Texto y Fotos: Secretaría de Turismo de La Rioja
LAS MINAS DEL FAMATINA
EL CORAZÓN DE LA TIERRA
Escenarios escondidos en el corazón de la tierra se abren paso en la provincia de La Rioja y ofrecen su historia regada de luces y sombras. Sus entrañas guardan retazos de vidas pasadas, ilusiones de grandeza y sueños de poder. Las minas El Oro, La Mexicana y el cablecarril son apenas una muestra de los secretos que guarda el Famatina.
Desde tiempos remotos, el Famatina viene regalando sus riquezas a quienes se atreven a penetrar sus entrañas. Los indios diaguitas fueron los primeros en extraer sus minerales, luego aparecieron los Incas en busca de las leyendas de oro y plata relatadas por centurias y también los españoles se dejaron atrapar por sus promesas. Don Juan Ramírez de Velazco, fundador de La Ciudad de Todos los Santos de La Nueva Rioja, intentó alguna expedición al macizo rocoso para comprobar la veracidad de las historias que circulaban por la zona, pero no logró dominarlo. Recién los monjes jesuitas comenzaron a explotar sus yacimientos hacia fines del siglo XVII, utilizando la pólvora por primera vez para excavar socavones y túneles en la montaña. Cuando, a mediados del siglo XVIII fueron expulsados del continente, los aragoneses (laicos pertenecientes a la orden ignaciana) continuaron con la explotación de las minas situadas en el Cerro Negro, La Caldera y El Tigre hasta 1816.
Posteriormente, durante la etapa de la organización nacional, Facundo Quiroga reanudó la actividad minera con el fin de acuñar monedas de oro. En 1830 el caudillo creó la primera Casa de la Moneda del país, en la ciudad de Chilecito. En 1883 se formó la Sociedad de Fundición de Plata de la República Argentina conocida comúnmente como Sociedad Francesa de Nonogasta, ya que en esa localidad ubicada al sur de Chilecito, se instaló un establecimiento de fundición y hornos de copela. La sociedad trabajó hasta 1898 cuando el bajísimo precio de la plata en todo el mundo obligó a abandonar la explotación. A partir de allí y hasta fines del siglo pasado fueron trabajadas en forma intermitente.
Como se puede apreciar, este pedazo de suelo riojano ha tenido épocas muy brillantes. El célebre geólogo alemán Dr. Stelzner, hablando del Cerro Negro visitado en los años 1870-71 decía: “De toda la República Argentina, el distrito más rico en plata es el Cerro Negro, cerca de Chilecito, La Rioja. Allí se encuentran una cantidad sorprendente de filones que contienen además de espato, piritas, blendas, particularmente plata nativa, varios minerales nobles, el rosicler, cloruro y sulfuro de plata, y a veces en tal abundancia, que este distrito puede rivalizar con los más ricos que conocemos…”.
En 1930, la compañía americana Arminas S.A. tomó la concesión sobre la explotación de los minerales del cerro, y construyó la mina El Oro, de donde se procedió a la extracción de oro, plata y cobre, constituyéndose en el establecimiento minero modelo de la época por su diseño y tecnología. En los años ’40 se desarrolló el laboreo más importante, mediante la perforación de más de cuatro kilómetros de túneles que permitieron extraer unas setenta mil toneladas de mena procesándolas en una planta de flotación-amalgamación para cien toneladas por día. El trabajo continuó hasta mediados de la década del ’60.
Otro de los resabios de los “tiempos dorados” es la mina La Mexicana, merecedora de una monumental obra de ingeniería: el cablecarril. El difícil acceso a la montaña y la cantidad de minerales extraídos hicieron necesario mejorar la forma de transporte hasta el ferrocarril, que se hacía en lomo de burro hasta ese momento. Los primeros años del Siglo XX vieron el acuerdo definitivo entre el gobierno argentino presidido por Julio A. Roca y la firma constructora de la obra, Adolf Bleichert & Co, con sede en la ciudad de Leipzig, Alemania. La adjudicataria de la mina fue la empresa inglesa Famatine Development Co, el primer tramo se inauguró en 1904 y el resto se terminó en diciembre de 1905. La colosal obra, ubicada a una altura de cuatro mil seiscientos metros sobre el nivel del mar, cubrió una extensión de treinta y cinco kilómetros. Con sus doscientos sesenta y dos enormes sostenes de hierro (cada uno mide más de cuarenta metros), máquinas a vapor, calderas, discos para cables, ruedas impulsoras, etc., significó un tremendo y costoso desafío, quedando en la actualidad como mudo testigo de un tiempo donde el juego económico resumía un mapa político exclusivo y avasallador. Los diferentes tramos del recorrido, nueve en total, se comunicaban entre sí a través de una línea telefónica, otro sistema de avanzada para la época. El 25 de octubre de 1982 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
En la actualidad, las minas El Oro, la Mexicana y el cablecarril son parte de un circuito turístico promocionado por la Secretaría de Turismo de La Rioja. La excursión incluye además de las visitas históricas un paseo por los increíbles faldeos del Famatina.
La mejor manera de acceder al lugar es a través de camionetas 4x4 que comienzan su recorrido por la ruta provincial Nº 15 para internarse luego en la montaña hasta llegar al río El Oro, de un color ocre brillante gracias al mineral que contiene, llamado pirita u oro del tonto. Luego de atravesarlo se llega a la mina El Oro en donde aún se conservan ruinas jesuíticas, restos de maquinarias y herramientas de trabajo.
Para llegar a la mina La Mexicana se parte de Chilecito y se va hasta Famatina para luego internarse en el corazón de la montaña y disolver en la mirada sus colores ocres, rojos, grises, liláceos que se mezclan con el azul profundo del cielo. Allí, emerge una particular formación geológica que los baquianos le llaman “el pesebre”.
El próximo destino es El Cañón del Ocre. Al costado del camino un profundo tajo se abre paso entre titánicas montañas color dorado, y los rayos de sol dibujan excéntricas figuras entre las grietas de los paredones. El río Amarillo diluye sus aguas entre dos montañas, y desemboca en el cauce cristalino de un arroyo que mana a borbotones entre la escarcha. El paisaje, suave para vista y áspero para el tacto, se levanta como testimonio de una innegable divinidad.
Otra magnífica alternativa es realizar una caminata al costado del tendido del cablecarril. Durante las seis horas de marcha se atraviesan verdes valles, ríos y cristalinos arroyos de deshielo, mientras se bordean sus colosales torres. El ascenso hacia las nubes termina en la estación “Siete Cuestas”, llamada así debido a la cantidad de cimas que es necesario atravesar para alcanzarla. También es posible partir desde las placetas en Chilecito, una experiencia propicia para avezados caminantes que quieren desafiar a la montaña. El grupo atraviesa incontables minas abandonadas y se deleita con la incomparable vista del cóndor sobre las nubes, para finalmente llegar a la estación ocho del cablecarril ubicada a cuatro mil seiscientos metros sobre el nivel del mar.
El Museo Histórico del cablecarril donde se exponen los elementos utilizados en la dura vida minera, termina de conformar este recorrido que aúna historia y naturaleza en un mismo circuito de cultura y bienestar. Excusas más que tentadoras para acercarse a conocer la cuesta del Famatina, celoso protector del corazón de la tierra.
Contacto
www.turismolarioja.gov.ar // www.emutur.com.ar // www.famatinalr.com.ar