Texto: Lic. Elisa Bearzotti
Fotos: Eduardo Torres y Bambi García
NEW ORLEANS Y EL JAZZ
Suburbios del alma
Nueva Orleáns, año 1900. Mezcla y atropello de sonidos. Franceses, españoles, ingleses, irlandeses, alemanes y afro-americanos conviven en sus calles. Un delirio de olores y sabores se dispara desde los barrios pobres hasta impregnar los reductos de la clase alta. Grupos de músicos negros se juntan a tocar en sus esquinas o pululan por Storyville, la extensa zona roja de treinta y ocho cuadras ubicada en un suburbio de la ciudad. En medio de ese mosaico multifacético algo nuevo está surgiendo...
Sin embargo, la historia del jazz comienza antes, mucho antes, durante los años del comercio de esclavos destinados a las plantaciones algodoneras del Estado de Louisiana, en Estados Unidos. Mientras hacían su rudo trabajo o por la noche, cuando se acomodaban en sus miserables barracas, los negros esclavizados daban rienda suelta a su amargura. Los sonidos del África natal emergían a través del canto dolorido, donde se mezclaban añoranzas, angustias y lamentos junto a las invocaciones religiosas dedicadas a los dioses abandonados en la selva. Tonos disonantes, una técnica melódica de llamada y respuesta, la yuxtaposición de múltiples texturas rítmicas y un proceso de elaboración colectivo, eran las principales marcas de esa música. Años más tarde las mismas características definieron los inicios del blues: dolor, amor, fuego, cantos que traían lágrimas y buscaban revancha.
En Nueva Orleáns la comunidad negra era numerosa debido a la importancia de su puerto, que convirtió a la ciudad en el centro del comercio de esclavos destinados al sur de EE.UU. A fines del 1800, muchos de ellos se juntaban en Congo Square, un suburbio ubicado en las márgenes del Barrio Francés, reducto de la clase alta de la ciudad. Allí, cientos de negros se congregaban para tocar, bailar y socializar, poniendo en evidencia sobre todo las tradiciones de sus tierras africanas. Poco a poco, algunas variantes en la música fueron generando ritmos nuevos, reflejo de la realidad en el continente.
Junto a los afro-americanos convivían inmigrantes de diversos puntos del planeta: ingleses, irlandeses, españoles, cubanos, alemanes. También estaban los descendientes de los primeros colonizadores, los creoles, mestizos de negros y franceses, a los cuales se unían aquellos provenientes de Haití, que traían el vudú y sus propias tradiciones.
La Nueva Orleáns del 1900 era una ciudad multifacética, rica en contradicciones pero con la fascinación y el colorido aportado por las diversas culturas. Estaba inundada de música, de bandas y bailes, muchos de ellos condensados en el Mardi Gras, el carnaval negro que aún hoy sigue convocando a turistas de todo el mundo. Por otra parte, entre 1898 y 1917 se legalizó la prostitución en la ciudad dando lugar a una extensa zona roja que se supone fue el primer hogar del jazz.
Tal como corresponde a su origen, el nuevo ritmo fue bautizado con una palabra proveniente del “slang” (dialecto popular): jass que luego derivó en jazz, como símbolo de la energía y vitalidad de esta música. Su fecha de nacimiento oficial es 1917, año del primer disco grabado con ese nombre, y reconoce entre sus antecedentes al blues y al rigtime, surgido de las bandas de negros que tocaban en los funerales. Los instrumentos típicos eran la corneta, el trombón, el clarinete y la batería. Estos músicos utilizaban la melodía, la estructura y la cadencia de las marchas como punto de partida, pero la improvisación era su forma más característica. Tristes al comienzo pero profundamente festivas una vez ocurrido el entierro para celebrar la nueva vida en el más allá, estas melodías establecieron la base rítmica del ragtime. Éste, a diferencia del blues que fue transmitido casi exclusivamente en forma oral, conservó registros escritos, siendo un factor clave para el nacimiento del jazz.
