Texto - Entrevista: Lic. Kamala Bonifazi
Fotos: Gentileza Les Luthiers
LES LUTHIERS
UN ARTISTICO BREBAJE EXPLOSIVO.

“El nuestro es un espectáculo para gente que disfrute de la música y el humor, que tenga un amor especial por el idioma español y que se deleite con los juegos de palabras y la inteligencia. La apelación que hacemos nosotros es a eso, a jugar con el idioma, con las ideas y a descubrirlas. Les Luthiers es casi como un acertijo que apuesta a que la gente se involucre con nosotros. En ese sentido el público elegido es el que nos prefiere porque sabe que va a divertirse con ese juego”.

No es el escenario de la Scala de Milán. Prefirieron disfrutar de las mieles del éxito en nuestro país. Comenzaron actuando con el nombre de I Musicisti en el Margarita Xirgu, pasaron luego a la calle Lavalle, más tarde al Centro de Artes y Ciencias. También desplegaron sus dotes histriónicas en el Di Tella, el templo de las vanguardias artísticas, el Instituto que albergaba un revolucionario movimiento en torno a las manifestaciones del arte, y en otros teatros y cafés-concerts de la época. En el Coliseo permanecieron ofreciendo sus espectáculos por casi treinta años. Del mismo modo los aplaudieron en el Colón. Y por fin, el salto al Gran Rex, la sala máxima de la capital porteña, para poder recibir por función, a sus tres mil espectadores.
El singularísimo e innovador Gerardo Masana abrió y cerró la primera etapa formativa del grupo, y como un notable maestro les dejó a sus discípulos el camino señalado. A través de la ingeniosa creación de instrumentos informales sumados a una visión humorística de la llamada música clásica o culta, se fue gestando a través del tiempo, el verdadero sello distintivo de Les Luthiers. Giras nacionales e internaciones, conciertos de primer nivel, teatralidad, parodias de óperas, en suma, el humor gestual y textual aplicado a la música seria.
Fueron declarados Ciudadanos Ilustres de Buenos Aires, y España les otorgó “La Encomienda de Número de la Orden de Isabel La Católica”, la condecoración de mayor rango con que el Reino premia a ciudadanos de otros países confiriéndoles el título de Ilustrísimos Señores. Pero ellos no se detienen, en el año 2008 todos los integrantes del grupo dieron sus voces para los personajes de las palomas en la película de Walt Disney llamada Bolt.
Esta mágica charla con los cinco músicos profesionales de Les Luthiers, expertos en el humor aristocrático, elegante y al mismo tiempo sutil, me hace recordar cuántos seres de mi generación hemos crecido a la par de sus creaciones sin perdernos ningún estreno y disfrutando de su fino arte…
Se abre el telón… son ellos… Les Luthiers…Daniel Rabinovich: escribano público, guitarrista, percusionista y cantante folclórico; Marcos Mudstock: locutor profesional y redactor publicitario; Carlos Núñez Cortés: doctor en química, concertista de piano, compositor y arreglador; Jorge Maronna: compositor y guitarrista; Carlos López Puccio: licenciado en Dirección Orquestal, director de coros y docente universitario. En conclusión: un artístico brebaje explosivo.

Haciendo un poco de historia, ¿cómo surge la idea de formar un grupo integrado por músicos e intelectuales de primer nivel?

