Texto: Lic. Elisa Bearzotti
Fotos: Willy Donzelly y archivo editorial
UN CLÁSICO CON RAÍZ AMERICANA
El tabaco cubano, producto destacado de la economía de la mayor de las Antillas, encierra en sus verdes hojas y singular aroma una historia de más de cinco siglos que le aporta un sello único de elegancia y distinción. La industria del habano en la isla tiene una amplia gama de casi cuatro decenas de marcas y más de setecientos tipos, todos de excelente calidad. Hitos de sabor para paladares exigentes.
Cuenta la leyenda que en el momento de divisar tierra, el almirante genovés Cristóbal Colón envió a dos de sus mejores hombres con las cartas de presentación que los Reyes Católicos habían preparado para los emperadores chinos, creyendo haber arribado a ese punto del planeta. Pero Rodrigo de Xerez y Luis de Torres -los emisarios elegidos- sólo lograron tropezarse con aborígenes que portaban tubos de hojas enrolladas en los labios, encendidas y humeantes. Así, sin proponérselo, Colón puso al descubierto una de las mayores riquezas de Cuba e incluso varios de sus acompañantes, Xerez entre ellos, se aficionaron al consumo de la aromática hoja, incorporando la palabra tabaco al lenguaje del viejo continente.
Aunque en la actualidad se cultiva en casi todo el territorio cubano, la región perfecta es la de Pinar del Río, considerada la cuna del mejor tabaco del mundo. Una perfecta combinación de suelos, clima y humedad dan lugar a un producto que es calificado por los entendidos como único por su aroma, color, textura y sabor, todo ello indispensable a la hora de preparar los famosos habanos que tanta demanda poseen entre la clientela más selecta.
Las delicadas tierras de Pinar del Río aportan casi la totalidad de las capas utilizadas para la envoltura exterior del puro, sometidas a un proceso que puede durar más de un año y que contempla cerca de ciento noventa tratamientos antes de concluir en las manos de un fumador.
Una verdadera obra de arte
La preparación de un habano representa una verdadera obra de arte, trabajada todo el tiempo a mano. De acuerdo a los especialistas el secreto de un buen tabaco está en una perfecta combinación de hojas verdes, secas y livianas. Su creciente aceptación dio lugar al surgimiento de instalaciones diseñadas para la conservación del producto en condiciones ideales. En ese último aspecto entra a jugar el arte de ebanistas especializados, encargados de confeccionar con maderas selectas los espacios donde los habanos se protegen de los cambios climáticos y mantienen el aroma y sabor que los eleva a la categoría de tesoros para sus dueños.
Los habanos cubanos se realizan usando tabaco negro, descendiente directo de las plantas que Colón descubriera hace más de quinientos años. Las marcas más emblemáticas son: Bolívar, Cohiba, Flor de Cano, Fonseca, Rafael Gonzáles Márquez, Rey del Mundo, Romeo y Julieta, Gloria Cubana, Montecristo, Trinidad, San Cristóbal de la Habana, Quintero, Vega Robaina, entre muchas otras.
Dos formas distintas de labranza producen los diferentes tipos de hojas requeridas para su elaboración: las cultivadas en viveros son utilizadas para la parte exterior del habano y las sembradas al aire libre son para el interior. En el vivero, la tela de tapado filtra la luz del sol y retiene el calor permitiendo que las hojas crezcan más y sean más finas: éstas son las condiciones ideales para la hoja de capa. Sólo las hojas más grandes y finas se seleccionan como capas para la confección de habanos, siendo el elemento más costoso en la fabricación de un puro. Las hojas para tripa y capote se cultivan al aire libre, así aprovechan a pleno el sol cubano. El capote es la hoja especial que envuelve a la tripa, define la forma del puro y da el toque final de calidad a la hora de fumarlo. La capa es una hoja exquisitamente fina y elástica que forma la superficie exterior. Contribuye muy poco al sabor pero representa la culminación de la perfección de un habano.
