Texto: Lic. Carolina Cansino
Fotos: Gentileza Benito Fernández Maison

BENITO FERNANDEZ
“Se nace con estilo”

Benito estudió en Paris y es uno de los primeros diseñadores con diploma en la materia. Durante la década del ochenta abrió su primera boutique y en 1994 Benito Fernández Maison ya no era una ilusión. Los galardones y aplausos resuenan en su nombre en diversas partes del mundo. Novias y madrinas ansían sus modelos y él con su varita descubre las telas precisas que aguardan por ellas… Máxima Zorreguieta también lo elige.

El Cuarto Congreso Nacional de Emprendedores, organizado por Cecilia Lucchia Puig, Pablo San Martín y asociados, resultó el marco propicio para conocerlo. El auditorio del Hotel Sheraton de Buenos Aires estaba colmado; el ambiente cálido y el respeto de los oyentes, ya nos hablaban de él. El entusiasmo de la gente encendió el silencio y Benito, luego de una cordial presentación, comenzó a narrar sus hazañas en el destellante mundo de la moda.

“Lo mío empezó así: me gustaba la moda pero no existía la carrera, entonces era muy difícil pensar en ella, en realidad era un oficio, si eras mujer eras modista, si eras hombre sastre. Si ustedes se preguntan qué estudié, les digo ¡derecho!, si quieren saber el promedio que tenía… ¡3,80 y es real! Me metí en la Facultad Católica de Derecho, estuve siete años, me faltaron ocho materias, pero en un momento lo pude madurar un poco y empecé a estudiar moldería, dibujo, que era lo que había acá, me proveí de algunas herramientas y me fui a estudiar a Paris subvencionado por la familia Fernández, una gran empresa internacional.”

Y poco a poco el discurso fue llegando a él, a la estrella que teje los hilos de la gran empresa, Benito nos habla de su profesión, de su esfuerzo y también de él mismo…

“Es muy difícil venir acá a hablar de Benito, desde chico me gastaban en el colegio por mi nombre ¿se acuerdan de Don Gato? ¿de Benito? Era el más chiquito, el más tonto, el que hacía todo mal; además mi hermano se llamaba Martín, y los que tienen más o menos cincuenta, se deben acordar quién era Martín Kadarajian y Benito Durante, y a Benito siempre lo fajaban y perdía, después estaba el fantasma Benito... ¡la verdad que fue una cruz el nombre Benito!”

¿Por qué será que lo eligen? El cree intuirlo… Además de su innegable talento para la danza de telas, texturas, brillos y colores, Benito Fernández sabe “lo que ellas quieren” y posee el oído suficiente para tantear las voces de la mano invisible del mercado.

“El vestido es un producto, pero al mismo tiempo yo vendo un servicio, tengo que dejar contenta a la clienta, ¿es un bien suntuoso? ¿es innecesario? Yo les digo que para las mujeres que vienen a mi boutique es un bien más que necesario, indispensable, más que la comida. Tampoco sé demasiado de marketing, de prensa, yo jamás pagué una publicidad y sin embargo estoy en todos los medios. Esa fue siempre una pauta de mi trabajo, no pagar sino generar un vínculo, una relación con la prensa a partir de una necesidad, ya que ellos necesitaban de mis vestidos para cubrir un espacio de color.”

Un eterno agradecido de quienes lo ayudaron en la construcción de su imperio, Benito no olvida sus raíces ni la gente de siempre…

“Supe rodearme de gente muy agradable, siempre fue muy cálida la boutique, y lo es, de hecho mi mano derecha, María Laura, es una gallega que hace veinte años que está conmigo. Empecé con algo chiquito, fui buscando nichos, y el primero que apareció fue cuando advertí que no existía ropa para las hermanas de las novias, ahí me metí, fui evolucionando, después encontré el nicho de las novias cuando no había diseñadores nuevos, en el sentido de aquellos que hubieran estudiado; yo soy el más viejo de la camada que ha estudiado”.

La otra cara de la moneda también irrumpió en su vida. Es un grande porque se cayó, se levantó y volvió a brillar. Supo reinventarse a sí mismo, uno de los secretos del éxito.

“Llegó el 2001 y me fundí... y a veces cuando vienen los de marketing, yo les pregunto cómo se explica que esto haya ocurrido en mi mejor momento de exposición internacional, cuando se casó Máxima Zorreguieta y diseñé el vestido de la cuñada que fue la madrina de la boda, el que salió en la tapa de todos los diarios del mundo. Recuerdo que al otro día salió en la prensa internacional una foto de ella con mi traje, al lado de la reina Mariana y las siete amigas de Máxima. Además, la revista española Hola la eligió como la cuarta mejor vestida después de Carolina de Mónaco... Y justo en ese momento, el de mayor exposición, prensa y difusión el teléfono no sonaba. La gallega decía: ‘¿andará?’ y levantaba el tubo. Fue muy duro, me tuve que ir del país. Me costó muchísimo, pero por suerte estuve en una ciudad, Barcelona, que me ayudó a mantenerme psíquicamente. Al poco tiempo (que eso es lo que tiene la Argentina que así como te saca te da) fue el casamiento de Pampita, entonces la gallega empezó a llamarme, me decía ‘venite, porque esto es un escándalo’, yo le decía ‘no María Laura, me estoy armando acá, puse la boutique’, al poco tiempo tuve que empezar a venir más seguido a Buenos Aires y finalmente me quedé. Por eso ahora disfruto, porque después de tantos años de trabajo, de fundirme, de haber tenido que dejar mis hijos, mi país, cosas que han sido tan dolorosas para mí, hoy por hoy la sonrisa no me la saca nadie, disfruto del éxito que tengo, de esta segunda oportunidad que me dio la prensa, la gente y de poder empezar de nuevo.”

Detrás de la varita hay un camino largo de sacrificios y esmero, la magia como resultado sólo es el producto de años de trabajo, seriedad y estilo; pero llegando al final del encuentro, su epílogo es reconfortante, nos deja con el sabor dulce de esas historias de hadas donde todo termina bien… Comiendo perdices y en las manos de Benito Fernández.




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