Agradeciendo la valoración que implica tu pregunta, aclara Marcos Mudstock, te cuento que primero fuimos un grupo de jóvenes que integrábamos los coros de la Universidad de Buenos Aires, nos movíamos dentro del maravilloso ambiente que son en general los coros, y en particular los universitarios. Y más en esa época, la universidad realmente era una gloria, estamos hablando de los años sesenta. Dentro del coro había un grupo que preparábamos fiestas y sketchs para hacer reír a los compañeros. En realidad ese fue el comienzo. Luego, imperceptiblemente aún para nosotros, nos fuimos conectando con otros públicos, y cada vez más se convirtió en nuestro medio de vida. Fue un proceso gradual, en aquél momento no éramos ni intelectuales, ni famosos, ni nada, éramos estudiantes. Parte del brillo que podemos llegar a tener ahora individualmente, nos lo da el prestigio del grupo como tal. Sí, es verdad, continúa Daniel Rabinovich, el grupo no tuvo una formación previa. Una de las cosas que hacíamos para divertirnos era tocar música seria con instrumentos precarios: un peine, un serrucho y una manguera. Y así comenzó, como un juego. Con el tiempo ese juego se fue haciendo cada vez más conocido, comenzamos a trabajar en muchos lugares de Buenos Aires y sin darnos cuenta nos transformamos en una especie de cosa necesaria para todo el mundo, para la población y para nosotros mismos, es decir que ese juego con el tiempo se fue haciendo una profesión. Paulatinamente, en los ’70, fuimos abandonando nuestras profesiones y nos dedicamos de lleno al teatro. Marcos Mustock recordó algo más de aquél lejano comienzo donde fueron inevitables algunos contratiempos: En el inicio todo era diversión. Tal vez en otras etapas hubo pequeños sacudones porque si bien todo fue muy gradual, hubo algunos peldaños un poco más abruptos. Que se yo, de repente cuando había que comprometerse a hacer una cantidad de funciones, lo que hasta ese momento era “venite el sábado a la tarde, y si no venís no importa”, terminó. Comenzamos haciendo cuatro funciones para el ciclo de un teatro de la calle Lavalle, era un sótano, una especie de club de teatro para iniciados. Y luego, en el Instituto Di Tella, entonces había que comprometerse de otra manera. Esos fueron algunos inconvenientes, pero menores, todo fue muy fluido. El primer hecho un poco traumático fue cuando nos transformamos de I Musicisti en Les Luthiers, porque a cuatro de nosotros nos interesaba trabajar de manera profesional. Se podría decir entonces que Les Luthiers nació el 4 de septiembre de 1967, todo fue parte de un proceso de crecimiento. La vida es sinónimo de crisis, hemos tenido inconvenientes de todo tipo, agrega Daniel, pero fuimos inteligentes para transitarlos. Tenemos buena onda por definición, un grupo de amigos, nos elegimos, somos una familia de hermanos. Fuimos un equipo con el músico Ernesto Acher integrado al grupo hasta que se retiró, pero después en el 1969 se incorporó un estudiante de dirección orquestal de la Plata, era el joven Carlos López Puccio: Yo por entonces conocía al grupo como espectador y tenía un contacto esporádico con alguno de ellos, recuerda Puccio. Cierta vez quedó una vacante y como vieron que yo era buen músico, tocaba el violín y un futuro director orquestal, me incorporaron. Era como se dice en estos casos la persona justa en el momento indicado.

Ustedes tienen características muy propias ¿Cuál es la que distingue a cada miembro del grupo y la función específica de cada uno de ustedes?

Somos todos muy complejos, explica Marcos, pero te diría que Daniel Rabinovich es el más cómico de todos y muy buen músico; Jorge Maronna es un gran compositor, un tipo de un gusto refinado, mucho conocimiento musical y muy útil también en algunas fases organizativas porque es metódico y muy bueno para programar ensayos; López Puccio lo mismo, últimamente además aporta mucho en la parte autoral, y es un excelente violinista; Carlitos Nuñez es el más versátil, un pianista espectacular, Jorge Maronna también es un muy buen guitarrista, pero me parece que Carlitos Nuñez como pianista es quien ha llegado más lejos en cuanto a la destreza instrumental, además es un gran payaso, y se luce también en ese aspecto, creo que es el más completo. De mi parte, aporto la parte teatral, autoral, es decir los textos, y el personaje mío del locutor, de tantos años, aunque últimamente hemos ido virando a una especie de pareja conductora que hacemos con Daniel. Es verdad, agrega Rabinovich, esa es la usina de nuestro humorismo, luego en la parte de dirección opinamos todos; en la parte de improvisación quizás nos lucimos un poquito más los que somos más histriónicos, es decir, Marcos y yo, los teatrales del grupo. Como verás todo está bien diversificado.

¿Pero en realidad, el proceso creativo, dónde se inicia?

Por lo general el proyecto se inicia en la cabeza de cualquier Luthier, continúa Daniel, sigue en esa cabeza o puede pasar a otra, y una vez que está más o menos elaborado, comenzamos a ensayarlo los cinco y ahí el proyecto es de los cinco y vale la opinión de todos.

¿Cuál es el secreto de su continuidad? ¿Cómo logran manejar las tensiones que se generan dentro del grupo?

Hubo muchos factores que ayudaron. Entre ellos, la terapia de grupo que hicimos con Fernando Ulloa contribuyó muchísimo a manejar ese tipo de tensiones que se producen con el laburo en equipo. Nuestro analista hizo un trabajo muy concienzudo, aprendimos que el secreto de esto era que los individualismos no deben anularse.

