Texto: Editorial
Fotos: Willy Donzelli
CELEBRAR PUNTA DEL ESTE
Protagonistas de su historia
Apenas unas casas y el lomo de una ballena asomando entre las aguas calmas allí donde el Río de la Plata se confunde con el mar: eso fue Punta del Este en sus inicios. Luego el berretín argentino colmó sus costas y la tranquilidad de la península trocó en noches glamorosas y llenas de esplendor. La distancia entre una imagen y otra suspira en los recuerdos de sus referentes más emblemáticos, quienes no olvidan sus calles de arena mientras sostienen la vigencia de un estilo.
En Punta del Este, argentinos y uruguayos habitan en la misma casa. El mar bravo y la mansedumbre del río no se oponen, sino que se encuentran en un abrazo cálido y esperanzador. Para celebrar su aniversario número cien elegimos escuchar las voces de aquellos que la conocen bien, que hicieron de sus costas un retazo de la memoria rioplatense, que aportaron el brillo, el color, las formas, los sonidos. Carlos Páez Vilaró, China Zorrilla, Pancho Dotto, Silvina Luna y Carlos Perciavalle nos regalan su jerarquizada mirada sobre el lugar más emblemático de la costa uruguaya. Fue un verdadero placer conversar con ellos, seres verdaderamente grandes que nos transportaron, con sus vívidos relatos, al pasado y presente de este verdadero paraíso.
El multifacético y célebre artista esteño Carlos Páez Vilaró, nos cuenta emocionado, mientras clava su mirada en su gigantesca Casapueblo: “No es nada fácil volver a recordar el pasado de mi vida en Punta del Este. Sería algo así como realizar un viaje hacia el interior de la nostalgia. Menos fácil aún si esto me ocurre ya adaptado a los cambios a los que me obligó la modernidad, donde las callecitas de tierra que me introducían en el bosque ahora son arterias de cemento ordenadas por el semáforo o la edificación en altura degolló las tradicionales casitas de techo de tejas coloradas. Rescatar entonces episodios o detalles de esa época que quedaron almacenados en mi memoria sería como tener en mis manos una bolsa de caramelos surtidos”. A pesar de la variedad de imágenes que el artista Carlos Paéz Vilaró trae en su bolsa de recuerdos, acepta el desafío de elegir la que mejor identifica al lugar que cobija sus sueños desde hace tantos años: “Quienes tuvimos la chance de exprimir lo que Punta del Este nos ofrecía años atrás, notamos que a pesar de sus alteraciones, el placer de disponer de su naturaleza se mantiene inalterable. O sea que si cerramos los ojos y somos indiferentes a la irrupción de esos cambios que siguen en aumento, seguiremos extrayendo de Punta del Este, todo aquello que nos regala para el disfrute: la transparencia de su mar, la fuerza de su sol, el perfume de sus pinares, la belleza incomparable de sus playas largas sin olvidar la geografía humana que resulta de las antiguas familias fundadoras del lugar”. No podemos menos que darle la razón, la belleza del lugar es inquebrantable: “No hay quien haya pasado por Punta del Este que no se ha visto beneficiado con la generosidad de su naturaleza. Es algo intocable que el visitante recibe de regalo y que está al alcance de todos. Del pescador, del turista, del pobre o el millonario. Si se quiere anexar a ello el confort de los cinco estrellas o lo más nuevo y avanzado, es algo adicional que va por cuenta de cada uno”.
La actriz uruguaya y argentina China Zorrilla tiene también un vínculo indeleble con Punta del Este. Los extensos bosques y playas esteños fueron testigos de sus primeros años de infancia, cuando sus padres pasaban los veranos en casa de don Antonio Lussich. Historias que se entretejen y surgen de sus labios mientras acaricia el piano que desgrana sus notas para nosotros, quienes disfrutamos de su talento y de su agradable compañía en su propia casa en Buenos Aires: “Cuando éramos chicas pasábamos largas temporada en Punta Ballena. En aquél momento era propiedad de un señor muy rico que se llamaba Antonio Lussich, muy amigo de papá. Sabíamos que un poco más lejos estaba Punta del Este, que era como el sueño porque tenía toda la cobertura de las revistas, de la gente que veraneaba allí, era como un mito. Don Antonio tenía ocho hijas mujeres y un varón, yo me crié junto a ellas, inteligentes y pintorescas, todas estaban casadas, de modo que también vivían allí los ocho yernos. Era una casa enorme, con una mesa llena de gente, éramos veinticuatro personas todos los días para almorzar y comer, y me acuerdo como chiste - la gente se cree que yo lo invento pero no - era tal la cantidad de comida que había que preparar que el cocinero, cuando hacía dulce de leche, revolvía la olla con un remo, ¡con un remo!, tal era el tamaño de la olla”.
