Texto: Lic. Federico Wyss (*)
TURISMO RURAL EN LA REGION CENTRO

Mil sesenta y cuatro establecimientos rurales ubicados a lo largo y ancho de la Argentina ya abrieron sus tranqueras al turismo. En esta sección y para una mejor comprensión de las actividades y características de este tipo de servicio turístico, hemos detallado en diferentes notas los principales rasgos que adopta en cada una de las regiones argentinas. Completamos el ciclo describiendo las actividades rurales de la zona centro: Córdoba y Buenos Aires.
A pocos kilómetros de la capital argentina y traspasando el abigarrado conurbano, la ciudad se hace pampa en la provincia de Buenos Aires: llanura fértil, vasta, que repite en la tierra la amplitud del estuario del Río de la Plata. Los sistemas orográficos del sur de la provincia poseen una belleza especial, las rocas antiguas afloran en forma de sierras, otorgando al paisaje un especial encanto.
Por su parte, la provincia de Córdoba es un área geográfica que ofrece un clima benigno, amables serranías embellecidas por dilatados valles, altas pampas, arroyos, lagos y ríos de vertientes, el sosiego de sus pueblos y un rico y preservado patrimonio cultural.
Ambas provincias suman trescientos cincuenta establecimientos de turismo rural, brindando al turista una amplia gama de actividades, siendo las tareas típicas del campo (ordeñe, huerta, siembra, cosecha) y las recreativo-deportivas (cabalgatas, caza, juegos de salón, polo, pato, etc.) las predominantes. A ellas se agregan las ecoturísticas (safaris fotográficos, observación de aves, etc.) y las culturales (música y bailes folklóricos, comida típica y destrezas criollas).
Es notable ver la vestimenta que luce, según la ocasión, el gaucho pampeano. En días de fiesta y domingos se engalana de negro de la cabeza a los pies - sombrero en vez de boina, lustrosas botas en lugar de alpargatas - y reluce de platería. Facón en rastra siempre, sin él su atuendo no está completo. Junto al fogón, tanto vale un asado como un mate cimarrón para dar paso a la guitarra del payador, capaz de dar respuesta veloz y en verso a los temas que plantean sus contrincantes durante el desafío mayor: la payada de contrapunto.

