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Maxi Oviedo: El arte de capturar recuerdos

Entre risas, lágrimas, abrazos, miradas…la vida de Maxi Oviedo transcurre en universos donde la felicidad es el componente principal. Allí, donde las emociones afloran y se tornan únicas e irrepetibles, asume el desafío de inmortalizarlas. “La fotografía es una máquina del tiempo, más allá de la imagen, propone un viaje para reencontrarte con quien eras: sentimientos, personas, lugares, aromas”, así metaforiza este artista para definir a la profesión que eligió hace más de veinte años.

El recurso de contar historias puede verse en sus fotos, donde la retórica de lo espontáneo predomina por sobre lo tradicional. En las diferentes charlas y disertaciones que ha dado en el país y en el exterior, destaca la importancia de poder narrar en imágenes las emociones de una boda, la alegría de los quince o documentar la magia y la frescura de la infancia.
Es el creador del Congreso Nómade de Fotografía y Video, que se inauguró en agosto de este año en San Nicolás, su ciudad natal. Mientras trabaja en lo que será la edición 2020 en Buenos Aires, se prepara para ser orador en el Wedding and Portrait Photographers International de Las Vegas, el evento fotográfico de bodas más importante del mundo.
¿Qué buscás a la hora de fotografiar una boda?
Mi objetivo principal es lograr un impacto emocional, sin descuidar la estética y la composición. Busco que el cliente pueda tener un recuerdo para toda la vida, porque la foto va tomando valor con el tiempo y se genera un registro que le permitirá a futuras generaciones conocer la historia de esa familia. En una boda puedo haber hecho la mejor foto de mi vida desde el punto de vista artístico, pero el cliente va a elegir siempre la que más lo emocione, por ejemplo, por el simple hecho de aparecer junto a un ser querido.
¿Cómo trabajás el vínculo con el cliente?
Cuento con algo clave que es la plena confianza de ellos hacia mi trabajo, lo cual me da la libertad de desplegar mi creatividad. Siempre me siento muy cómodo. Desde un primer momento hago todo lo posible por generar un vínculo de confianza con el cliente, hablo y los escucho mucho, los invito a probar cosas diferentes, siempre en un ámbito de buen humor que atenúe cualquier inhibición a la hora de estar frente a la cámara. Pero hay algo muy importante que es la empatía, poder percibir y comprender lo que siente la otra persona; eso en términos más generales, pero en mi profesión se trata de mirar a través de los ojos del otro. Observar los vínculos entre ellos, conocer a quienes están alrededor para poder lograr ese impacto emocional del que hablé al principio.
¿Todo eso también lo aplicás en la fotografía infantil?
Mi trabajo en la fotografía infantil surge a partir de las bodas. Siempre me llamó la atención fotografiar niños en las ceremonias y que después de entregar el trabajo los padres de esos niños comenzaron a contactarme para que les haga un book, o parejas a quienes les he hecho su boda vuelven a contratarme para hacer fotos de embarazo o el bautismo de su primer hijo. Eso es muy lindo. Trabajar con niños es algo que disfruto mucho. Trato de interactuar con ellos a través de juegos para conectar con esa espontaneidad que los caracteriza.
¿Cómo fueron tus inicios en la fotografía?
Tuve la ventaja de tener un padre fotógrafo que me enseñó todo. Me crié en un estudio de fotografía, y algo que ocurrió durante estos años es que pude aplicar muchas de las actividades que hoy hacen a mi profesión. En San Nicolás fui a un colegio técnico donde pude aprender mucho sobre iluminación, el dibujo técnico me ayudó en las proyecciones, a entender cómo se ven las luces y las sombras. La fotografía trasciende lo meramente técnico, en nuestras fotos, siempre aparece algo de nosotros: por ejemplo, de chico a mí me apasionaba el río y la naturaleza y hoy me encanta trabajar en esos ámbitos, en lugares poco accesibles, para poder lograr algo diferente.
Sos muy activo en las redes sociales, ¿cómo fue esa adaptación?
Tuve que acostumbrarme a utilizarlas. Tanto los clientes como los alumnos que participan de mis capacitaciones, me contactan a través de las redes sociales. Las diferentes plataformas facilitan la posibilidad de mostrar tu trabajo; con el simple hecho de poner un hashtag a tu foto, la están viendo millones de personas que siguen ese hashtag sin que sea necesario que sigan tu cuenta. El problema es que también demanda mucho tiempo, por eso tengo un equipo que me ayuda en ese ámbito. No es lo que más me agrada, pero te diría que en estos tiempos, si querés vivir de la fotografía, es casi una obligación utilizarlas.

 

 

 


 



Texto: Redacción Sólo Líderes