Cuál considerás que fue la clave de tu éxito?
V: Creo que no hay una sola cosa. Estuve en un momento donde mi look estaba de moda y a partir de ahí creo que tiene que ver con esfuerzo, disciplina, trabajo y mucho respeto a la gente que trabaja conmigo y sobretodo respeto a mí misma. Digamos que siempre pude avanzar sin presionarme, y eso cada vez me hacía más segura.
K: Imagino el orgullo que habrás sentido, rodeada de esos monstruos sagrados de la haute costure que te abrieron los brazos…
V: Pasa que al principio es como un sueño, y la cuestión es que no te despertás, sigue y sigue. Un día te acostaste desfilando para Versace y al otro día te despertás y te vas a desfilar para Valentino y al otro día para Cavalli, y así. Todo es importante porque una carrera no la hacés con un solo trabajo. Para mí fueron geniales cada uno de los diseñadores con los que trabajé.
K: Has desfilado junto a figuras estelares como Naomí Campbell, Cindy Crawford y Elle MacPherson. También sabemos lo importante que fue para vos llegar a ser una chica Guess, la primera campaña a nivel mundial que realizaste.
V: Sí, en verdad, fue muy importante. Cuando hice esa campaña sentí que mi carrera podía terminar al otro día porque ya era una chica Guess. Fue a partir de ahí que empecé a tener nombre y apellido, los clientes ya no llamaban a la agencia preguntando por una chica rubia y alta sino que pedían directamente por mí, por Valeria Mazza.
K: De allí en más, fuiste portada de revistas internacionales como Sport Illustrated, Glamour, Cosmopolitan, Elle, Vogue y tantas otras latinoamericanas…
V: Lo he manejado con absoluta naturalidad, por ello digo que mi carrera está signada por una sumatoria de cosas.
K: Y específicamente en el exterior ¿esas grandes figuras que te abrieron las puertas, te dieron su espaldarazo realmente lanzándote a la fama internacional?
V: Sí, totalmente, el primero fue Gianni Versace y después Armani, Valentino, Cavalli, también Dolce & Gabanna. Tuve la suerte de haber trabajado con todos estos grandes y cada relación fue muy gratificante.
K: Contanos ¿cómo era Gianni en el trato cotidiano?
V: Era una persona muy sensible. Yo no me olvido nunca que lo conocí el mismo día que tenía que desfilar, a último momento faltó una modelo, yo llegué y me tuve que poner la ropa, él me miró y me dijo: estás dentro del desfile, y a partir de ahí tuvimos una relación muy especial. Conmigo fue muy cariñoso, siempre me respetó, te cuento una anécdota: el día previo al desfile hacemos una prueba, con ropa y todo como si fuera el desfile verdadero, mi último vestido era todo transparente y yo salí tapándome, cuando terminó la prueba Gianni se acercó y me dijo: no te preocupes Valeria que tu vestido no está terminado, mañana va a estar todo forrado. Siempre me respetó, me cuidó, yo era como su niña mimada.
K: ¿Y Valentino?
V: El siempre desfiló en París, recuerdo que un año yo venía de la playa de Punta del Este, llegué a París en invierno, súper quemada, directo a hacer el desfile de Valentino y cuando me vio, me dijo: vos no podes salir así, así que me hizo maquillar todo el cuerpo para bajarme el bronceado, porque él quería tenerme en la pasarela.
K: París te fascina ¿verdad?
V: Sí, y fijate que después de tantos años hoy sigo teniendo esas relaciones y disfruto mucho de ir y volver, ellos me siguen malcriando y mimando todo el tiempo.
K: Si tuvieras que nombrar a tres personalidades que realmente te han marcado a fuego en el mundo de la moda ¿Quiénes serían?
V: Te diría Versace, Armani y Bruce Weber que es mi fotógrafo preferido.
K: Decime ¿por qué este fotógrafo es tan importante en tu carrera?
V: Es un gran fotógrafo, que admiro muchísimo, siempre me encantó trabajar con él. Me hizo fotos en diferentes etapas de mi vida y ahora incluso con Alejandro y los chicos. Me gusta como él me ve, porque en definitiva cada fotógrafo interpreta, no es sólo apretar el gatillo, el fotógrafo es un artista y así como el pintor agarra el pincel y pinta lo que se imagina, lo que siente o lo que ve, el fotógrafo es lo mismo. Cada uno te capta de una manera y así es como después hace que te veas. Y a mí siempre me gustó verme de la manera que él me sentía y me veía.
