Texto: Lic. Natacha Kaplún (*)
Fotos: Willy Donzelli
LA MAGIA DE LAS MÁSCARAS VENECIANAS EN EL ESTEVEZ
El Museo Municipal de Arte Decorativo “Firma y Odilo Estevez” de la ciudad de Rosario, organizó una exposición de máscaras venecianas, inspirándose en el misterioso y fascinante mundo de las mascaradas. Así se llamaba a las fiestas cortesanas que se hacían en las cortes italianas durante el Renacimiento, cuando los grandes banquetes de la nobleza eran amenizados por obras de teatro, bufones, danza y pantomima. La presentación de esta colección, perteneciente al Maestro Eduardo Talledo, productor de la Compañía Lírica Veneciana de Rosario y referente del Coro de la Iglesia de Lourdes marcó el inicio de la temporada y fue realizada a partir de una propuesta de la Directora de la institución, Profesora Analía García.
Las piezas exhibidas fueron confeccionadas por el reconocido Atelier Ca´Macana de Venecia, taller del matrimonio rosarino conformado por el arquitecto Carlos Brassesco y su mujer Carolina Vicente quienes, tras haberse radicado allí hace décadas, han logrado constituir una marca de identidad que los liga a esa ciudad desde la recreación de un viejo oficio como el de los maschereri, denominación dada a los artesanos dedicados a la fabricación de las mismas. Muestra de su prestigio internacional son las piezas elaboradas para la película “Ojos bien cerrados” de Stanley Kubrick protagonizada por Nicole Kidman y Tom Cruise, cuyas réplicas pudieron apreciarse en la exhibición.
Las primeras huellas de este oficio en el que se combinaban la pasta de papel, un pegamento de harina, gasas y colores se encuentran al final del siglo XIII. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII ascendían a doce los talleres de máscaras en Venecia: pocos si se tiene en cuenta el uso y abuso que se hacía de ellas. En 1600 el gobierno de la República de Venecia, para frenar la moda del momento, prohibió ponerse las máscaras en otra época del año que no fuera el carnaval, en los lugares de culto y en otros horarios que los preestablecidos. La prohibición se extendía a las prostitutas y sus clientes y a aquellos que frecuentaban los casinos.
La máscara blanca o larva, usada tanto por hombres como por mujeres, muy común entre las clases adineradas, la típica capa o tabarro y el tricornio negro habían sido la vestimenta obligada en algunas ceremonias oficiales y actos públicos para poder mantener el anonimato legalizado y conformaban el típico traje llamado bauta. De este modo, todos eran iguales y podían entrar a la ciudad sin ser reconocidos. La dimensión de la larva y su particular formato respondían a dos propósitos: el de modificar la voz de quien la portaba y permitirle a su vez comer y beber sin tener que quitársela. Fue precisamente este carácter igualitario el que convirtió al bauta en el rostro del carnaval de Venecia.
Es así como el carnaval y de modo más tangencial la Comedia del Arte, fueron aludidos en esta exhibición donde las distintas salas de la Casa Museo brindaron un sugestivo marco para montar pequeñas escenas que, recreando fotogramas de un sueño felliniano, mostraron la seducción del artificio y su espíritu inquietante. Al iniciar el recorrido y traspasar la puerta del zaguán dos personajes dispuestos cual esfinges recibían al público visitante, en el Hall Central -tras el biombo- una enigmática y velada mujer ostentaba una máscara en su regazo acompañada por un ser bifronte de ambigua presencia. En el fondo de la sala, bajo los retratos de los antiguos dueños de la casa, figuras vestidas con fastuosas túnicas y máscaras de plumas iridiscentes oficiaban de anfitrionas. Por su parte, dos bufones sentados a la mesa del gran comedor presidían un banquete y sus siluetas apenas corporizadas remitían a los jokers de las barajas de cartas. Las imágenes de la trasgresión se sugirieron en la Sala Francesa y el Parlor. En la primera, Casanova -el gran amante veneciano famoso por sus amoríos- interpelaba a una dama alcanzándole un pañuelo mientras ambos eran observados por otra de gesto indiscreto. De igual modo el zanni –pícaro sirviente- espiaba asomado a dos engalanadas señoras en el espacio contiguo. El despliegue de este juego de apariencias fue posible también gracias al generoso y reiterado gesto desinteresado de los propietarios de dos importantes casas de decoración -los señores Luis Depetris y Federico Kohon de K&D, y el señor Marcelo Salim de Vittorio Telas- quienes, como en anteriores oportunidades, colaboraron con el préstamo de finísimas telas que simularon exóticos trajes y dieron a la muestra un toque de distinción.
Esas y otras situaciones fueron los pre-textos que, a modo de guión cinematográfico inspiraron el montaje de esta exposición, la cual gracias a la gran respuesta del público asistente reprogramó su fecha de clausura postergando su cierre por un mes. Otras actividades como las intervenciones líricas de Adriana Sansone y Juan Carlos Sáez, las proyecciones de “Casanova” de Fellini y “El maestro de música” de Corbiau complementaron la exhibición aportando desde múltiples disciplinas lecturas y prácticas enriquecedoras sobre la temática. En este marco cabe destacar las conferencias sobre La Comedia del Arte y la función de la máscara en el carnaval veneciano a cargo de la Dra. Elena Tardonato y la Prof. María Simoni; la dictada por la Dra. Dora Gómez y el Prof. Julio Rayón sobre la máscara desde el psicoanálisis y el arte presentada por el Psic. Miguel Gómez de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Psicología, y la charla sobre técnica, historia y caracteres de las máscaras dada por Betina Juliano. Por último los talleres del Museo destinados a niños, jóvenes y adultos a cargo de la Prof. de Títeres Soledad Galván, el artesano y titiritero Diego Percik y la Lic. Adriana Palma permitieron un acercamiento vivencial desde el juego y la creatividad a esta ensoñadora y mágica propuesta.
(*) Curadora y coordinadora de las actividades de la exposición en el Museo Estévez, junto a la Prof. Marcela Velles Aguirre.