Lic. Carolina Cansino

LIZA MINELLI

“I wanna wake up in a city
That never sleeps
And find I'm king of the hill,
Top of the heap...”

(“New York, New York” 1977, Fred Ebb)

Artista de raza, como se dice en la jerga, Liza Minnelli se acunó entre luces y bambalinas a partir del 12 de marzo de 1946 en Los Angeles. Pero la misma suerte que la vistió de fama también mostró su lado más ruin. Como antesala de una mirada pícara y tristona las pestañas inalcanzables y las uñas oscuras nos dicen mucho de la estridente morocha de pelo corto… Un torbellino que deslumbra y derrumba.

Su primer aparición en cine no se hizo esperar, con tres añitos de edad debutó en el musical de 1949 "In the good old summertime" protagonizado por su madre, la afamada actriz, Judy Garland. Judy había conocido al cineasta Vincent Minnelli y a partir de allí quedó conformado (al menos por un ratito) el célebre trío que paseaba por las calles de Beverly Hills.

El musical "Swanee" la recibió en Broadway aún siendo una niña, y luego con diecisiete años aterrizó junto a su madre en London Paladium. Unos años después, en 1969, vendrá la nominación al Oscar por Sterile Cuckoo, pero si bien el galardón no pudo irse con ella esa noche no tardó en llegar, la academia la premia finalmente en 1972 por su interpretación en el musical “Cabaret” dirigido por Bob Fosse. Jugando a ser la pícara Sally Bowles todas las miradas recayeron en ella. Su deslumbrante manejo de la voz y plasticidad corporal conmovieron a la crítica y la leyenda eternizó sus rasgos. Pero el papel que la consagra también la condena, nunca volvió a encandilar como cuando se convirtió en la cabaretera con delirios de grandeza del Kit Kat club. No hay desafío más difícil que superar el propio éxito… y más cuando la fuerza de ese éxito contribuyó al nacimiento de un mito.

Las luces de colores y el star sistem a sus pies sembraron la vida de Liza de atajos al escenario pero también a vicios, adicciones y romances tormentosos. Su madre, estrella de los años ´50, marcaría un sendero sinuoso en su vida, sus fugaces matrimonios, su alcoholismo y trágica muerte por sobredosis en 1969 no fueron buenos augurios para la joven actriz.

Como preludio profético a la letra a la cual pondría voz y alma ella “despertaba en una ciudad que nunca duerme” y fiel a su desvelo la discoteca neoyorquina Studio 54 era su escape habitual en los ‘70. Su manera alocada de vivir daba que hablar a la prensa que seguía de cerca el derrotero agitado de Liza.

A partir del éxito rotundo de Cabaret paradójicamente la pantalla grande no siguió apostando a la Minnelli, repetidos problemas de salud y adicciones la alejaron del séptimo arte. No obstante, su desbordante energía explotó su talento musical. “New York, New York” en 1977, tema central de la película que lleva el mismo nombre y dirigida por Martin Scorsese (quien fuera su excusa para romper su tercer matrimonio) le hacen revivir destellos de otras épocas.

Cuatro matrimonios y un millón de amores en su agenda. Primero el animador australiano Peter Allen mimado por su madre, al que había conocido durante su estadía en Londres. Con él comenzó el infortunio: la abandonó por otro hombre. Luego vendrán el director y productor Jack Haley, fugazmente el escultor Mark Gero, y David Gest. Más allá de los anillos, los ramos de flores y las tortas no menos importantes fueron para su corazón la compañía del ya mencionado Martin Scorsese, Peters Sellers, Charles Aznavour, Misha Baryshnikov y Billy Strich, este último varios años menor que ella y con quien finalmente murió su anhelo de ser madre.

Inolvidables dúos con Frank Sinatra la consagraron como estrella indiscutida de los ‘80. El pop y su álbum Results extienden su trayectoria plagada en premios y condecoraciones. Oscar, Grammy, Tony y Emma pelean el protagonismo en su repisa. Tiene su estrella en el Hollywood Walk Of Fame y su curriculum enumera vastas actuaciones en musicales, teatro, cine, y televisión.

Su pasión irradia optimismo y… ¡contagia!, amada por millones de fans, Liza supera uno tras otros sus internaciones y altibajos. Minnelli sentencia: “Yo he sido siempre una mujer alegre, amo la vida y la cualidad más importante que puedes tener para mantenerte alerta, viva y en el presente es la curiosidad…Además, sigo creyendo en el amor. Eso sí, no pienso volver a casarme. Y si no lo cumplo, vengan a buscarme y denme un golpe en la cabeza…”

Hoy de gira por el mundo aún sigue dándole pelea a los estigmas de la fama y al humo de la noche. Su voz, sus ojos y su tradicional corte de pelo siguen afianzando un verdadero mito. El talento a borbotones de Liza incendia escenarios y el torbellino de veras deslumbra…




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