Texto: Lic. Kamala Bonifazi
Fotos: Willy Donzelli
JUAN CARLOS PALLAROLLS
LAPICERAS Y PLUMAS DE ALTA GAMA, SIMBOLOS DE PODER

“Siempre el hombre necesitó mostrar su poder y sus logros. No por casualidad siglos atrás dejaban marcadas sus manos en las cuevas y usaban un bastón que en un principio fue un cayado de pastor. Estos cada vez fueron más importantes y con los años culminaron siendo los báculos de los cardenales y los obispos. Lo mismo sucede con los escudos, los estandartes y los grados militares. En la Argentina el gaucho de nuestras pampas lo hace a través de los cuchillos repujados en oro y plata o agregando monedas a sus rastras. Las lapiceras de plata talladas son también un símbolo importante de poder”.

Juan Carlos Pallarolls.


Los símbolos de la escritura siempre fueron una pasión para el prestigioso platero argentino Juan Carlos Pallarols. Lapiceras labradas con sellos únicos y escudos heráldicos, bastones de mando presidenciales, rosas de plata con leyendas personalizadas grabadas y cinceladas, son algunos de los objetos que surgen de sus manos de orfebre forjando una amplia tradición de estilo y garantizando la exclusividad de sus punzones. Gracias a su oficio de excelencia, de laboriosidad minuciosa y reconcentrada ha alcanzado renombre internacional.

Desde muy chico se sintió atraído por una caja de lápices de la prestigiosa marca Caran d’Ache que le había regalado su padre y escribió sobre ella, una pequeña historia. “Creo que éste fue el puntapié inicial acerca de mi pasión sobre los símbolos de la escritura y el poder -recuerda Pallarols con cierta melancolía- luego en el año ’90 me pidieron de la empresa Telefónica una serie de lapiceras numeradas de plata. Fue un bello trabajo, y me quedé siempre interesado en esta idea”.

Unos años después, en Paris, nuestro artista fue a un remate y escuchó que anunciaban una lapicera con punzón de Pallarols de Argentina, fue a ver qué era y resultó ser una de éstas que él había hecho en aquél entonces. “Se remató por diez veces más de lo que las había vendido yo primariamente –aclara- y el valor diferencial fue que tenía un punzón de autor, es decir mi sello personal, y que además era una serie numerada, de pocas piezas. Eso me despertó más el entusiasmo, vi que se podía trascender a través de ellas”. En aquella época nuestro artista había leído “La Sombra del Viento”, una novela de Carlos Ruiz Safón, donde en el primer capítulo el personaje siendo niño, cuenta su pasión por una lapicera que había visto en la tienda de un anticuario de Barcelona, y la describió como el faro de Alejandría. Pensaba que con esa lapicera se podrían escribir novelas, enciclopedias, cartas, cuyo contenido, mágicamente, llegaría hasta ese misterioso mundo donde su madre estaba desde hacía tanto tiempo. “Eso me despertó completamente las ganas de comenzar a hacer lapiceras y plumas con regularidad”, afirma. Cuando ya había arrancado con la elaboración de algunas de ellas, una periodista que le hizo una nota para una revista internacional, le comentó con textuales palabras: “para mí la mejor es la Dupont en cuanto a la mecánica, el servicio que provee, el tipo de escritura que tiene” y lo contactó de inmediato con el representante de la marca en la Argentina. Habló con él, creyó en su propuesta de diseños exclusivos, y de Paris le mandaron varios modelos con las partes mecánicas; a partir de allí empezó a diseñar las “Pallarols–Du Pont”, que tuvieron muy buena aceptación. “Me quisieron comprar la idea en Paris, para hacerlas en serie, aclara, pero les dije que no, quería diseñarlas en forma manual y exclusiva, y me propuse hacer novecientas noventa y nueve lapiceras diferentes. Así me metí en el mundo de Du Pont, y hoy estoy asociado en un proyecto con catálogo, todas son absolutamente exclusivas, lo cual hace que sea la única marca en el mundo que tiene una serie con todas lapiceras diferentes, porque no hay dos iguales”.

Nuestro orfebre descubrió un universo nuevo, lo empezaron a invitar de Washington, Paris y España a los encuentros de coleccionistas y fabricantes, el más importante se hace en Washington con más de mil expositores, conoció un mundo maravilloso y lleno de historias. Celebridades como Tom Hanks, el Rey Juan Carlos de España y famosos de todo el mundo comenzaron a conocer el arte de Juan Carlos Pallarols y se acercaron a su taller de San Telmo para adquirir sus lapiceras y plumas. “A partir de aquellos viajes al exterior y del encuentro con coleccionistas, mi obra empezó a trascender. Me hicieron notas en las mejores revistas internacionales y llegaron clientes bárbaros, uno de los primeros fue el actor Tom Hanks que me pidió dos lapiceras en cuyo capuchón quería el retrato de cada uno de sus perros: Milo y Nilo. También hice una lapicera para el Rey Juan Carlos de España, copié un dibujo que le había hecho en otras piezas y que a él le había gustado mucho. El recordado y gran amigo Jorge Guinzburg era coleccionista de plumas, así que le hicimos una donde estaba él en el centro y alrededor imágenes de cómicos que admiraba mucho como Tato Bores, Olmedo, Groucho Marx. Coloqué treinta y cinco estrellas hechas con brillantitos porque se la regalaron con motivo de cumplir treinta y cinco años de trayectoria profesional.”