Cultivados con esmero y tradición
El trabajo comienza durante los calurosos meses de junio y julio, y continúa sin respiro por espacio de nueve meses. Se plantan los campos en diferentes momentos para así distribuir la carga de trabajo en cada temporada. El período que media entre la siembra de la semilla y la culminación de la cosecha es de unas diecisiete semanas para las plantas que se cultivan a la sombra, y de dieciséis para las de pleno sol. La cosecha es una ardua tarea puesto que cada hoja debe juntarse a mano. Sólo se pueden tomar dos o tres hojas a la vez, y deberán transcurrir unos días entre cada recolección. Para cosechar una sola planta en su totalidad se requieren unos treinta días. El primer proceso a que se somete una hoja, y del cual depende el éxito de todo el resto, es un lento y cuidadoso período de curación al aire libre que elimina la humedad y permite que alcance un tono carmelita dorado progresivamente. La mayoría se cura en las tradicionales casas de tabaco y dependen completamente de los efectos naturales del clima. Las hojas se ensartan -o unen mediante un hilo- en pares y se cuelgan unas junto a otras. Es necesario ajustar constantemente la ventilación y la luz para permitir las variaciones naturales de temperatura y humedad. Una vez secas se atan en mazos y se trasladan hasta una planta acopiadora. Allí sufren un proceso completamente natural de fermentación, que se desencadena por la propia humedad que contiene la hoja. Así elimina las impurezas y se reducen la acidez, el alquitrán y la nicotina.
Ahora ha llegado el momento de la selección de las hojas según la función que desempeñarán finalmente en el proceso de confección del habano. El tamaño, el color y la textura son los tres criterios por los que se rigen los seleccionadores. Las hojas de capa, tal como es de esperar, reciben una esmerada atención. Primero, se humedecen y orean con el fin de prepararlas para su manipulación. Después, se clasifican en más de cincuenta categorías distintas diseñadas para asegurar que sólo las más perfectas sirvan de vestido a un habano. Cualquier hoja que se encuentre por debajo de patrones de calidad requeridos se rechaza y se destina a otros usos.
Como se ve, todos los detalles son tenidos en cuenta para cumplir con los altos estándares de calidad requeridos en la fabricación de un habano. Tradición y excelencia que obligan a no traicionar las fuentes y mantenerse fieles a las raíces dejadas por los primeros habitantes del suelo americano.
HABANOS QUE CUENTAN HISTORIAS
Los torcedores de puros en Cuba realizan un trabajo manual que requiere destreza y paciencia. El tedio es uno de los peligros con los que deben lidiar mientras las horas se consumen entre sus hábiles manos.
A mediados del Siglo XIX, los artesanos de las fábricas de tabaco tuvieron una feliz idea ¿por qué alguien no les leía en voz alta las novelas por capítulo que aparecían en los diarios de la época? Aparece entonces el Lector de Tabaquerías que, subido a una tarima, narraba día a día las hazañas de Don Quijote y Sancho Panza, el Conde de Montecristo, Romeo y Julieta, y demás personajes de la literatura universal. Los propietarios de las tabaquerías pronto se dieron cuenta de que la propuesta alentaba a los obreros que trabajaban más y mejor, y no dudaron en bautizar con esos nombres a algunos de sus tabacos. De ese modo, las fábricas se convirtieron en foros de cultura popular y el buen hábito de las lecturas se transformó en moneda de cambio entre trabajadores y propietarios que pretendían eliminarlas ante alguna amenaza de huelga. Sin embargo, los narradores de historias en Cuba han perdurado en el tiempo, desde la colonia hasta la actualidad, incorporándose luego también poetas y escritores que deseaban compartir sus propios relatos.
En Cuba el tabaco y la literatura tienen una relación estrecha y profunda. Es que las volutas de humo al descorrerse dejan surgir la pasión y el encanto del devenir humano. Y mejor aún resulta cuando vienen de la mano de una historia bien contada.