K: ¿Y qué recuerdos te unen a Giorgio Armani?
V: Armani es un mito de la moda y también con él yo me sentí muy mimada, y de hecho lo elegí para que me hiciera mi vestido de novia. Nos vistió a Alejandro y a mí para el casamiento. Recuerdo que una vez cuando le hicieron un desfile homenaje en la Piazza Spagna, en Roma, me pidió que yo cerrara el desfile y lo presentara a él.
K: El empresario Alejandro Gravier, tu esposo, es una persona clave en tu vida ¿qué le agradecés en lo laboral y en lo personal?
V: Le agradezco primero que me haya dejado crecer. Cuando lo conocí yo tenía dieciocho años, y él diez más que yo. En ese momento era muy vulnerable, entonces para él hubiera sido muy fácil moldearme, tratando de mil maneras que no viajara, que me quedara, que estuviera a su lado y sin embargo siempre me incentivó para que realizara lo que yo sentía, al punto de arriesgar, obviamente el seguir estando juntos. Entonces le agradezco eso, que me haya dejado ser y que me haya acompañado. Para mí eso es fundamental porque siempre me dio la estabilidad emocional para poder crecer y desarrollarme en mi trabajo. Y además le agradezco por ayudarme a cumplir el sueño de formar una familia, a pesar de mi profesión, de mi carrera, gracias a él pude hacer las dos cosas. En lo laboral siempre me ayudó con su experiencia como empresario, él hizo que Valeria Mazza fuera una marca.
K: Te he escuchado decir que lo más lindo que te pasó en la vida es la maternidad, ¿realmente sos la mujer más feliz del mundo con tu maternidad?
V: Siiii!!! No hay nada comparable con el momento en que tenés a tu hijo en brazos.
K: ¿Pensás tener más hijos?
V: Sí, ya tengo tres: Balthazar, Tiziano, Benicio pero deseamos uno más.
K: Hemos hablado de celebridades, pero de compañeras tuyas en las pasarelas ¿a quién recordás como talentosa y buena persona?
V: No es fácil porque en sí las mujeres somos más complicadas y más en un mundo como este, no diría más competitivo porque la competencia existe en todos lados, pero acá lo que juega mucho son las vanidades. A la modelo Eva Herzigova, por ejemplo, la sigo viendo y compartiendo con ella, pero porque ella es algo muy especial.
K: Has viajado mucho, conocido el mundo, me imagino que tendrás gran cantidad de anécdotas. ¿Te ha ocurrido algo insólito alguna vez?
V: No sé, me ha pasado de todo, desde perder un avión porque me había olvidado el pasaporte, o que no me haya llegado la valija de un viaje y entonces no tenía ropa para el momento y tener que salir corriendo a comprarme. Bueno, como esto miles…
K: Hablame de la soledad de tus viajes…
V: Si bien hubo momentos de gran angustia y soledad, hoy al verlo de lejos me encanta haberlos vivido, porque te hace aprender a convivir con vos misma, a conocerte más. Yo de chica fui nadadora, hasta los dieciséis años lo único que hacía era nadar, es un deporte muy individualista, muy solitario, estoy acostumbrada a meter la cabeza abajo del agua e ir para adelante.
K: Si hay algo que te caracteriza es tu faz humanitaria. Integrás la Fundación Kennedy que ayuda a niños con discapacidades psíquicas y físicas.
V: Sí, yo siento como una necesidad de acción social, desde los trece años trabajo con las olimpíadas especiales, siempre supe que eso era lo mío, no sé, noticia mala que me enteraba, yo sentía que podía cambiar el mundo. Tiempo después comprendí que no tenés que ponerte un objetivo grande, por ejemplo cambiar el país, sino tratar de ser mejor vos, ayudar a los que están alrededor tuyo y ahí empezar.
K: Quiere decir que te seduce y te define lo humanístico. De allí viene tu admiración por la Madre Teresa de Calcuta y Mahatma Gandhi ¿no?