Y el recuerdo de aquellos años, con su aura de terciopelo antiguo, queda matizado por el particular estilo que imprime nuestra querida China a sus relatos: “Cuando era chica eran pocos los que vivían aquí, había algunos hoteles muy pequeños. Después cuando fui más grande queríamos ir a Punta del Este porque había vida nocturna, había boliches chiquitos con orquestas. El encanto de Punta del Este era su pequeñez, lo recorrías a pie, si salías con el auto podías ir por la rambla, conducías dos horas, siempre por la rambla al lado del río y llegabas a Brasil, porque esa costa es transitable hasta arriba. Había pocas casas y todos sabíamos quién vivía, dónde, allá vive fulano y fulano, la familia tal, que se le casó un hijo y ahora vive en esa otra casa, era indescriptiblemente chico. Dondequiera que estuvieras veías el mar, tenía esa cosa tan original de la Playa Mansa y la Playa Brava: la Mansa era como tirarte en una pileta, no había olas, cruzabas la calle y te encontrabas con olas gigantescas, lo cual es bastante raro, no sé si se da en otro lugar del mundo. Cuando Punta Ballena se loteó algunos sabios compraron terrenos sobre la playa. Uno de ellos fue la actriz Margarita Xirgú, quien vivió sus últimos años allí”.Sin embargo sabe que los cambios son inevitables, una condición de la fugacidad de la vida: “¿Qué palabra hay para definir el encanto de lo pequeño? Ahora Punta del Este no puede dar marcha atrás, es una gran ciudad. Aquello que fue, queda para que nosotros, los viejos, hagamos una cosa que los jóvenes no pueden hacer: recordar lo que era. Yo me acuerdo del susto que me pegué cuando después de muchos años volví y dije: ‘fui a Punta del Este y Punta del Este no estaba’, porque me encontré con que la Gorlero tenía un tráfico de automóviles igual a la calle Corrientes. Yo todavía tengo nostalgias de aquél Punta del Este. La última vez que estuve quise ir a un lugar y ¿saben qué me pasó? ¡me perdí en Punta del Este! Y me dije: no, esperá un momento, esto es fácil, hay una punta y de un lado hay una playa con olas y del otro, una sin olas. Igual me perdí, me perdí en la playa en la cual yo veraneaba cuando era chica y que conocía perfectamente, porque ya no queda nada de esa ciudad. Sólo queda el nombre de Punta del Este, y algunos pequeños balnearios tipo José Ignacio que han surgido hace unos años porque toda la costa uruguaya es maravillosa”. Pero a pesas de todo, su amor por la pequeña península es indestructible: “Algunos episodios de mi vida los recuerdo siempre vinculados a Punta del Este. Todavía sigo yendo a lo de Carlitos Perciavalle, a la Laguna del Sauce. Recuerdo que hice una obra con él que empezábamos de día y a medida que empezaba a anochecer se iban encendiendo las luces que estaban en los árboles ¡era mágico!,y ahora Punta del Este ya festeja el centenario, yo fui de tan chica, tengo ochenta y cinco años, hace ochenta que voy… ¡me hace sentir como si tuviera mil años!”
China Zorrilla mantiene su condición de estrella indiscutida y su figura permanece adherida al corazón de los habitantes de ambas orillas del Plata. Su extensa vida, sus palabras cargadas de sabiduría, y su estilo de bondadosa narradora provocan ternura y admiración sin fronteras: “Uruguay y Argentina, concluyó, son un fenómeno geográfico y cultural único, porque Argentina es tan grande, y Uruguay tan chiquito, y sin embargo somos amigos, nos peleamos por algunas cosas pero… es un caso único. Como dice Borges en Milonga para los orientales: “milonga para que el tiempo vaya borrando fronteras/ por algo tienen los mismos colores las dos banderas”.
