Texto: Lic. Carolina Cansino

"Nostalgias de otros mares".
LA BOCA Y CAMINITO
"Caminito que el tiempo ha borrado,
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez,
he venido a contarte mi mal".
(Versos de Gabino Coria Peñaloza y música de Juan de Dios Filiberto)

Sensual, fugitiva y pasional. Uno de los cien barrios porteños. Su corazón es una caja de bombones. Cuna de conventillos, humareda, Riachuelo y de un Caminito con sabor a tango. Quinquela Martín le robó su mejor sonrisa y la impregnó para siempre en la historia del arte argentino. La Boca es color, el color que amanece en aguas tristes para teñir la atmósfera de un rincón abrumado con nostalgias de otros mares.

La Boca fue el puerto natural de Buenos Aires hasta la construcción definitiva ubicada más al norte ideada por el Ingeniero Eduardo Madero. Los expertos coinciden en que fue el suelo en donde Pedro de Mendoza fundó la ciudad de Santa María de los Buenos Aires en 1536.
Pese a las condiciones adversas padecidas a orillas del Riachuelo nada impidió que por el año 1830 un grupo de inmigrantes, en su mayoría provenientes del Ligure italiano, fueran de a poco asentándose en lo que antiguamente se denominaba "La Boca del Riachuelo" o "Puerto de los Tachos". Más allá del predominio genovés que tiñó de estridencias el ambiente, griegos, yugoslavos y turcos decidieron armarse barracas y colorear aún más un barrio que se desplegó del horizonte por la personalidad excéntrica de sus habitantes.
Marineros de paso y humildes trabajadores alzaron los primeros bastiones, las pulperías eran los sitios de encuentro donde el dialecto xeneixe, propio de los genoveses, alcanzaba su máximo esplendor. Fundaron clubes deportivos, espacios culturales y editaron diarios. La Boca es uno de esos lugares en donde las opacas condiciones naturales abrieron paso a las aptitudes artísticas de sus habitantes. Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Fortunato Lacámera son algunas de la personalidades que inundaron con su genialidad La Boca y el mundo.
Más allá de la extravagancia presa en la sangre de las almas procedentes de este pedacito de tierra, lo cierto es que el origen de las fachadas coloridas se debe más a la desventura económica que a una ambición estética. Los trabajadores y navegantes propios del Riachuelo entonaron sus hogares de chapa y madera con las pinturas que le sobraban de los barcos, y como generalmente los restos no eran de un color homogéneo se vieron obligados a entintar sus humildes casas con la diversidad de matices que el azar les proporcionaba. Así es como la estética de La Boca surge de la afortunada unión entre las escasas posibilidades económicas y los espíritus sensibles capaces de ver en lo cotidiano más que el reflejo de un Riachuelo atormentado por la pobreza.
La Boca nació del arte de un hombre que reinventó su mundo sobre telas y murales para hacer realidad las orillas de un paisaje imaginado. El artista plástico Benito Quinquela Martín rescató el color de La Boca. Hoy ella se viste de gala pese a que su maquillaje inicial poco se emparentaba con anhelos ornamentales.
Ya en 1930 el barrio se había convertido en un paisaje pintoresco, en un submundo con personalidad propia. Los colores estrepitosos hijos de la fatalidad construyeron por fortuna su esencia. En la actualidad miles de turistas desean conocerlo y descubrir esa mezcla de universalidad, tango y Buenos Aires que sus acuarelas despliegan. Su ribera brinda actividad portuaria y se encuentra dividida en dos tramos: Ribera del Riachuelo y la Dársena Sur Portuaria.
Una bocanada de bohemia termina con elegancia la curva de un Arco Iris comenzado en un cielo gris... es "el Caminito" imborrable "bordado de trébol y juncos en flor". Para conocer el corazón de La Boca hay que atravesar ese "Caminito" donde cien metros ondulados se atrincheran entre casas de colores. Es una calle peatonal de la Argentina, pero no una más. Lejos quedó aquel yuyal lleno de piedras y ramales llamado originalmente "La curva": hoy es Buenos Aires, es dos por cuatro y visita obligada de transeúntes cosmopolitas. Con aires vieneses ese estrecho pero animado paseo es la pincelada más acertada de este rincón marinero.
Caminito sabe a tango y en sus paredes se deslizan los versos de Gabino Coria Peñalosa quien prestó su talento a la universalidad de un paisaje argentino. En 1926 Juan de Dios Filiberto le puso música a los versos del riojano y rápidamente aquella callecita de ensueño se sintió merecedora de esas rimas, se convirtió en su referente ineludible y en la dueña de su nombre. Caminito le debe su denominación al tango y también quizás sus mejores poesías.
Además del genio de sus habitantes, la peculiaridad de la arquitectura que desemboca en una configuración singular, proviene del zigzagueo del Riachuelo que termina con la fría línea recta y posibilita el juego seductor de las curvas.
Entre los lugares que merecen atención especial están el Museo de Bellas Artes de La Boca, el teatro de La Ribera, la Bombonera -afamada cancha de fútbol perteneciente al equipo de Boca Juniors-, el Museo de Cera ubicado en la antigua casa del ex diputado Alfredo Palacios -otra personalidad preponderante oriunda de este rincón del mundo-, el Santuario Nuestra Señora Madre de los Emigrantes, la Iglesia de San Juan El Evangelista y por supuesto La Vuelta de Rocha donde puede visitarse el antiguo "Puente de La Boca" que enmarca y patentiza al barrio alcanzando vida inmortal en la obra de Quinquela Martín.
Millares de orígenes hacia un mismo derrotero. La Boca es color, curvas y encuentro. Cosmopolita por esencia y netamente argentina por destino. Concentra el paradójico humor de la nostalgia rioplatense y lo mezcla con la alegría onírica de sus raíces extranjeras. Sueños de una noche de verano y realidad agobiante de trabajadores en busca de un cielo mejor. Un barrio que supo ser distinto y que encontró su identidad en la diversidad... pintó un Caminito y eligió recorrerlo.


"Caminito cubierto de cardos,
la mano del tiempo tu huella borró...
yo a tu lado quisiera caer.
y que el tiempo nos mate a los dos."


 
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