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Kenzo: El mundo es bello

Kenzo: El mundo es bello

A mediados de la década de 1960 un joven japonés se instaló en Francia con ansias de triunfar en la industria de la moda. Cinco años después de su llegada, pudo lanzar su primera colección y abrir su propia boutique. Ese fue el punto de partida de una carrera que creció hasta niveles impensados y que convirtió su nombre en una de las marcas más reconocidas del planeta.

Hoy Kenzo es sinónimo de lujo y creatividad en una amplia variedad de productos, desde prendas de vestir hasta carteras pasando por zapatos y sus clásicos perfumes.

La ciudad de Himeji, ubicada en la isla de Honsh?, es famosa por su castillo, considerado como uno de los edificios medievales mejor conservados del Japón. La estructura, cuya construcción se inició en 1346, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde hace dos décadas y media.
Miles de personas se acercan cada año a conocer el Castillo de Himeji, el máximo emblema local. Pero esta urbe tiene otros motivos de orgullo. Como la trayectoria que forjó uno de sus hijos más célebres en el terreno del diseño: Kenzo Takada, el hombre que salió de su pueblo natal Himeji para cautivar a mujeres y hombres de todo el universo de la mano de su talento único.

Aquéllas revistas de moda de sus hermanas…

Nacido el 27 de febrero de 1939, fue el quinto de siete hermanos. En su familia no sobraba el dinero, aunque Kenzo siempre tuvo acceso a algo que lo fascinó desde pequeño: las revistas de moda de sus hermanas. Aquellas páginas que lo hechizaron con fuerza inusitada marcaron su destino y lo llevaron a definir a temprana edad cuál sería su oficio o profesión. Takada se propuso vivir entre telas, hilos y agujas, incluso cuando sus padres pretendían otro camino para él.
Luego de un fugaz paso por la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe forzado por las presiones familiares, el tiempo el joven se rebeló y aquél Kenzo apostó por su futuro ingresando al Bunka Fashion College para impregnarse de esa libertad que le daban los diseños. En esta institución, que acababa de permitir el acceso a estudiantes varones, encontró el lugar perfecto para adquirir los conocimientos teóricos y técnicos que necesitaba para desarrollar su arte. Una vez que tuvo su título bajo el brazo, y tras desarrollar algunos trabajos para grandes almacenes de Tokio, el japonés no lo dudó y partió rumbo a Francia, la meca del glamour y el diseño. Allí lo esperaba su futuro y la prosperidad que le brindaría aquello que amaba.

Rumbo a la fama

A comienzos de 1965 Takada desembarcó en Marsella pero pronto se instaló en París. No le resultó sencillo acostumbrarse al contraste cultural ni dejar atrás las tradiciones orientales para adaptarse a la sociedad occidental. Pero tenía en claro cuál era su meta. Kenzo vendió bocetos a otros diseñadores y asistió a todos los desfiles que pudo para darse a conocer y establecer contactos que lo ayudaran a progresar.
Poco a poco, fueron llegando los éxitos. En 1970 pudo mostrar una colección de su autoría con una presentación en la galería Vivienne y abrió su primera boutique, que bautizó Jungle Jap y cuyo concepto giraba en torno a la vitalidad y la exuberancia de la selva. Ese mismo año consiguió que una de sus creaciones llegue a la tapa de la prestigiosa revista “Elle”.
En el ’71, Kenzo dio un paso más y pudo exhibir sus trabajos en Tokio y en Nueva York. Para entonces los especialistas ya comenzaban a advertir un estilo muy personal, basado en los estampados llamativos y en los colores intensos. Con la técnica del quimono como inspiración, Kenzo evidenció su enorme capacidad para fusionar diferentes formas asimétricas con sentido estético, imponiendo la marca con su nombre desde 1976.

El más parisino de los diseñadores japoneses

Considerado como el más parisino de los diseñadores japoneses, Kenzo se instaló en la zona de Place des Victoires y logró que un barrio tradicionalmente vinculado a los negocios se vuelva un ícono de la moda. Cuando llegaron los ’80, no había nadie en la capital gala que no supiera quién era el nipón de anteojos y aspecto juvenil que se había planteado revolucionar las tendencias a fuerza de imaginación y esfuerzo constante.
Para Kenzo, la pasarela siempre fue el escenario de una fiesta. El diseñador concebía la presentación de sus productos como un espectáculo y se encargaba de que sus modelos transmitieran alegría e irradiaran la belleza de sus vestidos, pantalones, camisas y abrigos. En pos del show, llegó a subirse a un elefante a modo de cierre de los desfiles.

Sus prendas con diseños exclusivos, una segunda piel…

Como muchos diseñadores, Takada se inició creando ropa para mujeres de forma artesanal. Con los años se animó a incursionar en la indumentaria masculina e incluso para niños. Además, bajo su marca lanzó una inmensa variedad de artículos: calzado, bolsos, carteras, anteojos, relojes, sombreros, gorras, paraguas… Pero hubo un producto que terminó consiguiendo tanta popularidad como sus prendas: sus perfumes.
En 1988 el asiático presentó su primera fragancia, orientada a las mujeres: Kenzo by Kenzo. Su aroma floral conquistó al mercado de manera automática. Tres años más tarde, los hombres también empezaron a tener la posibilidad de perfumarse con propuestas de Takada gracias al lanzamiento de Kenzo Homme.
Año a año, los perfumes de Kenzo fueron multiplicándose y muchos de ellos se volvieron verdaderos clásicos. Como Flower by Kenzo, que desde 2000 es el emblema de sus productos aromáticos.

Una flor, un símbolo indeleble de belleza y paz

Una fotografía de 1967 que registra una escena de una protesta pacifista contra la guerra de Vietnam fue la inspiración para el nacimiento de Flower by Kenzo. La imagen tomada por Marc Riboud muestra a una activista enfrentándose a las fuerzas de seguridad con una flor como única arma. Kenzo sintió que esa postal resumía a la perfección el poder ilimitado de una flor para convertir al planeta en un lugar dotado de mayor belleza.
A partir de esa premisa se erigió el valor simbólico del perfume y de la marca en general, que empezó a tomar a las flores como punto de partida de acciones promocionales y solidarias. En Buenos Aires, Londres, Moscú, Madrid, Viena y muchas otras ciudades, por ejemplo, la empresa plantó decenas de miles de amapolas para producir intervenciones urbanas de alto impacto. Cabe destacar que esta especie vegetal no tiene olor; Kenzo se lo aporta impregnándola de Flower by Kenzo.
La publicidad de Kenzo World fue otro hito en la historia de su negocio aromático. Dirigida por el cineasta Spike Jonze, responsable de “¿Quieres ser John Malkovich?”, “Donde viven los monstruos” y “Her”, se trata de un cortometraje protagonizado por la actriz Margaret Qualley, quien se levanta en medio de una gala formal y empieza a bailar como poseída. La coreografía del clip, que se sigue emitiendo a casi dos años de su estreno, corrió por cuenta de Ryan Heffington.
 



Texto: Redacción Sólo Líderes