V: Sí, creo que esa sensibilidad la he heredado de mi madre, una persona especial, muy sensible y humana, la verdad que en ese momento no me daba cuenta, ahora que soy madre me pregunto cómo habrá hecho para transmitirme eso de ser tan solidarios.
K: ¿Y cómo es un día tuyo en París o en New York?
V: Depende lo que tenga que hacer. Eso es lo bueno de mi trabajo, que no hay un día igual a otro, te diría que mi vida para nada es rutinaria. En general yo trabajo más en el exterior que en Argentina, aquí trabajo poco, el tiempo que estoy acá lo uso para mis clientes de la capital o de Sudamérica, porque prefiero viajar menos, entonces los hago venir a todos a Argentina. Y después cuando me voy depende del motivo del viaje. Puede ser mi presencia en un evento, un desfile o fotos.
K: Yo veo que tu elección es ir y regresar ¿amás tanto a nuestra Argentina?
V: La amo profundamente. Como te decía antes, yo primero venía dos o tres veces al año, vivía con las valijas yendo de un lado para el otro. Pasaba mucho tiempo en New York, el lugar donde más tiempo estuve, y después en Europa entre Italia y París. Pero siempre me interesó trabajar en mi país, cuando venía trabajaba para marcas de acá, hacía algún desfile. Cuando quedé embarazada decidí que este era el lugar donde yo quería tener a mis hijos, mi casa. Hoy nuestra base está en Argentina, realizamos tres viajes largos en el año con toda la familia y luego nos organizamos como para hacer viajes cortos.
K: Pasaste del modelaje a ser conductora y empresaria. En el ‘96 fuiste la presentadora del célebre Festival de la canción de San Remo. También en Italia realizaste la conducción de los programas Nessuno e perfetto, Scomettiamo Che? y Come Sorelle. Contanos cómo viviste esas experiencias.
V: Gracias a mi carrera de modelo se me ha abierto un abanico de oportunidades, y dentro de las posibilidades fui eligiendo qué es lo que quería probar y hacer. Así fueron apareciendo nuevas cosas como por ejemplo la televisión, escribir para Clarín que lo hago todos los domingos, el tema del perfume que al final siguió creciendo y ahora tengo una línea de belleza… vaya a saber toda la cantidad de cosas que pueden llegar a venir. Además creo que no hace falta que te aclare que tengo un alma bastante aventurera y que me gusta hacer.
K: Sí, sos una mujer de acción, además elegiste en la Facultad, una carrera poco frecuente: terapia ocupacional. ¿Tu elección tiene que ver con lo solidario?
V: Sí, tiene que ver con eso. Elegí terapia ocupacional que es una carrera que tiene mucho de psicología y también de medicina porque es para trabajar con personas con discapacidad psíquica o física. Estudié tres años, el último que era toda práctica no lo pude hacer porque siempre estaba trabajando en el exterior.
K: Y aquél programa de TV en Telefé: “Esta noche invito yo” ¿lo volverías a hacer? Recuerdo que el programa inaugural se transmitió desde el teatro Colón.
V: Para mí fue una muy buena experiencia, fue la primera vez que hice tele en Argentina, fue muy difícil a nivel producción, entonces eso te hace usar más la cabeza y ser más creativos. Volvería a hacer televisión pero me gustaría algo distinto.
K: Se dice que si volvés a la televisión, serías la sucesora de Susana Giménez…
V: No creo en los reemplazos ni en las sucesiones. Me parece que cada uno ocupa un lugar diferente. Yo no soy una persona dispuesta a entregar su vida al espectáculo, su vida al trabajo. Me respeto mucho en lo que hago y a la gente que trabaja conmigo, pero en la vida tengo otras prioridades, tengo mi familia, mis hijos, es decir que voy a trabajar por el placer de hacer algo que me guste, pero no estoy dispuesta a entregar mi vida a mi trabajo enteramente.
K: Valeria, sé que sos tele - adicta ¿Solés engancharte con programas del tipo de Gran Hermano?
V: ¡No, me parece tremendo! Sí, me encanta la tele. Durante mucho tiempo fue mi compañía, en los hoteles estaba siempre prendida. Ahora con el tiempo, por ahí me engancho con algunas producciones de ficción nacionales, el año pasado fue con Montecristo, antes con Resistiré, siempre disfruto con alguna novela.
