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Luis Novaresio: Una voz jerarquizada

Luis Novaresio: Una voz jerarquizada

Luis Novaresio es la síntesis de la sobriedad y el prestigio profesional. A través de nuestra charla intimista, surgió la fisonomía de un ser profundamente arraigado a los afectos, sus amigos son la familia por elección, “una felicidad absolutamente palpable”, según sus textuales palabras.

 A lo largo de nuestra cálida conversación, surgieron además otros temas profundos como la fuerza del deseo como arquitecto de la vida, los avatares de una profesión muy exigente, su tristeza ante la finitud de la existencia, la configuración esperanzada de un país inclusivo con igualdad de derechos, y la adrenalina de los proyectos que nos mantienen vivos…

Amante de libros como “El Quijote” de Cervantes y la “Señora Dalloway” de Virginia Woolf, también manifiesta su predilección por Borges, José Saer y Cortázar porque, según sus propias palabras, son imprescindibles en la literatura argentina. Marguerite Yourcenar y Caravaggio, Miguel Ängel y Mick Jagger, son artistas que lo deslumbran. Ferviente amante de la montaña, y de una rica copa de vino Malbec de Mendoza junto a ricas pastas, sueña también con disfrutar cada año de cualquier lugar de Brasil para pasar sus ansiadas vacaciones, y recibir como regalo, algún día, un viaje all inclusive a la India, China o Japón. Es apasionado de canciones brasileñas interpretadas por Maria Bethânia y también manifiesta disfrutar de todo aquello que huela a limón, quizás porque este aroma le trae reminiscencias de su infancia en Rosario, de la casa de su abuela, de cuando iba siendo muy pequeño a visitarla… Luis sueña siempre en silencio desde su amada Plaza Serrano, su lugar en el mundo, en la gran capital porteña…
Luis, ¿qué recuerdos tenés de tus padres y otros seres queridos que te hayan marcado a fuego?
-De mis padres tengo los mejores recuerdos. Me siento un privilegiado al poder decir que los quise mucho y que los admiro profundamente. Mi padre Luciano fue inmigrante de la post Segunda Guerra Mundial y vino a la Argentina para forjarse un futuro por un par de años y se quedó toda su vida. Aprendió el idioma siendo autodidacta y era mi referente intelectual. Un hombre honesto, convencido, de acción. Mi madre también fue una persona de una tenacidad enorme, con condiciones adversas en su historia familiar y que sin embargo, se sobrepuso a todos los problemas. Otra mujer de acción, quizás impulsiva, pero muy persistente.
Naciste en Rosario ¿cuál fue el barrio de tu infancia y qué recuerdos tenés de aquella época?
-Soy rosarino de pura cepa, es verdad. De padre italiano, emigrado en el ’48, como recién les comenté y de madre rosarina, pero muy italiana. Nací medianera de por medio del Club El Tala. Cochabamba entre 1º de mayo y 25 de diciembre; una infancia en un departamento de pasillo ancho, hermoso, feliz... Tengo los mejores recuerdos de aquella época, porque tuve amigos de mi cuadra con los que jugábamos en la vereda y compartíamos la pileta del club. A la vuelta de casa, estaba la maestra de piano. Del otro lado, la dentista, y en la esquina, el almacén. En la otra esquina, la mercería y enfrente el médico. Un barrio en serio. Tengo el mejor recuerdo de mi niñez y adolescencia. Fui feliz. Y, sí, recuerdo mucho la pileta del Club El Tala, quizás porque amo la natación como deporte.
¿Cómo es un día tuyo en la cotidianidad en la capital porteña? Imagino que deben ser jornadas con mucha adrenalina, porque te vemos en muchos medios desplegando tu oficio…
-Sí, es verdad, mis días tienen una dinámica bastante exigente. Me levanto a las 4:00 de la mañana, para ser exactos a las 4.01 porque no me gustan los números pares, para empezar a leer los portales y los diarios online preparando el programa de radio. De 6:00 a 9:00 hago radio la red, en realidad hasta las 9:30 porque hacemos un pase largo con Eduardo Feinmann. Después trato de hacer algo de actividad física hasta el mediodía en el que suelo tener alguna reunión. Dos veces por semana grabo notas para Infobae y a las 10:09 de lunes a jueves, grabo el programa de entrevistas en el Canal 24.
Sos abogado y periodista rosarino y has trabajado varios años en Canal 3 y Radio 2 de esta ciudad tan hermosa surcada por el río Paraná, ¿por qué tomaste la decisión de buscar un rumbo diferente yendo a Buenos Aires a desarrollar tu profesión?
-En realidad, no fue una decisión que surgió de mí. El irme a Buenos Aires fue una sucesión de oportunidades fruto de propuestas ajenas. Es cierto que a lo largo de mi vida muchas veces fantasié con esto, pero la oportunidad vino de otro lugar. Hace unos cuántos años, Mariano Grondona me invitó a hacer un informe en “Hora Clave” por un episodio de nuestra provincia. Le gustó mi trabajo y me ofreció venir al domingo siguiente, así me quedé tres temporadas. En ese programa me vio Daniel Hadad, que me ofreció hacer los domingos de 10 a 12 en Radio 10. Al año siguiente, me propuso venirme de lunes a viernes para hacer el regreso de la radio y las mañanas de C5N. Ahí pensé que era una gran oportunidad, no podía desaprovecharla. Al menos probar y ver qué pasaba. De allí en más mi vida profesional en América Televisión, Radio La Red y el Diario digital Infobae, me mantienen en continuo movimiento.
¿Te fue difícil adaptarte a los nuevos ritmos de la televisión y la radio?
-Sí y no. En Rosario estaba acostumbrado a trabajar mucho. En ese sentido no hay cambios. Sí es difícil acostumbrarse a la adrenalina de los medios porteños, con cambios todos los días, con un nivel de competencia muy fuerte, con el rating minuto a minuto encima de la cabeza y con el vértigo de una ciudad de diez millones de habitantes.
A nivel afectivo y profesional, ¿has visto diferencias entre nuestra gente en Rosario y en la Capital?
-En el trabajo es muy difícil hacer amigos en Buenos Aires. El vértigo del trabajo del que te hablaba lo impide, sin contar que es una ciudad maravillosa pero hostil en la vida cotidiana. No puedo hacer muchas comparaciones porque en Rosario trabajé veinte años y aquí no llego a ocho. La carencia de medios nos hace más versátiles y sabemos hacer de todo. También es cierto que aquí en la Capital se trabaja más. Nadie que termina un turno de trabajo se olvida de su laburo. Si lo hacés, te pasan por arriba. La calidad del trabajo periodístico de Rosario es muy buena. En algunos casos, superior a la capital porteña. Buenos Aires es una ciudad maravillosa, la oferta de cosas por hacer o de conocer es inmensa, es difícil habituarse a una ciudad tan grande y como toda mega polis es una ciudad con claros y oscuros, te lleva por delante. Extraño de Rosario la lógica de sus dimensiones y el hecho de conocer sus rincones por completo y de tener allí, tantos amigos entrañables.

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Texto: Lic. Kamala Bonifazi