Texto: Lic. Elisa Bearzotti
Fotos: Willy Donzelli, María Crosetti y gentileza Narda Lepes
NARDA LEPES
Viajera del buen comer
Es dueña de una empresa de catering cuyo nombre la define: “Comer y pasarla bien”. Inquieta y comprometida, aspira a que la gente tome conciencia sobre los alimentos, su variedad y aportes nutricionales. Apostando por la aparición de un consumidor responsable y muy lejos del estrellato televisivo, Narda Lepes habló con nosotros y dejó registro de sus múltiples experiencias alrededor del planeta.
Distendida, locuaz, de convicciones firmes, súper simpática, su figura trasciende el show televisivo para convertirse en la amiga que siempre quisimos tener: aquella que mientras conversa nos prepara algo rico. Los viajes por el mundo constituyen su sello de identidad. La hemos visto transitar los mercados marroquíes en busca de alguna especia desconocida, internada en la selva amazónica, caminando por las exclusivas tiendas de sabores de Londres, Milán o Tokio. Por eso, tenerla frente a frente es un privilegio que vale la pena disfrutar.
E - Desde hace un tiempo la gastronomía ocupa un lugar destacado en los medios de comunicación ¿por qué pensás que ocurre esto?
N - Las cosas explotan en un punto pero antes se vienen formando. En algún momento la gente comenzó a interesarse más por la comida, a sentir curiosidad, a buscar restaurantes que tengan una cosita distinta, a preocuparse por los vinos... De pronto aparece el Canal Gourmet y da un nuevo impulso. En realidad, a todo el mundo le gusta comer, a todo el mundo le gusta tomar un rico vino…
E - La primera vez que vi tu programa estabas entrevistando a una mujer que fabricaba aceite de coco en la selva amazónica, era una mujer muy simple, sin embargo se notaba que querías aprender de ella...
N - Sí, siempre hay algo que no sé. Y hay que darse cuenta como hacer para que el otro te lo pueda transmitir, en primer lugar hay que lograr que se sienta cómodo. Aprendo un montón en cada programa. Yo valoro que esa mujer viva en uno de los últimos refugios naturales salvajes, porque te das cuenta de que los lugares vírgenes ya son pocos y van quedando encerrados, tanto geográfica como culturalmente. Es decir, hay un punto en que hay cosas de la medicina natural, de la gastronomía, de la manufactura de productos que se van a perder, no los vamos a ver más. Hay un patrimonio cultural, que debería ser universal, que va desapareciendo porque no hay una intención de protección o de registro, de cuidado…
E - Y de tus viajes ¿qué te ha impactado más?
N - Creo que todos tienen “ese” momento palpable, “esa” situación que podés tocar. Por ejemplo en Japón fuimos a un restaurante de monjes zen. Allí todos sabíamos que había algo distinto. En Marruecos la experiencia fue el desierto, la señora que nos hizo el couscous y las mujeres que hacían el aceite de argan en una cooperativa golpeando una piedrita. En Brasil fue lo del aceite de coco, y un encuentro con dos cocineros muy top. Son momentos en que descubrís algo en una persona, te deja un mensaje muy claro y lo podés transmitir. La mayoría de las veces nos damos cuenta enseguida si hay una buena historia. Lamentablemente el ritmo de la tele es muy rápido, pero hay lugares donde daría para hacer otro tipo de cosas.
Ahora por ejemplo volví de las islas griegas donde estuvimos preparando un programa sobre esta increíble cultura, la raíz de nuestra civilización. Recorrí Mikonos, Santorini, Lesbos, Corfu, Creta y filmamos en los principales sitios arqueológicos: la Acrópolis, el Partenón, los templos de Atenas y Poseidón, Delfos con el templo de Apolo y su famoso estadio. Cociné con los mejores chefs griegos pero también visité las cooperativas de mujeres y las casas que continúan preparando platos típicos y bebidas tradicionales como el ouzo y la tzitzivira. Quise mostrar la relación con el extranjero, lo tratan como si fuera parte de la familia, usando un estilo que se expresa en el término “filoxenia”. También estuvimos en un casa miento griego, fue increíble ver como toda la gente del pueblo participaba de esta celebración tradicional. Hicimos paseos en barco por el Mediterráneo, el Egeo y el Jónico, pero lo bueno es que no estuvimos solamente en los lugares más famosos, sino también en aquellos habitados por lugareños como el pueblito de Limeni en el Peloponeso y las paradisíacas playas de Ammoudi y Agni.
