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Roberto Cavalli: Explosión de color

Roberto Cavalli: Explosión de color

Al italiano Roberto Cavalli se lo suele asociar a la buena vida. Siempre se muestra elegante, rodeado de lujo y disfrutando los placeres terrenales. Sin embargo, detrás de un presente que lo encuentra posicionado entre los grandes de la moda internacional gracias a una trayectoria de más de medio siglo, hay una historia de esfuerzo y de sólidos lazos familiares que lo ayudaron a sobreponerse a las adversidades.

Roberto Cavalli nació el 15 de noviembre de 1940 en Florencia. Cuando tenía apenas tres años de edad, sufrió el fusilamiento de su padre a manos de soldados alemanes en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El paso del tiempo borró todos sus recuerdos de Giorgio, su progenitor, excepto uno: las últimas palabras que le dirigió, pidiéndole no tener miedo. Aquel encargo paterno fue obedecido por Roberto desde entonces y hasta hoy, ya que nunca dejó que el temor le impidiera avanzar. De su madre, modista, heredó el interés por la indumentaria, aunque optó por formarse en la Academia de Bellas Artes de Florencia, tal vez atraído por el legado de su abuelo, un destacado pintor del grupo de los Macchiaioli. Ambas influencias se fusionaron a la hora de desarrollar su carrera profesional.
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Las inquietudes estéticas llevaron a Roberto Cavalli a experimentar con diferentes técnicas de estampado textil en su juventud. De hecho, todavía estudiaba cuando sus diseños florales sedujeron a varias compañías italianas. A comienzos de la década de 1970 presentó un procedimiento para imprimir sobre cuero que cautivó a Pierre Cardin y a Hermès y le permitió empezar a hacerse conocido en la industria de la moda. Por aquellos años no solo lanzó la primera colección con su nombre, que presentó en un salón de París, sino que además inauguró su primera boutique. El lugar elegido: la exclusiva Saint-Tropez, una de las joyas de la Costa Azul francesa. Los parches de diversos materiales, las prendas ostentosas, los detalles barrocos y el animal print pronto se convirtieron en su huella.
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La explosión de popularidad de Cavalli llegó en los ’90. Sus jeans gastados mediante una técnica de abrasión con arena se erigieron como un clásico inmediato gracias al sorprendente efecto logrado con este proceso. Dispuesto a diversificar su oferta, el italiano comenzó a incursionar en múltiples sectores y a crear diversas líneas. Perfumes, ropa interior, artículos infantiles, anteojos, carteras, relojes, joyas, mantas, accesorios decorativos, platos, tazas… El universo de la marca se expandió casi sin límites. El crecimiento fue tan amplio que Cavalli lanzó un vodka prémium, una gama de chocolates gourmet y su propio vino, además de crear establecimientos gastronómicos y de ocio como el Cavalli Club y el Cavalli Café. Hasta desarrollos inmobiliarios y hoteles llevan su sello.
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Por su creatividad, Roberto Cavalli se convirtió en aliado de numerosas celebridades. Christina Aguilera, Jennifer Lopez, Shakira, Marc Anthony y las Spice Girls, por ejemplo,

 

lo eligieron como responsable de su vestuario en grandes giras. Playboy, en tanto, le pidió que actualice los trajes de sus conejitas. A las fiestas que suele ofrecer en su yate, por otra parte, han asistido estrellas como Sharon Stone, John Travolta, Uma Thurman, Justin Bieber y Kylie Minogue. En cuanto a las figuras que desfilaron con sus prendas y protagonizaron sus campañas, aparecen Naomi Campbell, Rita Ora, Nicki Minaj, Victoria Beckham y Laetitia Casta, entre otras.
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Más allá de su dedicación al trabajo, Cavalli también se dio tiempo para el amor. En 1964 contrajo matrimonio con Silvanella Giannoni, madre de sus dos primeros hijos: Tomasso y Christiana. La pareja se disolvió una década más tarde. Tiempo después la bella Eva Düringer se adueñó de su corazón. Ex Miss Austria, Düringer fue finalista del concurso Miss Universo en 1977, certamen que lo tuvo a Cavalli como integrante del jurado. La relación se formalizó en 1980 con el casamiento y del vínculo nacieron Robert, Rachele y Daniele. Aunque siempre se mostró como un bon vivant, retratándose a bordo de sus embarcaciones de lujo, fumando puros y rodeado de modelos, en su autobiografía “Just me” Cavalli confesó que su imagen pública no es más que una fachada y destacó la importancia de los afectos en su vida real: su madre, su hermana, Düringer e incluso Giannoni, su primera mujer.
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En “Just me”, el libro donde volcó sus memorias, Cavalli eligió distanciarse del ícono de la moda italiana que es hoy para centrarse en las vivencias del ser humano que tuvo que recorrer un largo camino hasta alcanzar la cima. El italiano se muestra como alguien que nació en el seno de una familia modesta y que logró llegar a lo más alto por su fuerza de voluntad. En la presentación de esta obra, publicada en 2013, afirmó que no se considera diseñador ya que jamás bosquejó una silueta: “su talento”, como él mismo lo define, consiste en lograr que las telas y las mujeres se vuelvan especiales. En este marco, confesó que sigue soñando con crear vestidos que, por su belleza, estén en condiciones de cambiarle la vida a quienes los lucen.
 



Texto: Redacción Sólo Líderes