Córdoba: encanto serrano
En el corazón del país, la provincia de Córdoba agrupa variadas y atractivas zonas turísticas: Paravachasca, el Noroeste, Traslasierras y la región Norte.
Paravachasca, gracias a su proximidad con el Parque Nacional Quebrada del Condorito, permite excelentes cabalgatas, caminatas y avistaje de cóndores. Además, los ríos, arroyos y el lago Los Molinos proporcionan un acercamiento con la pesca y la naturaleza en su estado más puro. Canchas de tenis, croquet y bochas, circuitos para mountain bike y vehículos de todo terreno, junto a las excursiones a las distintas localidades del valle de Calamuchita suman opciones a para recrearse y disfrutar.
El Parque Nacional Quebrada del Condorito fue creado en el año1996, está ubicado al Oeste de la provincia de Córdoba y abarca parte de las quebradas del cordón de las Sierras Grandes y la altiplanicie de Pampa de Achala. Constituye un punto de confluencia de distintas corrientes florísticas y faunísticas, donde conviven especies del Chaco Serrano, chaqueñas de llanura, austro-brasileras, pampeanas, andinas, patagónicas y magallánicas, podríamos decir que es un punto donde confluyen la Puna y la Patagonia. Un ejemplo de ello es la coexistencia del Maitén y del Tabaquillo.
La quebrada que da nombre a este Parque Nacional es un profundo cañadón en forma de V de ochocientos metros de profundidad, por donde corre el Río de los Condoritos en el corazón de la Pampa de Achala.
En los paredones de la Quebrada del Condorito se encuentran los apostaderos de cóndores. Normalmente el cóndor deja estos lugares por la mañana en busca de alimento, iniciando un recorrido que puede alcanzar más de cincuenta kilómetros. El avistaje de estas aves imponentes está sujeto a distintos factores (temperatura, vientos, estado del tiempo en general, etc.). Otros ambientes propicios para esta actividad son el camino de las Altas Cumbres, Quebrada del Río de los Sauces, etc.
El Noroeste cordobés propone una gran variedad de actividades familiares y de aventura: cabalgatas guiadas, caminatas con reconocimiento de flora y fauna, paseos en originales sulkis, juegos típicos como la taba, el tejo, la herradura, participación en tareas rurales de campo como la cría de ganado y la práctica de la frutihorticultura, como así también la degustación de sabrosos productos típicos, dulces y miel.
La región de Traslasierras ofrece a los turistas la experiencia de preparar una amplia gama de sabores en platos propios de nuestro país, una degustación y explicación del proceso de elaboración de los vinos argentinos, y la enseñanza de las técnicas para la equitación del caballo peruano de paso, entre otras muchas actividades recreativas y culturales.
La parte superior de la provincia o región norte resulta muy adecuada para el cultivo de frutos y hortalizas de estación, además de la cría de aves de corral y ganado vacuno. En los alrededores se desarrollan cabalgatas, magníficas caminatas y avistaje de aves, entre ellas el cóndor.
En Córdoba los establecimientos ofrecen una gama amplia de alternativas. No hay como instalarse en los cascos más tradicionales, en hoteles de campo o en rústicas posadas para adueñarse del encanto serrano. Estancias llenas de historia, establecimientos de producción agrícola-ganadera, puestos en medio de paisajes enriquecidos o agrestes, donde se puede disfrutar del máximo confort o de una vida sencilla ligada a la tierra y a las costumbres del lugar, obteniendo un servicio personalizado y exclusivo.
Los testimonios de la acción de la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba ocupan un lugar de privilegio.Un recorrido místico por las estancias jesuíticas es una experiencia que nadie se debería perder.
En 1599 la Compañía se instaló allí para desarrollar su labor espiritual y educativa, al tiempo que generaba su propia manutención a través de la producción desarrollada en seis estancias ubicadas en las serranías. Formadas entre el siglo XVII y principios del XVIII sentaron sus bases en Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1678) y San Ignacio (1725).
El carácter único y relevante de esta experiencia y sus testimonios patrimoniales ha sido reconocido por la Unesco, que incluyó el Camino de las Estancias Jesuíticas y la Manzana Jesuítica ubicada en la ciudad de Córdoba en la lista de sitios que son Patrimonio de la Humanidad. En la actualidad constituye un itinerario turístico cultural que permite descubrir y conocer valores patrimoniales sin igual, destacando la importancia mundial de estos lugares históricos en medio del suelo cordobés.
Córdoba cuenta con áreas protegidas y ambientes naturales que permiten disfrutar de la vida en contacto con la naturaleza, viviendo experiencias únicas dentro de los principios que garantizan su conservación. Por sendas solitarias, caminando, en bicicleta o de a caballo, escuchando el canto de los pájaros, observando la fauna autóctona o reconociendo alguna flor, capturando paisajes en una fotografía o ascendiendo a algún cerro, se agolpan en la memoria y el recuerdo sensaciones innumerables. También impactan los sitios de fisonomías agrestes como las Salinas Grandes, de vegetación frondosa y pastizales de altura en la montaña, o lagunas y mar en la llanura.