K: ¿Nunca te propusieron hacer ficción o cine?
V: Sí, un montón de veces, pero como te decía antes, dentro de las posibilidades que me ha dado mi carrera fui eligiendo lo que me gustaba, lo que me divertía, lo que tenía ganas de probar y la actuación, no. He hecho algunas cosas pero más que nada como Valeria Mazza, haciendo el personaje mío, no como actriz.
K: Te veo una persona muy exigente, ¿también lo sos en la amistad?
V: Si, me fijo en el respeto y la reciprocidad. Me encanta dar y también recibir.
K: ¿Y qué es lo que te produce verdadero enojo y stress? ¿Qué te decepciona?
V: El desinterés por las cosas me pone mal, cuando hay desgano, cuando la gente hace las cosas sin pensar en el otro, cuando hay falta de respeto y egoísmo.
K: Hay un tema que no tocamos: la anorexia en las pasarelas.
V: Creo que para ser modelo hay que ser flaca y a veces la exigencia hace que las chicas no tengan límites. Como te decía antes, empezamos a trabajar tan jóvenes que somos vulnerables y la exigencia es muy grande porque esto es un trabajo, si bien es lindo, es agradable y puede ser divertido. Entonces a los dieciséis años tenés que cumplir horarios, tenés una responsabilidad, te están pagando por hacer eso. Si bien te gusta que te maquillen, que te peinen, estar sobre una pasarela, lo tenés que hacer bien, si no, no te contratan más. Es verdad que hay que ser flaca y hay chicas que naturalmente lo son y otras que les cuesta mucho. Depende de la personalidad de cada una, hay chicas que no lo pueden manejar y caen en esa enfermedad. Igual no creo que sea una enfermedad del mundo de la moda. Lo que sí creo que el mundo de la moda puede ser responsable de crear imagen, propone algo que se imita y se sigue. Entonces lo que la moda puede hacer es no tener chicas demasiado flacas en la pasarela, es decir no crear una imagen de extremada delgadez, sino la de una mujer real que es la que consume moda.
K: Has conocido el mundo, sin embargo sé que uno de tus miedos es viajar en avión ¿Cómo lo superás?
V: Es que no tengo alternativa, me paso todo el vuelo rezando, y cada vez es peor, así que es terrible. Además creo que esas cosas se transmiten y no me interesa que a mis hijos les pase lo mismo. De hecho no les pasa, para ellos es todo placer estar ahí arriba pero yo sufro como una loca. No es que me paso todo el tiempo arriba del avión pensando que nos vamos a caer, no es eso, es como la montaña rusa, que no me gusta, pero si no me gusta no me subo. A un avión me tengo que subir porque no me queda otra, y bueno, me subo y sufro.
K: Vale, ¿te gusta que te asocien tanto a Punta del Este?
V: Claro, no me molesta, es el lugar que yo elegí para pasar mis vacaciones.
K: Ahora tienen una casa allí.
V: Sí, tenemos todo un desarrollo inmobiliario que se llama Viñedos del Este, y ahora estamos construyendo Finca Valeria. Nos sentimos contentísimos y trabajando mucho en esto para ver si el año que viene logramos estrenarla.
K: A pesar de que se te ve una mujer tan plena y feliz ¿te queda alguna asignatura pendiente?
V: Un montón, siempre uno está frente a nuevos desafíos y nuevas cosas por hacer, pero también me tomo mi tiempo. Creo que ya he hecho muchísimo en mis apenas treinta y cinco años, y voy a seguir haciendo, pero con tranquilidad, disfrutando.
K: Valeria, hace muchos años que sos profeta en tu tierra, ¿considerás que fue por tu éxito internacional?
V: Creo que se fue dando todo junto. Obviamente, el hecho de haber triunfado afuera, acá gustó un montón. Pero la verdad que no me puedo quejar porque siempre me han respetado y me han querido mucho en mi país. Por eso siempre he elegido trabajar en Argentina a pesar de las posibilidades que tuve en el exterior, me encanta estar acá y la elegí para vivir.
Dueña de un carisma inconfundible, Valeria nos transportó con su belleza, combinando profunda sensibilidad con pensamiento mesurado y calmo, más allá de esa imagen de bella mujer pudimos calar hondo en su interior. Mucho más que una marca registrada.
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