Texto: Kamala Bonifazi

«El arte no es sólo para elegidos».
JULIO BOCCA
Se abre el telón y el embrujo se apodera del público. Cuando Julio Bocca aparece en el escenario el tiempo se diluye y los sentidos encuentran un punto de apoyo. Sus piernas se elevan, los brazos dibujan alas, los giros desafían al vacío. Un artista es siempre un hecho extraordinario, un centro de luz. Pero ésta no brilla sin esfuerzo, sin la energía del trabajo constante y cotidiano. Y Julio sabe mucho de esto. En la extensa charla que mantuvimos con él nos introdujo en un mundo poblado de anécdotas, recuerdos y proyectos futuros, todo ello jalonado por una intensa actividad que se multiplica día a día.
Julio, se nota una entrega total en lo que hacés, ¿Considerás que el arte es sólo para elegidos?
"No, no es sólo para elegidos. El arte es para quien lo elige como medio de vida. Después todo depende del esfuerzo y la suerte que acompañe".
Claro, pero ese enorme talento que poseés requiere de un lugar donde desarrollarlo. Primero fue el estudio de danzas de tu madre y luego las aulas del Teatro Colón, donde desde los siete años se cobijaron tus sueños de niño inquieto. Adivino el apoyo incondicional de tus padres que debieron ser tan especiales?
"Bueno, en realidad a mi viejo no lo conocí. No estaba casado con mi vieja, y murió antes de que yo me enterara de nada. Su lugar lo tomó mi abuelo Nando, que sí era un ser muy especial. El me guió en la vida y lamentablemente no pudo verme bailar en el Colón como era su sueño. Realmente lo quise como a un padre. ¿Y qué te puedo decir de mi vieja? Es verdad, es una mina muy, muy especial. Independiente, con una carrera hecha como maestra de danzas. Con su marido, con el cual compartían la profesión, viajaban todo el tiempo de acá para allá para participar de concursos de baile. Nunca se metió en mi vida, salvo para apoyarme en mi carrera. No falta a un solo estreno, igual que mi abuela. Ella también es extraordinaria y además hace las milanesas más ricas del mundo".
En el año 1985 obtuviste la medalla de oro en el 5º Concurso Internacional de Moscú. Supe que una anécdota sustanciosa coronó ese momento.
"Sí, por la mañana, con Raquel Rossetti nos presentamos a recibir la medalla y a la noche bailamos en la gala de premiados. Repetimos el pas de deux de Don Quijote y en un momento me caí sentado. En un segundo pensé: ahora me sacan la medalla. Por suerte no fue así y el público aplaudió a rabiar".
A partir de allí tu carrera se proyectó a nivel internacional. Al poco tiempo fuiste contratado por el American Ballet Theatre dirigido por el genial Mikhail Baryshnikov y en el ?87 fuiste considerado el mejor bailarín del año por el prestigioso diario "The New York Times". Fuiste también primera figura en las más prestigiosas compañías de danza clásica y contemporánea como el Bolshoi, el Royal Ballet y el Teatro Kirov. Se fueron sucediendo viajes, escenarios y países: un vértigo que aún no acaba. Sin embargo no puede dejar de sentir que "tu lugar en el mundo" es Buenos Aires.
"El mundo es el lugar donde trabajo, pero no es mi casa. Mi casa está en Buenos Aires, ciudad que amo y que no cambiaría por ninguna".
A juzgar por la cantidad de lugares que visitás por año, pareciera que el movimiento es tu condición natural.
"¿Sabés que no? El movimiento no es mi condición natural. Siempre que puedo me quedo en casa. Prefiero estar tomando sol al lado de una piscina o jugando al truco con amigos. Pero si me tengo que mover, me muevo, y trato de que me salga lo mejor posible".
Julio, ¿Cómo comenzaste con esta actividad tan dura y al mismo tiempo tan gratificante?
"Se empieza desde muy chico, lo más chico posible para que el cuerpo, los músculos, los huesos se adapten al tremendo esfuerzo físico que requiere la danza clásica. Luego es necesario encontrar buenos maestros, una buena escuela y darle muy duro. Es importante rodearse de un buen entorno, tanto familiar como de amigos. Por último, al comenzar a trabajar profesionalmente, no hay que pensar solamente en el éxito, sino en brindar lo mejor de uno, haciendo las cosas desde el corazón aún cuando éstas no sean las más convenientes comercialmente".
Sabemos lo importante que ha sido para tu carrera la figura de Lino Patalano. ¿Cómo se inició esta importante relación entre ambos?
"Cuando gané la medalla en Moscú pensé que alguien debía ayudarme a cumplir con mi sueño: hacer del ballet algo popular. Un amigo me habló de Lino y yo le propuse que me representara. El me pidió un día para pensarlo porque estaba completamente alejado del mundo del ballet. Finalmente me respondió que él no representaba artistas sino que producía espectáculos y me ofreció ser su socio por un año. Yo le dije que firmaría un contrato pero por tres años. Fue la única vez que firmamos un papel". Y remata con una argumento que tiene algo de lógica y mucho de agradecimiento: "No sé que tipo de carrera hubiera hecho sin Lino, pero sé que la que tengo, en gran parte, se la debo a él".
A alguien con tu trayectoria no se le puede dejar de preguntar cuál fue el lugar del mundo que más te ha cautivado.
"Mirá Kamala, el público me ha recibido siempre bien en todos lados. Tal vez fue impresionante pisar por primera vez el Metropolitan, la Opera de París o el Palacio Hermitage de San Petersburgo... pero tampoco me olvido de la calidez del público de nuestras provincias, donde he actuado en teatros que no tienen todas las condiciones técnicas necesarias. No podría decir acá fue mejor o allá peor. No sería justo".