Por su parte, Pancho Dotto, otro referente indiscutible del lugar, ha construido un relato de éxitos en la playa más renombrada de América del Sur. Después de veinte años de colocar sus banderas en distintos paradores esteños ahora expresa sus preferencias por las amplias y sedosas playas de José Ignacio. Pancho habla de moda y glamour, dos tópicos esenciales de la actual Punta del Este. Si bien las llamadas telefónicas en su agencia, lo requerían constantemente, él como un hombre orquesta solucionó cada caso, hasta que en un momento, y ya más distendido, pudimos conversar sobre sus vivencias: “Todo arrancó en Solanas, allí me instalaba con mis modelos, Valeria, Araceli, Elizabeth Márquez, entre otras y teníamos las remeras de Dotto. Parábamos en un departamentito de la calle Rooselvelt, no teníamos teléfono, entonces el portero recibía los llamados y yo me asomaba por el balcón preguntando ¿quién es? para él Pinky era lo máximo, entonces me gritaba ¡¡¡Pancho, te llama Pinki!!! Así fueron los primeros años, después nos fuimos mudando para el lado de La Barra, de allí fuimos mirando para el lado de José Ignacio y la gente decía ‘este pibe está loco ¡cómo se va a ir tan lejos!’ Ahora tenemos un lugar nuestro, son trece mil metros con vista al mar, allí vamos a tener una sede de por vida”.
No se puede negar que mucho del brillo reservado a Punta del Este se debe a las bellezas que engalanan la costa uruguaya de la mano de Pancho Dotto, quien ya se ha transformado en un personaje incuestionable del lugar: “Es un hecho que por un lado me llama la atención, y por otro me resulta lógico, porque hice tanto para promocionar Punta del Este, estoy tan enamorado de Punta del Este… cuando estoy en el exterior y me presentan a alguien, por ejemplo un director de cine, el tipo me dice: ‘¡Pancho Dotto! ¡Punta del Este!’ No puedo dejar de reconocer también que fui muy bien recibido. Nunca me voy a olvidar de la primera vez que lo ví a Carlos Páez Vilaró, es una persona tan cálida, abierta, sensible, cuando me conoció me abrazó y me dijo ‘bienvenido, esta es tu casa’, me hizo pasar, me contó su vida. Un día me quedé muy conmovido porque Fashion TV lo estaba entrevistando y empezó a hablar de mí, decía que yo era un referente de Punta del Este, que había que apoyarme porque era un hombre que traía arte, y no sé cuánto más. Cuando terminó lo abracé y le dije: Carlitos, te agradezco tanto, y él me dice: pero yo lo siento de verdad”.
Pancho fue testigo de los grandes cambios que sufrió la ciudad durante todo este tiempo; aires de renovación que, según su criterio no resulta bueno exagerar: “Hay una cosa que le está sobrando a Punta del Este: emprendimientos inmobiliarios hacia arriba. Tendría que existir una ley o algo permitiendo sólo la construcción de casas de uno o dos pisos y que esto se extienda hasta el Chuy. Estimular la construcción de chacras marítimas, de casas sobre el mar, pero no los grandes edificios. Además creo que hay que recuperar las tradiciones: la elección de Miss Punta del Este, las fotos en blanco y negro, con los fotógrafos que te esperaban a la salida del Hotel San Rafael - ahora deberían esperarte a la salida del Conrad - y en el mismo hotel venderte las fotos. Creo que ese tipo de cosas continuaría fascinando a los jóvenes de hoy: verse en una foto blanco y negro, ir a ver una caída de sol sin música estridente. Hay cosas que no tienen edad, a algunos nos gusta escuchar a veces el sonido del silencio, del mar, del viento, sentir la cara quemada y escuchar sólo la charla de la persona que uno tiene al lado, conmoverse con una puesta de sol… faltan esos lugares para la juventud. Hay pequeñas cosas del pasado que siguen siendo actuales y lo serán siempre, porque tienen que ver con el romanticismo. Muchas veces han llamado a Punta del Este ‘la Ibiza de Sudamérica’… y yo me pongo mal. Fui tres veces a Ibiza y es un lugar que a mí no me transmite esa luz, ni lo familiar de Punta del Este, sino todo lo contrario, es descontrol… Punta no es así. ¡Cuánta gente se levanta a la mañana! Es tan lindo… tiene tanta vida las veinticuatro horas del día. Punta del Este es un lugar de salud, de familia, la noche existe pero es mucho más sana de lo que la gente cree, se ve belleza, frescura. Punta del Este tiene cien años, es una ciudad joven, linda”.
