Texto: Verónica Gudiña – Julián Pérez Porto
Fotos: Willy Donzelli
JARDÍN JAPONÉS
LA TIERRA DEL SOL NACIENTE EN BUENOS AIRES
Es difícil encontrar un lugar en Buenos Aires donde tomar un respiro. La vorágine forma parte de la identidad de la capital argentina y el ruido del tránsito es la banda sonora de la vida de millones de porteños. En el barrio de Palermo, sin embargo, se destaca un rincón que reconoce el valor del silencio y la contemplación.
El Parque Tres de Febrero es el pulmón verde de Buenos Aires. Sus veinticinco hectáreas rompen la monotonía de la sucesión de edificios y dejan que los ojos, cansados de tanto gris y cemento, se deleiten con frondosas arboledas, rosedales y lagos. En esta zona palermitana se encuentra, desde 1967, el Complejo Cultural y Ambiental Jardín Japonés, un verdadero oasis en medio de la gran ciudad.
Un pórtico con el estilo tradicional de las casas feudales de Oriente es la puerta de ingreso a esta pequeña porción de Japón en tierra argentina. Apenas unos metros más allá de la entrada es posible apreciar una escultura que combina nuestro escudo nacional con el crisantemo, la flor imperial japonesa, como un símbolo eterno de amistad entre ambas comunidades. No está de más recordar que el propio nacimiento del Jardín Japonés estuvo vinculado al agradecimiento que los inmigrantes nipones quisieron expresar al pueblo argentino que los acogió y que se plasmó en este parque a partir de la visita del Príncipe Akihito y la Princesa Michiko (actuales emperadores) a nuestro país.
La asimetría es la base del Jardín Japonés ya que la filosofía Zen busca resaltar el equilibrio general del conjunto: lo importante, por lo tanto, es la relación entre los elementos. Este tipo de jardines, que pueden ser hallados en todas partes del mundo, siempre tiene una gran carga de simbolismo. La configuración del paisaje a través de las rocas, las islas, los puentes y las cascadas obedece a un cierto fin.
El especialista a cargo de las visitas guiadas que se desarrollan todos los fines de semana se encarga de explicar en qué consisten estos simbolismos. Los islotes del jardín, por ejemplo, representan las cuatro islas principales del Japón. Es fácil advertir que, si uno pensaba que el hermoso entorno natural había sido creado sólo con intención estética, estaba equivocado. Los pinos colorados y negros que ofrecen un refugio del sol simbolizan la vida; el agua, omnipresente durante todo el paseo, muestra el fluir de la existencia y nos brinda la purificación.
La presencia de los habitantes más famosos del jardín -los peces carpa o koi- también tiene su explicación. Estos animales que pueden vivir hasta setenta años representan la fuerza masculina por su capacidad de nadar contra la corriente. Alimentar a los koi es la actividad preferida de los visitantes más pequeños, que se sorprenden al ver a estos peces con su boca abierta fuera del agua, esperando por la comida.
La naturaleza no es el único activo del parque administrado por la Fundación Cultural Argentino Japonesa. Parte de la historia de nuestro país se encuentra detrás de los árboles, flores y estructuras del lugar, y realza su valor. El Patio de la Magnolia nació con una plantación realizada durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. El faro principal del jardín, por otra parte, fue un regalo de la comunidad nipona al cumplirse el 150º aniversario de la Revolución de Mayo. La Campana de la Paz Mundial, hecha con medallas y monedas, tiene el encanto de lo infrecuente: existen menos de veinte en el mundo que tocan al unísono el tercer martes de septiembre para conmemorar el Día Internacional de la Paz.
Entre sushi y bonsái
Diversas manifestaciones de la cultura y las tradiciones japonesas han logrado conquistar a la sociedad occidental, la gastronomía es una de ellas y tiene su lugar en este rincón de Palermo. Sushi, sukiyaki, sashimi, vegetales al wok y helado de té verde son algunas de las delicias que pueden probarse en un restaurante donde todos los comensales compiten por conseguir una ubicación junto a sus amplios ventanales.
Una biblioteca especializada en cultura nipona y temas medioambientales es otro de los atractivos del Jardín Japonés. El recinto presenta publicaciones en todos los idiomas y constituye una importante fuente de material para cualquier investigación vinculada con Japón y las cuestiones orientales.
Otro servicio que brinda el jardín es la venta de plantas y flores en un amplio vivero. Los bonsái, producto de una técnica que permite reducir el tamaño de los árboles a través de la poda y el pinzado, son los más buscados.
Ningún paseo o recorrido turístico puede finalizar sin la infaltable visita a la tienda de regalos. Pequeños buda, dragones, condimentos típicos, utensilios para sushi y postales pueden adquirirse dentro del Jardín Japonés. Quienes lo deseen, pueden acercarse hasta el omikuji para sortear un oráculo y anudar el papel al portal que se encuentra junto a la tienda. La tradición indica que, si el oráculo es positivo, al anudarlo al portal se ligará con la buena suerte. En caso contrario, el enlace permitirá que el oráculo quede atado a un futuro mejor. No hay motivos, en definitiva, para marcharse del jardín sin una sonrisa.
LOS PUENTES DEL JARDÍN JAPONÉS
• Puente plano: Es el más largo del jardín. Construido con madera y pintado de color rojo, ofrece una hermosa vista a la cascada y la posibilidad de alimentar a los peces koi.
• Puente truncado: Representa la dificultad para llegar a la isla de los dioses y de los tesoros.
• Puente curvo (taiko bashi): Supone el estado intermedio entre la Tierra y el paraíso.
• Puente en zig-zag (yatsu hashi): Conocido como el puente de las decisiones, debe ser cruzado por las personas que tienen que realizar una elección. Su diseño ayuda a la meditación.
CEREMONIA DEL TÉ
Chanoyu es la típica ceremonia del té en la que se prepara el matcha (té verde en polvo). Se trata de una importante costumbre social en Japón donde se agasaja a los visitantes. El anfitrión utiliza un kimono blasonado y es el encargado de manejar los utensilios, como el cha-wan (tetera), la cha-shaku (un cucharón de servir hecho con bambú) y el cha-sen (un agitador especial). El Jardín Japonés realiza demostraciones periódicas de esta ceremonia, con la participación de la sensei Emiko Arimidzu.
DATOS ÚTILES
- Ubicación: Av. Figueroa Alcorta y Av. Casares, barrio de Palermo (Ciudad de Buenos Aires).
- Horario: Todos los días de 10 a 18 hs. El restaurante se encuentra abierto de 10 a 18 hs. y de 19:30 a 24 hs.
- Informes: (011) 4804-4922 / 4804-9141
- Página web: http://www.jardinjapones.org.ar