El tiempo de elaboración de estas preciosas obras de arte como lo son estas lapiceras cinceladas trascienden nuestra imaginación y el artista platero lo relata con minucioso detalle. “Llevan mucho tiempo de elaboración porque hay que partir de un retrato, cuadricularlo, transferirlo al espacio de la lapicera que es chico y además curvo. Allí se distorsiona toda la forma, de modo que hay que adaptarlo para que el parecido se mantenga, a veces se hace en semanas y a veces se requiere mucho tiempo más…”

De verdad impresiona gratamente que en un espacio tan chico, se logre reproducir una imagen tan real… “En un capuchón de lapicera hice a la Primera Junta del Gobierno Patrio, después repujé una lapicera para Daniel Barenboim donde cincelé todos los grandes compositores europeos del S XVIII y XIX, luego culminé una para el Papa Juan Pablo II con todos sus escudos episcopales y pontificios… pero lo más importarte, es que cuando yo hago una pluma de estas características, tengo un grado de intimidad muy importante con quien lo viene a encargar”.

La última pieza de este estilo diseñada por Pallarols fue para una señora canadiense casada con un gran deportista en la cual repujó desde la casa donde ella nació, con el lago, hasta sus perros. Y si uno mira a esa lapicera desde el principio al fin, en cada centímetro se encuentra algo que la identifica con su dueño. También hizo un regalo para el Secretario General de las “62 Organizaciones Peronistas”, Momo Venegas, que tiene un retrato de Juan y Eva Perón sobre una cinta argentina que dice “Libre, Justa y Soberana”, un sol, laureles, y diversos elementos que glorifican la figura de estos personajes. Abajo la cinta argentina se transforma en un pentagrama y comienza un repujado con un grabado en miniatura de toda la letra de la marcha peronista con una dedicatoria de sus amigos.

En la actualidad, sabemos, que los símbolos de poder de alta gama como relojes, plumas y lapiceras sintetizan la necesidad del hombre de demostrar sus logros. “Sin lugar a dudas hoy, aclara nuestro orfebre, el objeto por excelencia, las únicas joyas que puede usar un varón es un reloj o una lapicera, ambos pueden llevarse a cualquier parte, no pasa lo mismo en cambio con los yates, las mansiones, o los helicópteros…”

Algunos trabajos resumen la predilección del artista, esa pasión que imprime a su obra. “A mí me atrae cuando estoy representando a grupos grandes de personas o ideas, la de Barenboim es un ejemplo, soy un amante de su música y además tenemos juntos un proyecto para ir a trabajar a Israel y a Palestina. En ese trabajo hice las caras de los grandes referentes de la música mundial: Beethoven, Wagner, Bach, Mendelsohn, Mozart, Chopin, Liszt, fue un homenaje a compositores que yo admiro mucho. Otra lapicera que me dio mucho placer fue la del hijo de Alberto Olmedo, Fernando, que organizó una exposición sobre el padre. También hice trabajos para personas desconocidas pero que son grandes coleccionistas, saben de qué se trata y te piden algo determinado, por ejemplo una lapicera con la imagen de un caballo campeón de su propiedad y cosas por el estilo”.

Luego de tanta minuciosidad nos preguntamos cuáles pueden ser las cualidades más sobresalientes de una excelente lapicera, inquietud a la cual nuestro artista responde con determinación. “El trazo está en primer término, la adaptación a la mano después. Hoy hay plumas y metales con memoria, se aplica a ellas la tecnología de última generación, por ejemplo se la puede prestar, aunque se dice que la lapicera, la guitarra y el caballo no se prestan, ésta se adapta a la mano de quien la toma gracias a la memoria. También la duración, estas lapiceras tienen más o menos dos mil metros de trazo con una sola carga de tinta; la calidad del distribuidor es lo que la retiene, le hace el vacío, y permite por ejemplo que en un avión presurizado la tinta no se derrame sobre la ropa. El último detalle sería la variedad del trazo, desde muy finito a muy grueso. Estas serían las cualidades sobresalientes de una buena lapicera”.

Sabemos que los diferentes países del mundo se disputan el primer puesto en cuanto a la importancia de su fabricación. Nuestro artista, atento a la observación expresa: “Si bien la primera pluma fuente fue realizada por Waterman en EE.UU, se han desarrollado buenas técnicas en distintas partes del mundo, aunque casi todas se hacen en Alemania, lo mismo que la tinta. El diseño y la tecnología que cada empresa le aplica por sí misma a cada marca le brinda una fisonomía especial”.

La grafología desde siempre ha contribuido a desentrañar los rasgos de carácter y temperamento, y las plumas de Pallarols parecen ser el mejor vehículo. “Cuando uno quiere transmitir algo desde el alma todos los métodos son buenos, pero para mostrar la personalidad se precisa la pluma, por eso se siguen haciendo análisis grafológicos; a través de ellos se pueden interpretar montones de expresiones de carácter, temperamento, e incluso de salud. Tengo pensado organizar un encuentro junto a la Asociación Argentina de Grafología, donde la gente pueda probar las diferentes plumas y estudiar los rasgos de expresión de la letra. Con un bolígrafo por ejemplo la letra no tiene expresión, en cambio la pluma, como son dos puntas que se abren va cambiando permanentemente el trazo. Por eso la caligrafía únicamente se puede hacer con ella, podríamos decir entonces que para escribir desde el alma, la pluma es aún hoy, insuperable”.



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