¿En qué consistía realmente esa terapia realizada con Ulloa?

Nos reunimos durante más de veinte años una vez por semana en su casa con el objetivo de discutir el trabajo de grupo, ver qué pasaba en el aspecto laboral. El paciente de esa terapia no eran Rabinovich, Mudstock, Maronna, Nuñez o Puccio, sino Les Luthiers. Esa reunión era de una hora y media durante los meses del año en que estábamos en Buenos Aires. Y fue muy productivo, nos ayudó a crecer y nos permitió, para decirlo de una manera muy clara, pelear posiciones con dignidad, es decir aceptar al otro porque el otro es diferente. Ulloa era una figura muy querida por nosotros, que por cierto falleció el año pasado, acotó Mudstock. Como el paciente, o sea la institución Les Luthiers, ha tenido una vida tan fructífera, tan triunfal hacia el exterior como hacia el interior de cada uno de nosotros, se deduce que el trabajo que hizo Fernando Ulloa ha sido muy bueno.

¿Cómo surge esa enorme creatividad a la hora de dar forma a los ingeniosos instrumentos informales que sellan el estilo de Les Luthiers?

En un principio éramos un grupo llamado I Musicisti que animaba fiestas, sintetiza Marcos, ese grupo hizo varias cosas, comenzando por el clásico concierto en broma de dos personas. Un día estábamos ensayando y se nos ocurrió tocar con cacharros, entonces Carlitos Nuñez hizo un invento con tubos de ensayo. Yo, que estaba haciendo el servicio militar y tocaba en la banda, me traje la boquilla de la corneta y se la enchufé a una manguera, y el flaco Masana trajo unos tubos que fueron el preanuncio de ese enorme tubo con ruedas llamado tubófono y empezamos a tocar, a improvisar. Con el tiempo esto se transformó en una especie de sello distintivo: “un conjunto de instrumentos informales”. Y nos acompaña hasta hoy, donde gran parte de nuestra creación consiste en seguir inventando instrumentos. Pero el puntapié inicial lo dio el genio creativo del flaco Masana que, después de esta experiencia medio improvisada, se le ocurrió empezar a construir estos engendros, con un gran sentido paródico y humorístico. Y allí apareció la máquina de tocar que era una máquina de escribir que se convertía en una especie de teclado musical y el chelo legüero, una caja de resonancia que era un bombo legüero bien argentino convertido en contrabajo. Eso se debió al fino ingenio de Gerardo Masana. Decimos que él fue el fundador y el creador del grupo porque se le ocurrió diseñar este tipo de instrumentos y por otro lado fue el primero que compuso una partitura para esos instrumentos informales: la Cantata Laxatón. Jorge Maronna se sumó al recuerdo acotando que por lo general piensan instrumentos muy grandes que se pueden ver desde muy lejos en el teatro, por ejemplo, uno que gusta mucho es el ferrocalíope. En realidad, es infinita la lista de instrumentos que podemos nombrar. El alambique encantador fue utilizado para la obra Los Premios de Mastropiero y necesitaba ser ejecutado por tres músicos al mismo tiempo. Dentro de los instrumentos de cuerda tenemos: la lira de asiento o lirodoro una mezcla de lira con tapa de inodoro, el bajo barriltono, mezcla de contrabajo y barril, la mandocleta mezcla de mandolina con una bicicleta, el latin o violín de lata cuya caja de resonancia es una típica lata de jamón, el contrachitarrone da gamba, una combinación de violonchelo y guitarra. Dentro de los de viento podemos mencionar a la gaita de cámara que es una rueda de tractor gigante que alimenta con aire a un glamocot, el yerbomatófono d´ amore, un típico mate argentino que funciona con la vibración de sus dos mitades cuando son sopladas por un agujero. Y en relación a los instrumentos de percusión podemos nombrar a las tablas de lavar, la marimba de cocos, el ovni, el cascarudo, el dáctilo fono, y así la lista seria interminable…

Nos comentaron que Masana ha tenido un papel fundamental ¿Cómo viven hoy esta herencia artística? ¿Por qué lo consideran el fundador del grupo?