Dos proyectos sumamente importantes forman parte de tu vida actual. Uno de ellos es el Ballet Argentino, expresión de tu empeño por difundir el baile en todos los ámbitos creado en 1990 con el apoyo de Lino Patalano y la dirección de Lidia Segni. Sabemos que su repertorio abarca todos los estilos y muchos maestros reconocidos internacionalmente han participado de sus obras. Ahora recuerdo que como primeros bailarines actuaron Eleonora Cassano, Cecilia Figueredo y Hernán Piquín, entre otros. ¿Cuál es tu meta siguiente en relación al ballet?
"Ahora mi meta es que el Ballet Argentino sea representativo por sí solo, aunque yo no baile ? dice Julio ? y lo estamos consiguiendo. Las críticas son excelentes y tiene una gran afluencia de público".
Es indudable que tu trabajo Julio, ha influido para que el ballet se difunda fuera de los ámbitos tradicionales. Tus apariciones en el Obelisco, la cancha de River o el Luna Park han generado un espacio cultural novedoso y trasgresor. Uno de tus espectáculos más exitosos es "Bocca Tango". Evidentemente llevás el tango en la sangre?
"El tango es como el mate o el dulce de leche, tan "nosotros". Si me tengo que expresar como verdaderamente soy elijo el tango y no Don Quijote. El tango tiene esa cosa pasional, nostálgica, avasallante que nos caracteriza. Sí Kamala, tenés razón, al tango lo llevo en la sangre".
Otro proyecto que te apasiona es la Fundación Julio Bocca, lugar de formación artística para jóvenes y adultos interesados por el baile. ¿Cuáles son tus expectativas en relación a ella?
"Quise crear la escuela a partir de mi experiencia personal ya que no hay muchos lugares apropiados para el aprendizaje del ballet. Comenzamos con la Escuela de Clásico, seguimos luego con la de Comedia Musical y finalmente creamos la Fundación que tiene como objetivo principal la difusión de la danza. Con las becas que otorgamos queremos lograr que los bailarines del interior del país, con pocos recursos, puedan perfeccionarse durante un año en Buenos Aires con todos los gastos pagos. Soñamos para el futuro poder tener una Escuela Integral que incluya tanto una formación académica ? escuela primaria y secundaria ? como la formación artística. Así los alumnos se evitarían correr de un lado para otro como hacía yo cuando era chico".
Justamente, tantos años de esfuerzo y tesón han dejado una huella en tu vida. Las propias exigencias amenazan a veces con empañar los logros obtenidos. ¿Cómo lográs armonizarlas en los diferentes aspectos de tu vida, tan pródiga y creativa?
"Por suerte he llegado, luego de mucho trabajar y de algo de psicoanálisis, a armonizar mi trabajo con mi vida privada, mi familia y mis amigos. Ahora me tomo vacaciones un par de veces al año y luego, al volver al escenario, me siento mucho más feliz. En los momentos de descanso, hago sólo aquello que tengo ganas. Me encantan las playas del Caribe o ir a la quinta de algunos amigos y quedarme horas tirado al sol, comiendo y tomando lo que se me antoja".
Pareciera que ya no te quedan sueños por realizar. Sin embargo sabemos que tenés una pequeña aspiración para el futuro.
"Puedo decirte tranquilamente que como bailarín no me queda ningún sueño por cumplir, pero nunca bailé en la India. Llevo recorridos los cinco continentes pero nunca pisé la India. Es un sitio que me atrae por su mística. No quisiera retirarme sin antes haber bailado allí".
En un determinado momento de la vida se suele hacer un balance. Luego de una trayectoria tan intensa como la tuya ¿se te ocurre pensar "si no fuera bailarín sería?"? ¿adónde te gustaría dirigir tus pasos en el futuro?
Siempre quise ser lo que soy. Pero recuerdo que a veces, en lugar de jugar a los bomberos o a los cowboys, jugaba a estar en una oficina, revisando papeles. Tal vez por eso - luego de que me retire a los cuarenta años - me dedicaré a producir para otros, sentadito en un escritorio, sin preocuparme por la pancita.
Julio, habrás notado que nuestras tapas de "Sólo Líderes" fueron dedicadas a Renee Favaloro, Carlos Páez Vilaró, Walt Disney, China Zorrilla y ahora vos, el mejor bailarín argentino? ¿quiénes serían a tu criterio infaltables en nuestras tapas futuras?
Me siento muy honrado de figurar junto a esos nombres. Podés poner a quien quieras, pero eso sí Kamala, a ningún político. Al menos que alguno realmente lo merezca, cosa que mirando alrededor dudo bastante.

Ambos nos reímos mucho con su imprevista apreciación y nos despedimos prometiéndonos un próximo encuentro.
Camino a casa seguí disfrutando una sensación muy especial. La reciente charla con Julio me había transportado hacia otro mundo y continué por el resto del día saboreando el enriquecedor momento vivido. Sentí además que cuando tenemos el privilegio de conocer en profundidad la vida de un artista de la talla de Julio Bocca, asistimos a un acto signado por la magia de Dios porque es El justamente quien depositó en ese ser una misión que cumplir: iluminarnos con su arte universal.
Es esa magia la que danza al compás de la música. Ese cuerpo esbelto como un cisne modelando figuras y destellando belleza, los brazos alzados al cielo en total armonía. Es Julio Bocca, el mejor bailarín argentino. Allí está, magnífico sobre las tablas, el público atónito lo observa. De pronto el premio no se hace esperar y un aplauso atronador le devuelve su propio corazón: la vida que puso sobre el escenario.
 
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