Pero, no todos los cambios resultan siempre negativos, ¿verdad Pancho?: “Sí, es cierto la gente que vive en Punta del Este se ha enojado también con el Conrad en su momento, en cambio yo no, porque veía lo que pasaba en Punta en el invierno. No había vida, quedaban muy pocos pobladores, la gente se iba a Montevideo a buscar trabajo. Hoy en cambio, Conrad le da trabajo a mil familias y tienen lleno el hotel todos los fines de semana del año, viene gente de Brasil, de España, y de Argentina todos los fines de semana. Punta del Este tiene una vida antes y después del Conrad”.
Y es cierto, hoy por hoy resulta imposible soslayar la importancia del Resort & Casino Conrad en el posicionamiento internacional de la ciudad. Por ello conversamos también con la bella y talentosa Silvina Luna, su Directora de Marketing y alma mater, quien nos contó sus experiencias en este paradisíaco lugar: “Vivo en Punta del Este desde hace once años, y no creo que lo abandone nunca. Punta del Este es mágica y me considero afortunada por vivir en este paraíso. Por mi trabajo hotelero tuve la oportunidad de trabajar en varias ciudades del mundo como Montreux, Zurich, Santa Barbara, Cancún y Buenos Aires, pero esta ciudad es muy especial. Vine a una entrevista de trabajo al Conrad en noviembre de 1996, y a los pocos días ya estaba incorporada en la organización como gerente de relaciones públicas. Acá tuve la oportunidad de aprender mucho, de crecer hasta ocupar desde el 2001 la posición de Directora de Marketing del resort. En Conrad el ritmo de trabajo es fuerte y no se para nunca. Esto me fascina, ya que me encanta gestar nuevos proyectos y acá todo el año ofrecemos un variado calendario de eventos, torneos, fiestas, promociones y shows internacionales. En este 2007 estamos celebrando nuestros primeros diez años de vida junto a los cien años del balneario, y hay previstas grandes sorpresas y estrellas invitadas. Por otro lado, en Punta encontré al gran amor de mi vida, con quien me casé en diciembre del 2006. Con él y nuestros tres hijos, Carlos, Sofía y Valentina disfrutamos mucho de poder vivir en este lugar. ¿Qué me gusta de Punta? Las puestas de sol desde La Mansa, el Casino Conrad (el mejor de todo Latinoamérica), la calidad de vida, la seguridad, las playas de La Brava y las sierras de Punta Ballena”.
No pudimos sustraernos a la tentación de conversar con el rey del Café Concert Carlos Perciavalle, quien nos recibió en su chacra de la Laguna del Sauce, uno de los lugares más bellos de Punta. Y el artista poco a poco fue rememorando… “Hace muchos años que vivo en este paraíso, pero en verdad Punta del Este me eligió a mí. Un día mi amiga China me dijo que su primo vendía una casa en la Laguna del Sauce, la vi, me quedé maravillado y la compré. Le estaré por siempre agradecido a China que es como mi hermana menor. Me da mucho, muchísimo trabajo pero la quiero un montón”. La ocurrencia de este genial artista nos hizo romper en carcajadas. Mirando su entorno con la laguna bordeada de pinos reflexiona: “Vivir acá es como una profunda y eterna meditación. Es la tranquilidad existencial. Es un lugar único, ideal. Es tanto el tiempo que paso mirando el paisaje, disfrutando el amanecer, la puesta del sol, cuidando mi jardín y mis pájaros, amando a mis perros, que sólo existe el presente para mí en este paraíso que es Punta del Este”.
Consígala en Rosario: Librería Ross y todos los puestos de revistas de la ciudad. En Buenos Aires: en puestos de revista de Recoleta, Belgrano, Palermo, corredor norte y adheridos a El Revistero. Registro de Propiedad Intelectual Nº 633900. Contenido y diseño registrados. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Copyright 2008 de Kamala Bonifazi. Todos los derechos reservados. La reproducción total o parcial del material fotográfico, periodístico y de investigación contenido en «Sólo Líderes», no está permitido.
Es una publicación propiedad de: Kamala T. Bonifazi - Kamala «Imagen, capacitación y empresas». Rosario, Santa Fe, Argentina.
E-mail: kamala@citynet.net.ar - Tel/fax (0054 341) 4810421/ 4826974 - www.sololideres.com.ar
|