Sí, es sin lugar a dudas el fundador, afirmó Daniel, él construyó los primeros instrumentos, los hizo concretamente, algunos en su casa y otros en la casa de mis padres en un taller en la terraza. El juntó a la gente, escribió las primeras partituras. Lo acompañamos Nuñez Cortés, Marcos, Jorge, Carlitos, López Puccio y yo, pero el que lo fundó fue él. Era un ser fantástico, un hermano mayor, un amigo adorado por nosotros. Como nos llevaba unos años, le decíamos el Nono. Era muy flaco y muy ingenioso, nervudo, tenía una fuerza impresionante, físicamente parecido a Buster Keaton, sumamente gracioso, inteligente y culto, un tipo extraordinario. Nuestra terrible tristeza fue que Gerardo se nos murió a los 35 años, un absurdo total. Luego Carlitos Iraldi fue durante muchos años nuestro artesano.

Háblenme un poco más de la Cantata Laxatón y de las extravagantes creaciones de Gerardo Masana…

Hasta ese momento nosotros improvisábamos, continúa rememorando Marcos Mudstock, teníamos tres o cuatro piezas con los instrumentos informales pero no teníamos partitura ni nada, y un día apareció Gerardo con una partitura para diez instrumentos (en ese momento éramos diez los integrantes del grupo) y con una cantata con vocales y coro, al estilo de las pasiones de Bach, con un tenor que era una especie de evangelista, un coro que hacía de pueblo y solistas que cantaban arias. Sólo que el texto, en lugar de ser el texto litúrgico de los evangelios era el prospecto de un laxante. Y esa fue otra de las piedras fundamentales del grupo: por un lado el diseño creativo de los instrumentos fue una cosa, y por el otro apostábamos a hacer humorismo musical pero bien hecho. Recuerdo que cuando Gerardo escribió la Cantata Laxatón, agrega Carlos Núñez Cortés, yo estudiaba química y llevé un montón de tubos de ensayo con diferente cantidad de parafina en cada uno y los hice sonar como una flauta de pan, como esa flautita que hacen sonar los afiladores de cuchillos, a Masana le encantó el instrumento y así nació el tubófono parafínico cromático.

Si tuvieran que nombrar obras que consideren íconos de Les Luthiers más allá de los éxitos de taquilla como El reír de los cantares, Les Luthiers cuentan la Opera o Todo por que rías ¿cuáles serían?

¡Son tantas!, agrega Daniel: El bolero de Mastropiero, el tango ¿Por qué te fuiste mamá?, el Pepper Clemens, hay muchas obras muy conocidas. Te diría que son íconos porque están en la memoria de la gente, en su momento fueron muy recordadas. Yo me divertía mucho, interviene Marcos, con un personaje que hacía con Daniel -con quien nos llevamos bárbaro arriba del escenario- que era el de José Dubal, un viejo artista de la canción al cual le hacen una entrevista, y se olvida y confunde las cosas, tenía muy buena repercusión en la gente. Otra que me parece una obra fantástica de Les Luthiers es la Cantata Don Rodrigo Díaz de Carrera, el gran poema musical sobre Latinoamérica, en broma por cierto, y también la zarzuela Las Majas del Bergantín. Después hubo un número que hicimos también con Daniel en el que éramos dos políticos que tratábamos de cambiar el Himno Nacional. El esqueleto conceptual de nuestras obras es la figura de Mastropiero, como un compositor un poco particular, autor de las producciones más desopilantes, que impuso un estilo fundacional al grupo. La verdad que una de las virtudes sobresalientes de Les Luthiers y que ejerce un efecto benéfico sobre nosotros mismos es que estamos muy orgullosos de lo que hemos hecho. Jorge Maronna no duda en intervenir: Para mí, las obras emblemáticas son Mastropiero que nunca que tuvo un enorme éxito en teatro y luego en video, y La Cantata de Don Rodrigo. También podemos citar a Bromato de armonio; Blancanieves y los siete pecados capitales, Los Premios Mastropiero, y Les Luthiers hacen muchas gracias de nada. Tal vez tanto éxito se debió a que produjimos algo bastante original y lo hicimos con mucho cuidado y rigor. Lutheraphia, la obra que estamos representando ahora también gusta mucho. Allí se muestra una sesión de psicoanálisis en la que Daniel es el paciente y Marcos el analista. Dentro de ella, a partir de fantasías o sueños de Daniel se representan distintas piezas musicales.

Marcos, una persona importante para ustedes por su creatividad ha sido el Negro Fontanarrosa ¿cuáles fueron sus intervenciones y qué recuerdos tienen de él?

