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Paul Cezanne: La fuerza del arte

Paul Cezanne: La fuerza del arte

Suele ser mencionado como el padre del arte moderno. Sin embargo, su vida transcurrió lejos de los aplausos y de la fama. No fue aceptado en la École des Beaux-Arts, los críticos solían darle la espalda y sus obras pasaban desapercibidas para el gran público. El panorama comenzó a cambiar en sus últimos años, cuando realizó su primera exposición individual en una galería parisina.

Desde ese momento, su trabajo consiguió otra valoración. Hoy Paul Cézanne es reconocido como uno de los pintores más influyentes del siglo XIX y como un precursor del cubismo.

El francés Paul Cézanne nació el 19 de enero de 1839 en Aix-en-Provence. Aunque siempre estuvo interesado en las cuestiones artísticas, tomó la decisión de formarse en Derecho. De todos modos luego optó por instalarse en París para seguir sus sueños de lienzos y pinceles. Al principio asistió a la Académie du Suisse a modo de preparación para ingresar a la École des Beaux-Arts, pero su postulación para esta entidad fue rechazada. Cézanne siguió adelante, realizando copias en el legendario museo del Louvre y pintando al aire libre con su amigo Camille Pissarro. Las primeras muestras organizadas por los impresionistas lo tuvieron como expositor, aunque los comentarios negativos que recibió lo llevaron a distanciarse del grupo y de los circuitos más frecuentados. A partir de entonces, Cézanne eligió forjar su camino de modo individual, a su manera.

Cuentan los historiadores que el Salón de París no aceptó ninguna de las obras que Paul Cézanne presentó entre 1864 y 1869. Ese mismo año el artista conoció a Marie-Hortense Fiquet, quien se convertiría en su musa, compañera sentimental y madre de su hijo. La pareja se instaló en L’Estaque en 1870 para evitar que Paul sea forzado a alistarse en
el marco de la guerra franco-prusiana. Aunque al finalizar el conflicto bélico ambos volvieron a París, durante muchos años vivieron entre la capital francesa y diversas zonas del sur francés. Mientras tanto Cézanne continuó dando rienda suelta a su creatividad pictórica y de a poco se alejó del impresionismo, forjando su propio estilo. De acuerdo a los especialistas, los trazos geométricos y el uso de zonas de color planas son las características principales de su obra, aclamada en la actualidad pero relegada en el siglo XIX.

Hay quienes califican a Paul Cézanne como ermitaño. El hecho de no ser reconocido por sus pares y por los críticos lo llevó a recluirse y a dedicar casi todo su tiempo a experimentar con los colores y las formas. Pasó por una etapa oscura donde le otorgó preponderancia al tono negro, pintó paisajes impresionistas y sentó las bases de lo que
sería el cubismo. Su estilo particular no siempre fue aceptado y por eso tuvo algunas dificultades para mantenerse a nivel económico. Su padre le brindó asistencia financiera en diferentes pasajes de su vida, aunque esa ayuda no fue constante. El alivio material llegó en
1886, cuando su progenitor falleció y accedió a su herencia. A partir de 1895, con su primera exposición individual, sus cuadros fueron incrementando su valor en sintonía con el crecimiento del reconocimiento hacia su figura.



Paul Cézanne mantuvo una entrañable amistad con uno de los máximos exponentes de la literatura francesa del siglo XIX: Émile Zola, a quien conoció durante su infancia en Aix-en-Provence. Fueron compañeros de escuela y nada hacía suponer que, en algún momento, el vínculo entre ambos pudiera romperse. Pero los destinos de los hombres no están escritos y fue una novela de Zola el desencadenante de la pelea. En “La obra”, el literato narró las vivencias de un personaje que bautizó como Claude Lantier, un pintor fracasado. Cézanne, al leer el libro, encontró demasiados puntos en común entre este artista de ficción y su propia vida, algo que lo disgustó. Paul se sintió traicionado y decidió no ver más a su ex amigo. Apenas le agradeció por carta el envío del libro en cuestión y, más adelante, volvió a escribirle al recibir otra de sus obras literarias.

La amistad entre Paul Cézanne y Émile Zola fue llevada al cine por Danièle Thompson en 2016. El filme, titulado “Cézanne y yo”, tiene a Guillaume Gallienne como el pintor y a Guillaume Canet en la piel del escritor. La propuesta muestra cómo congeniaron estos dos individuos que se conocieron con realidades muy diferentes: mientras que Cézanne provenía de una familia con buen pasar económico, Zola quedó huérfano a temprana edad y tuvo que atravesar múltiples penurias. Paul, sin embargo, renegó de los beneficios sociales para concentrarse exclusivamente en sus cuadros, mientras que Émile se acercó a la burguesía que antes lo molestaba para crecer en el terreno de la literatura. Cuando Cézanne se sintió ofendido por el retrato que, desde la ficción, Zola hizo de él en “La obra”, la relación llegó a su fin, tal como muestra Thompson en su película.

 

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Texto: Redacción Sólo Líderes