Sin embargo, nada era sencillo en una ciudad estampada con la huella de la segregación racial. Eran pocos los locales donde podían mezclarse músicos negros y blancos. El jazz nació con los estigmas de la negritud, la pobreza y la inmoralidad, debido a su cuna prostibularia en los establecimientos de Storyville. La nueva música no lograba obtener legitimidad artística. La improvisación constante y la calidad de los ejecutantes que muchas veces no poseían estudios formales avalaban esta sentencia. A pesar de todo, la década del ’20 encontró al jazz con más vitalidad que nunca. “Los años locos” fueron el contexto ideal para esta música espontánea, festiva, poco armónica y vital que se difundió a través de bandas que viajaban con gran éxito por todo el territorio de los Estados Unidos. Era evidente que iba bien con el ánimo del momento, circunstancia que se empezó a reflejar en la naciente industria cultural: el fonógrafo, los discos de vinilo y la radio. Este hecho, unido a la calidad de los intérpretes, muchos de los cuales dejaron impresos sus nombres junto a los grandes de la historia musical de todos los tiempos, fueron la causa de la amplia y masiva difusión del género que, a lo largo de los años continuó modificándose y re-creándose. Las destacadas figuras del jazz no se limitaron a una simple repetición de lo aprendido o escuchado, sino que apuntaron formas nuevas a un estilo siempre sorprendente y creativo.
En el Río de la Plata los fanáticos de este ritmo no se pierden la cita anual desplegada con esplendor y calidad por Francisco Yobino, organizador del Festival Internacional de Jazz de Punta del Este que ya va por su 12º edición y congrega a grandes figuras internacionales. Se han presentado músicos provenientes de varios países de América Latina, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, España, Japón, Suecia, entre otros.
La música del jazz - alegre y triste a la vez - aúna a un público sensible que pretende llegar a los suburbios de sus propias almas, inundando con cadencias desarmónicas a quienes estén dispuestos a sumergirse en su dolorida, mística, profunda, vieja y siempre misteriosa melodía.
Los nombres que lo acunaron
Jerry Roll Morton
Se declaraba el creador del jazz, y si bien la afirmación suena un poco ampulosa no está lejos de la realidad. Lo cierto es que este creole de ascendencia haitiana, nacido en New Orleáns en 1890 y cliente habitual de las chicas de Storyville, hizo mucho por él. En los prostíbulos absorbió los sonidos de blues y ragtimes a los cuales agregó sus propias influencias españolas y caribeñas: el resultado fue explosivo. En los primeros años del Siglo XX Jerry salió de New Orleáns y viajó por todo Estados Unidos durante una década, difundiendo su música y su virtuosismo con el piano. La suerte estaba echada, el nuevo ritmo ya no moriría jamás.
Louis Amstrong
Nació en 1901 en un barrio pobre de New Orleáns y se transformó en la imagen arquetípica del jazz. Sus correrías lo llevaron a un hogar para jóvenes delincuentes, lo cual resultó providencial para su vida ya que allí inició sus estudios musicales. Grabaciones, giras nacionales e internacionales, actuaciones en cines y teatros contribuyeron a crear el mito. Era un genio para improvisar y su voz cálida, su ritmo y su presencia en el escenario llevaron el jazz hasta los últimos confines del planeta.
Edward “Duke” Ellington
Nació en 1899 en Washington DC y sus padres siempre le dijeron que él era especial y podía lograr lo que quisiera. Tenía una personalidad elegante, culta y misteriosa, desde pequeño lo habían apodado “el Duque”. En 1927 la orquesta de Ellington entró como banda estable en el famoso Cotton Club y Duke terminó de definir su estilo, llegando a dominar completamente la paleta de sonoridades y texturas que hallaba entre sus músicos. Trabajó activamente durante cincuenta años generando más de dos mil composiciones. Y la historia del jazz le reservó un lugar entre los grandes.
Un ministro de Dios enamorado del jazz: el reverendo Jenkins
El ministro afroamericano Reverendo Daniel J. Jenkins de Charleston (Carolina del Sur), fue una figura insólita de gran importancia en el temprano desarrollo del jazz. En 1891, fundó el Orfanato Jenkins para niños y cuatro años después instituyó un riguroso programa musical en el cual los jóvenes del orfanato eran educados en música religiosa y secular contemporánea. Huérfanos precoces y fugitivos, algunos de los cuales tocaban ragtime en bares y burdeles, fueron enviados al orfanato para su rehabilitación. Eso generó una inesperada fuente de ingresos ya que las bandas del Orfanato Jenkins viajaban por todo el país ganando bastante dinero. Jenkins recibía anualmente en el orfanato entre ciento veinticinco y ciento cincuenta "ovejas negras", y muchos de ellos recibieron entrenamiento musical formal. Menos de treinta años después cinco bandas actuaban nacionalmente, y una de ellas viajó a Inglaterra. Sería difícil exagerar la influencia de las bandas del Orfanato Jenkins en el temprano jazz, dado que sus miembros llegaron a tocar con leyendas como Duke Ellington, Lionel Hampton y Count Basie.
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