PURO PLACER
En Rosario, “El Clásico” es el lugar donde se puede encontrar el tabaco más exquisito, ya sea para ser fumado en pipa o en habano. Con una vasta trayectoria local, Beatriz y Ángel Arce acompañan y asesoran a quienes se regodean con el placer de los mejores cigarros, compartiendo secretos de tradición y refinamiento con cada uno de sus clientes.
Beatriz ¿qué características tiene un fumador de habanos?
Es exigente y exquisito. Nosotros ya los conocemos y sabemos que cada uno tiene su marca preferida, por eso siempre disponemos de una caja lista para ellos, para que semanalmente se encuentren con su provisión especial de cigarros.
¿Cuál es la marca más buscada?
Depende de los gustos porque cada marca tiene un sabor diferente. En relación al habano, el que está acostumbrado a fumar cubanos -que tienen un sabor bien fuerte- no quiere otros. En cuánto al tabaco de pipa está quien prefiere fumar con la “taquia” que es un blend especial a través del cual el tabaco obtiene más fortaleza. Otros le ponen “perique”, un agregado que le da más sabor.
¿Es cierto que el habano es menos nocivo que el cigarrillo o es un mito?
No, no es que sea menos nocivo, sino que no tiene aditivos, es más puro, no se traga el humo, se fuma de una manera distinta, nunca de modo compulsivo. Para fumar un buen habano es necesario estar tranquilo, relajado y acompañarlo con una copa de ron, de whisky… es un placer más relajado, da una sensación de plenitud.
¿En qué país se fabrican los mejores habanos?
El habano por excelencia es cubano, pero cuando los cubanos emigraron a Ecuador, a Dominicana, llevaron semillas, y hoy esos países también tienen tabaco de excelente calidad pero con otra fortaleza, porque es otro sol, otro suelo y otro cultivo. El tabaco de Dominicana es mucho más suave por ejemplo.
¿Cómo se logra la perfección en la cobertura de un habano?
Se usan las mejores hojas, generalmente las que están en la parte de abajo de la planta de tabaco porque son las están más sanas. Se colocan en secaderos y luego se trabajan con mucha tranquilidad y parsimonia. Algunos habanos tienen capa cubana, otros capa panameña.
¿Las mujeres también fuman habanos? ¿Qué eligen?
Sí, sí, tenemos varias clientas. Algunas eligen el cigarro grueso, pero lo que ocurre es que en la mitad el tabaco se hace fuerte, entonces las mujeres en general llevan media corona, algunas una corona, pero es raro que una mujer fume un robusto.
¿A qué se le llama una corona?
Es una medida, son las vitolas que tiene cada cigarro. Cada marca tiene una medida establecida: los hay de media corona, corona entera, robustos, ahora sacaron torpedos que son mucho más gruesos.
¿Fumar un habano es un placer elitista, es muy caro?
Nunca algo es caro cuando la calidad lo vale.
¿Cuánto vale el mejor habano que tienen acá?
Entre 120 y 150 pesos. Pero no es cierto que el mejor habano es el Cohiba, porque es un cigarro que no cualquiera puede fumar, es fuerte, requiere un paladar especial. Para quien se inicia en este placer es recomendable comenzar por un cigarro dominicano que es más suave, de vitola chica, o una coronita que es un cigarrito de diez centímetros, es decir no lleva mucho tiempo, uno no se cansa y se comienza fumando algo bueno.
¿Qué es un humidor, para qué sirve?
Es un cofre que sirve para guardar el tabaco bajo estrictas condiciones de temperatura y humedad. Se usa tanto para el tabaco de pipa como para puros. Nosotros tenemos de varias dimensiones, para guardar desde doce cigarros hasta cincuenta, algunos tienen sus herrajes bañados en oro. Es un artefacto para clientes exigentes, porque les permite