La colaboración del Negro era muy particular: antes de comenzar una nueva obra le contábamos lo que habíamos pensado y él nos mandaba lo que llamábamos “repuestos”, pequeñas líneas de diálogo que podían llegar a servir para lo que estábamos haciendo. Hubo de todo, desde no usar ningún repuesto, o usar sólo algunos, hasta otras ocasiones en las cuales lo que él enviaba era el esqueleto básico de la obra. Eso en el aspecto institucional, en el personal yo era el más amigo de él, en realidad empieza a colaborar porque nos habíamos hecho amigos, lo invité a comer a mi casa, nos unía entre otras cosas el fútbol porque a mí también me gusta mucho. El venía una vez por semana, se reunía con nosotros y como yo en esa época estaba soltero después salíamos juntos, o lo invitaba a comer, así que tuve una amistad cercana por mucho tiempo. Lo lloramos como amigo, como compañero, y lo extrañamos porque era un tipo muy valioso… Daniel no puede sustraerse a evocarlo: El Negro fue el único colaborador externo que tuvimos de manera estable, nos hicimos re amigos, lo disfrutamos muchísimo a él y a su familia. Era muy divertida la gira a Rosario porque incluía poder estar y jugar con él, divertirnos, realizó un aporte muy importante en cuanto a lo creativo durante muchísimos años, casi treinta. Siguió aportando su ingenio prácticamente hasta su muerte, porque no dejó nunca de pensar y mandar cosas, hacía todo por correo, no se movía nunca de Rosario, así que el Negro fue otro pasajero inolvidable en nuestras vidas…

Daniel, en la actualidad ¿cómo surgen los diseños de estos instrumentos informales tan desopilantes y característicos de Les Luthiers?

Hugo Domínguez es nuestro actual artesano. La verdad que la mayoría de los instrumentos los piensa él, generalmente se hacen a partir de una idea de él, y tienen un desarrollo en el que sí intervenimos nosotros, en relación a las necesidades armónicas o musicales que tenemos. Yo por ejemplo, continúa Rabinovich, puedo tocar una cuerda, un viento, percusión, guitarra, trombón, pero lo que más disfruto es el bajo eléctrico, la tuba y la guitarra. De cualquier forma mi instrumento preferido es la voz, a mí lo que me gusta es cantar.

El público que disfruta de estas creaciones de percusión, cuerda y viento ¿tiene alguna predilección por un instrumento u otro?

Los instrumentos prototípicos de Les Luthiers que gustan mucho son esos tubos grandotes con la rueda, el tubófono por ejemplo, los tubitos de ensayo y los violines de lata… esos son los que la gente más recuerda. Después hay instrumentos que se hacen para una obra determinada, me acuerdo por ejemplo, dice Daniel, del shoephone o zapatófono, una máquina con un mecanismo para hacer ruidos de pasos, era un juego que se usaba en la escena de una película. Están los instrumentos del cuartito de baño que son el lirodoro, el nomeolbídet, el calephone y la desafinaducha, cuatro instrumentos sanitarios de un cuarteto llamado Obras Sanitarias. En nuestro último espectáculo, Lutherapia, hay dos instrumentos muy importantes: uno es la exorcítara hecha por Hugo Domínguez, que son tubos de luz que tienen un sonido precioso; y otro es el bolarmonio que ganó el concurso de instrumentos informales de la Expo Les Luthiers 40 años con Fernando Tortosa, un chico artesano. Nosotros le dimos el premio y le pedimos autorización para reformarlo.

Recuerdo que me contaron en otro momento que hubo un proyecto que se truncó: interpretar un show en inglés…

Sí, es verdad, dice Marcos, pero no es que fracasó, sino que nos dimos cuenta que no queríamos convertirnos en artistas políglotas, alcanzaba con el público en español. Vamos haciendo espectáculo por espectáculo, aplicando todo lo nuevo que se nos ocurre, y creo que era es una característica nuestra a lo largo de todo el tiempo: nunca nos propusimos grandes objetivos, siempre tratamos de hacer lo próximo lo mejor posible. Y eso nos vino bárbaro.

¿Después de tantos años de trayectoria y de recorrer el mundo, recuerdan algún imprevisto arriba del escenario?