Buenos Aires: tradiciones centenarias
Paisajes campestres, estancias y gauchos fundan los símbolos mayúsculos de la pampa bonaerense. Un salpicón de espacios geográficos que permiten vivenciar la tradición rural centenaria en pleno Siglo XXI, desplegando sus costumbres y abriendo las tranqueras al turismo nacional y extranjero.
Siendo uno de los atractivos de mayor importancia en la provincia de Buenos Aires, el turismo rural congrega infinidad de personas de las más diversas procedencias, interesadas en adentrarse en el mundo del campo argentino.
Los pueblos rurales distribuidos por todo el territorio provincial resultan fieles centinelas de la historia nacional. Los grandes establecimientos dedicados a las tareas cotidianas, los artesanos del cuero y la plata que reciben en sus talleres a los visitantes, y la gastronomía basada en las mejores carnes, permiten el acceso a un estilo de vida único e incomparable, capaz de colmar de placer a quienes atraviesan la tranquera. Espléndidas estancias, emplazadas bajo frondosas arboledas, sumidas en el silencio de la siesta y despiertas desde la madrugada, esperan a los visitantes extendiendo sus anchas galerías y sus patios con aljibe.
Estas estancias invitan a participar de las labores rurales, jineteadas, domas y fogones, con el mismo ímpetu con el que incluyen en su cartelera actividades recreativas como cabalgatas, bicicleteadas, paseos guiados, avistaje de aves, pesca y náutica en lagunas y arroyos, ofreciendo servicios de primera calidad en alojamiento, espectáculos criollos y exquisitos platos típicos
En el territorio de la provincia de Buenos Aires se encuentran diseminadas más de trescientas estancias con espléndidas construcciones rodeadas de grandiosos parques y ocultas bajo añosas arboledas, edificadas en los más variados estilos arquitectónicos, con anchas galerías, patios con aljibe, ventanales artísticamente enrejados e interiores ambientados con muebles de época.
Todas brindan servicios de primera calidad que incluyen alojamiento, espectáculos criollos y comidas típicas. Se pueden realizar actividades propias de un establecimiento rural (jineteadas, domas de caballos criollos, carreras de sortijas, bailes camperos, fogones criollos y guitarreadas) a las que se suman las recreativas y deportivas como cabalgatas, bicicleteadas, paseos en carruajes, observación de aves, pesca y náutica en lagunas y arroyos, polo, golf, entre otros.
La mayoría se encuentra a menos de doscientos cincuenta kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y son atendidas por sus propios dueños quienes cultivan el arte de recibir con cordialidad, para que el huésped pueda experimentar a gusto las costumbres y la historia del lugar.
Para conocer y practicar las tareas rurales, existen también las denominadas “granjas educativas”, organizadas generalmente en predios chicos donde se lleva a cabo un intensivo aprovechamiento de la tierra. Se encuentran allí árboles frutales y gran variedad de plantas, huerta, corrales de aves y pequeños animales, potreros y establos; además de sitios donde apreciar la elaboración de pan, dulces o quesos, recolección de miel, etc. Algunas de estas granjas brindan servicios de alojamiento y camping y completan su paisaje con instalaciones deportivas, quinchos cubiertos y parrillas, especiales para disfrutar de un asado criollo en familia o realizar una visita escolar.
La Provincia de Buenos Aires también se caracteriza por una gran producción de artesanías tradicionales en todos sus pueblos y ciudades. Estas genuinas obras de arte se exponen en ferias y encuentros de artesanos, donde se pueden apreciar trabajos en soga, mimbre, cuero, plata, cerámica, madera, tejido en telar, alfarería, talabartería y herrería. Se pueden encontrar también ropas y atuendos gauchos, fajas y ponchos tejidos en telar, calzado criollo y piezas de trabajo como lazos, maneras y cuchillos criollos. Son típicos los mates elaborados en plata, oro y piedras preciosas engarzadas.
Si bien los artesanos se encuentran dispersos por todo el territorio provincial, existen sitios en donde adquieren mayor relevancia como en San Antonio de Areco, General Paz, General Madariaga, Ayacucho, Olavarría, Azul, Tigre, Balcarce, Chascomús y Carmen de Areco. En todos estos lugares se pueden visitar sus talleres y conocer sus técnicas de trabajo, preservadas por los antepasados como símbolo de continuidad y valoración cultural.
Numerosos pueblos y ciudades de la provincia aún conservan sus características históricas, y mantienen vivas las tradiciones gauchescas que edificaron su patrimonio a través de fiestas populares, en las cuales confluyen la gastronomía criolla y los oficios artesanales como platería, soguería, orfebrería y talabartería. Tal el caso de Ayacucho, Bragado, Carmen de Areco, Exaltación de la Cruz, Magdalena, Brandsen, Chascomús, Castelli, Chacabuco, Mercedes, Pergamino, Ranchos, Monte, Trenque Lauquen, entre muchas otras.
Vivenciar la obra pilar de la literatura gauchesca, "Don Segundo Sombra" recorriendo el pueblo de San Antonio de Areco; visitar la "ciudad gaucha" de General Madariaga destacada por sus asados populares; escuchar como en eco las payadas de Santos Vega en las haciendas de General Lavalle; llegarse a la pulpería de Lobos donde fue muerto el gaucho Juan Moreira; contagiarse de costumbres en los almacenes de campo de Luján… cada paso por la pampa de Buenos Aires guarda su significado particular tornando la experiencia satisfactoria e inolvidable.
Descanso profundo, exaltación de nuevas sensaciones, vacaciones dedicadas al conocimiento y la vivencia del campo argentino, experiencias que se tornan un agasajo para uno mismo tanto en el momento de disfrute, como en el renovado retorno.

(*) Vocal de Parques Nacionales, coordinación Turismo Rural y Ruta 40 - Secretaria de Turismo – Ministerio de la Producción





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