E – Siempre intentás conocer la esencia de cada lugar…
N - Sí, si vas a un país tenés que entender lo que pasa, leer, informarte, aunque yo creo que hoy la información es tanta que hay que tener un filtro muy fino. Se necesita una base de educación un poco sólida y un buen poder de observación.
E - Y a vos ¿qué te gusta cocinar?
N - Lo que cocino es una mezcla de cosas, siempre trato de proponer comidas que se puedan hacer, dar explicaciones sencillas, crear un vínculo distinto. Preparo platos de distintas partes del mundo donde se usan ingredientes que refieren a otras culturas, pero se trata de comidas que allí hacen las amas de casa, creo que eso sirve para ver que uno puede comer de manera distinta.
E – Termina resultando una cocina bastante exótica, un vehículo de cultura...
N - Sí, yo creo que la cocina es el lenguaje cultural más fuerte que tiene cualquier país. Por ejemplo México tiene muchísima variedad de comida y de recetas. Si bien sufrieron la colonización española al igual que Argentina supieron preservar su esencia, nosotros en cambio… Las empanadas por ejemplo, no tienen un origen argentino sino árabe. Somos un país con buenos productos, lo que nos representa en el mundo es el producto: la carne, el vino, el tango.
E - ¿Y cómo llegaste a vincular la cocina con la tele?
N - Fue por casualidad. Yo cocinaba en un restaurante. Buscaban gente joven para el Canal Gourmet y un conocido dio mi nombre. Yo no quería pero él ya se había comprometido, me quedaba cerca y pasé. Después les gustó lo que había hecho y me llamaron.
E - Pero no es fácil permanecer en un medio tan competitivo como la televisión...
N - Sí, pero me parece que influye la personalidad de cada uno y cómo te vas llevando con la cámara. Es una combinación: que entiendan lo que decís, que sea entretenido y que lo que estás haciendo sea tentador.
E - ¿Cómo se te ocurrió dedicarte a esta actividad?
N - Terminé la secundaria y no me decidía por ninguna carrera, no tenía nada claro, pero enseguida me aburrí de salir todas las noches. Empecé a hacer un curso de cocina, después otro, y cuando vi que podía ser algo para mí traté de ponerme enseguida a trabajar, porque al principio todo muy lindo, pero después te querés matar… ¡sí, igual después me quise matar pero ya me gustaba!
Con su contagiosa risa a flor de piel nos deja descubrir la parte menos atractiva de su tarea, aquella que se aleja del glamour y se expresa a través de la acción y el compromiso: “Tengo una empresa chica en la cual trabaja gente que es mejor que yo en algo: son más ordenados, más organizados con los tiempos, más responsables, más prolijos, más meticulosos, más maniáticos o saben despachar mejor un evento. Además trabajo con diferentes equipos - fotógrafos, productores, proveedores - en determinados proyectos”.
A pesar de su pasión por los viajes, ama nuestro país y cuando le preguntamos si quisiera instalarse en otro lugar, su respuesta es contundente: “Ahora no tengo ganas. De chica viajé todo el tiempo: a los dos años me fui a vivir a Venezuela con mi mamá, volví a los siete a Argentina, a los tres estuve en África, más tarde en New York, Brasil, Chile, Uruguay, Canadá, fui a Europa varias veces, y ahora cada viaje me lleva más de un mes. Además ya estuve casi un año trabajando en París y después un tiempo en España”.
Le gusta vivir el día a día, sin demasiados proyectos y fuera de todo convencionalismo, pero reflexiona: “Cambié un poco cuando me di cuenta de que la gente escucha lo que digo”. Entonces ella se preocupa por decir cosas que sirvan, estimula para cocinar más sano, fijarse en los productos, tomar la cocina como una excusa para distraerse, disfrutando de verdad: “No hay chance de que algo negativo salga de la cocina. Aunque sólo cocines el sábado a la noche para tus amigos es una experiencia que ellos van a valorar y vos vas a disfrutar porque creaste una mini-tradición o un vínculo distinto. Si sos mamá vas a ir generando esa memoria gustativa que te relaciona con tus hijos para siempre, no hay nada que no sume”.
La preparación de un libro y una columna semanal en la revista dominical del diario más leído del país completan su apretada agenda.
Ahora Narda tiene que volver a su trabajo, da gusto verla concentrada, “con las manos en la masa”, explicando gustosa cómo colocar un ingrediente junto a otro, si bien a veces la mezcla parezca totalmente disparatada. Emana de su rostro una fuerza especial capaz de transmitir el estilo de vida que ella celebra, teñido de libertad y compromiso, dos virtudes absolutamente compatibles con el buen comer.
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