Sí, continúa Marcos, a veces actuamos en estadios con capacidad para cuatro mil personas, y empiezan a gritar: “no vemos, o no oímos”, allí no sabemos qué hacer, si parar la función o tratar de resolver el problema. Jorge Maronna por su parte, agrega: Ciertos accidentes que sufrimos en el escenario nos obligaron a suspender una función. Una noche mientras representábamos Muchas gracias de nada, Carlos Núñez Cortes se hizo un corte profundo en una mano. Otra vez en Lima, fue un corte de luz generalizado. Por lo demás, casi todos los días ocurren pequeños imprevistos, algunos técnicos, otros humanos, como ciertos olvidos de parlamentos…A pesar de todo creo que para nosotros es suficiente felicidad la de seguir trabajando con tanto éxito después de más de cuarenta años, es un premio con el que nunca se soñó.

¿Son verdaderos amigos o la relación es meramente profesional o laboral?

Entre nosotros siempre hay relaciones de amistad, nos queremos, nos llevamos muy bien, dice Rabinovich, pero no necesariamente vamos a la casa del otro a tomar la leche como cuando éramos chicos, sino cuando uno tiene ganas. Son muy respetados los tiempos de cada uno. No vamos a comer los cinco juntos después de la función, vamos de a dos, de a tres, a veces los cinco, somos bastante libres.

Ustedes recorrieron el mundo con su arte ¿cómo clasificarían a los diferentes públicos que los han disfrutado?

Jorge Maronna fue el primero en responder: el mundo que hemos recorrido es el de América y España; sin desmerecer a los demás hay que decir que el argentino es especialmente cálido y efusivo. Al respecto Daniel agregó: el público que nos ve es el que de antemano nos elige. La gira a la que estamos muy habituados y que nos gusta, nos apasiona y amamos verdaderamente es la gira española. Normalmente nos lleva gran parte del trabajo del año, actuamos más en España que en cualquier otro lugar del mundo, esa es la parte esperada, donde nos sentimos muy cómodos, tenemos muchos amigos, el público de España nos quiere, nos elige, nos lo demuestra, eso es muy agradable porque nos sentimos como en casa.

¿Cómo define Les Luthiers al espectador modelo, aquél que les gustaría tener siempre?

Disfrutamos mucho que nos pueda venir a ver un señor con su familia, y que pueda llevar a los padres y a los hijos, aseveró Daniel.

Ustedes festejaron los 40 años de Les Luthiers con una expo impresionante ¿cuáles fueron las conclusiones que arrojó?

Trabajamos un año entero en la expo y nos salió divina, preciosa, concluyó Daniel, quedamos muy contentos con ella, fue un mes de constantes actos culturales muy importantes. Nos da un poco de pena que no pueda girar por el país, porque la hicimos pensando en que se logre envasar todo en cajas, trasladarse en un camión y llevarse por distintos lugares de nuestra amada Argentina. Lamentablemente cuesta moverla. También hicimos tres concursos, uno de autores, otro de jóvenes intérpretes y de instrumentistas. En fin, tuvo un éxito extraordinario. Pasábamos el día entero en el Centro Cultural Recoleta. Lo que yo más recuerdo es cuánto laburo, cuánta gratificación y amor de la gente. La vieron trescientas mil personas. Cerramos con un acto multitudinario y gratuito al aire libre de ciento veinte mil espectadores en el monumento a Güemes.

¿Queda algún proyecto pendiente, otra producción que les gustaría realizar con Les Luthiers o se alcanzó el éxito total?

Una cosa que trabajamos hace muchos años, justamente con el Negro Fontanarrosa, recuerda Marcos, fue el guión de una película que nunca llegó a filmarse. Salvo eso, lo nuestro es tan artesanal que no tenemos sueños al estilo de escribir la gran tragedia griega o la gran ópera. Es verdad, nos gusta mucho el cine agrega Daniel. Marcos y yo hemos hecho muchos laburos sobre el séptimo arte en los tiempos libres. A mí me hubiera encantado que Les Luthiers filmara una película, sobre todo porque estuvimos como un año trabajando con cineastas como Puenzo, también con Goldenberg, con el mismo Negro, y fue una cosa que se frustró por mil motivos. Eso sí hubiera sido algo diferente porque quizás nos hubiera abierto la puerta de la casa de los holandeses, o de los chinos, de los belgas o los angoleños que no hablan castellano.

Se cierra el telón, hasta la próxima función… donde podamos involucrarnos en el aristocrático, sutil y elegante juego de Les Luthiers, lleno de acertijos insertos en un concierto de música culta de primer nivel.




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