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Cony La Greca: El arte me salvó la vida

Cony La Greca: El arte me salvó la vida

La creatividad corre por sus venas y se potencia con un espíritu inquieto que constantemente la anima a una incesante innovación. De este modo, la fotógrafa Cony La Greca explora nuevos universos y plasma su pasión desde numerosas actividades. Por ello, esta notable artista, que se licenció en Economía Empresarial, no concibe una vida sin música, sin fotografías ni pinturas; ama los desafíos y da lo mejor de sí misma en cada proyecto que encara, dejando en ellos una impronta muy personal.

Ama el olor a tierra, a arena, a mar, a campo, a montaña… su abuela Gloria siempre le transmitió la pasión por los colores y las pinturas. Su abuela Mamone le inspiró el amor por la música y de su tío Hernán, heredó la devoción por la fotografía. Las calas de España, la gente de la calle, la naturaleza, la canela y el jengibre, también la sumergen en un mundo mágico y epicúreo imposible de no disfrutar, porque para ella la vida es pasión.
Su alma aventurera y su definida personalidad, la han llevado a dar vueltas por el mundo acumulando conocimientos y vivencias que aún hoy, le sirven para crecer tanto a nivel profesional como personal. Nueva York fue esa ciudad fantástica que la sumergió en el mundo de los conceptos; Cony La Greca es ante todo, una artista con inquietudes que tiene muy claro su ruta. Su fuerte compromiso, sus ganas y su temperamento decidido, la transformaron en una fotógrafa que se destaca al momento de hacer retratos porque aprendió a volverse invisible para captar la expresión justa de cada personaje, o mirándolos a los ojos y dirigiéndolos, llegándole hasta el alma con solo una mirada.
A través de una charla intimista, Cony, productora y también una talentosa DJ, nos permitió adentrarnos en la esencia de su vena artística, y acceder a hacer foco en su historia y sus sueños, superando en Instagram los treinta mil seguidores desde su cuenta @conylagreca.
Nuestra charla, por ejemplo, nos permitió saber que a esta bella joven que aconseja pasar algún tiempo en el exterior sin compañía, a fin de auto conocerse y convivir con lo mejor y lo peor de uno mismo, le seduce la pintura y aprovecha cualquier recurso a su alcance para enriquecer sus fotos tipo cuadros, transformando todo aquello que llega a sus manos. En la actualidad, su atención está puesta sobre las fotografías intervenidas, aunque se confiesa amante de la fotografía documental y una creativa siempre dispuesta a mostrarse por medio del arte, hechizando a todo aquel que deposite su curiosidad sobre ella y sus trabajos.

Cony, ¿cuándo fue ese momento en que te diste cuenta de tu faceta de artista?
- Creo que cuando nací, pero no lo registré. Es difícil asumir ser artista en un hogar regularmente estructurado, hacerse cargo e ir para adelante confiando en uno. Siempre fui muy creativa y ahora explota mi creatividad en todas las artes. Vengo de una familia con una empresa en la cual nunca pude lograr encajar porque siempre supe que tenía otra cosa que hacer. Y cuando me animé a salir de la zona de confort y conocí mi mundo, ya no hubo vuelta atrás.
¿Heredaste de tus padres esta pasión por la fotografía?
- A mi papá le encanta, pero sobre todo a mi tío Hernán, su hermano. Lamentablemente hoy no está en este mundo, falleció cuando yo tenía tres años, tengo todos sus negativos. Me sacaba fotos incansablemente. Seríamos grandes colegas. Este año me enteré que mi papá había sido DJ cuando tenía 19 años con sus dos mejores amigos. Se habían armado una empresa de técnica y hacían fiestas pero no me lo había contado nunca… o no lo recordaba, no sé.
¿Qué papel juegan tus emociones al momento de retratar una imagen?
- Más que lo que dice la Ley de Pareto, que establece que haciendo el 20% del esfuerzo se pueden lograr el 80% de las cosas. En este caso, las emociones serían un 80% del trabajo y todo el resto el 20%. Es una labor energética muy fuerte, en especial cuando sos muy sensible. Si no estás bien ni conforme o algo te molesta, a veces hasta es preferible no hacerlo o suspenderlo.
¿Qué sensaciones querés lograr en el ser que observa tu foto?
- Entendí y decidí que no me afecte cómo lo recibe el espectador. Que vean lo que quieren ver. Si ven un mono buenísimo, si ven un dinosaurio, espectacular, si están en el mismo trip que yo, genial. Si están en otro, perfecto. Si el otro es mejor que el mío, abierta a escucharlo.
¿Cómo definirías tu arte?
- Mi arte es mi forma de comunicación al mundo. No me gusta discutir, no me banco los debates eternos, soy un poco intolerante a las fuerzas de opinión, me aburro y me voy. Si no me entienden me molesta un poco, pero soy muy abierta a escuchar todo tipo de opiniones. Casi que no sé juzgar. Amo las diferencias. Como diría Julio Cortázar: “La verdadera explicación simplemente no se puede explicar”. Si vamos a lo técnico, mi parte suele tener un toque de transgresión, un poco del mundo underground, o marginal, grunge. Me gusta mezclar estilos, épocas, texturas. El contraste entre lo grunge / under y la moda. Cómo lo llevo a cabo depende de un montón de cosas, en especial del estado de ánimo, de las tendencias. Miro constantemente, lo que me llama la atención lo adquiero.
Sé que Nueva York te ha marcado a fuego, contame por qué y cómo fueron tus inicios allí.
- Llegué a Nueva York pensando que iba a estudiar Diseño Industrial y terminó siendo un curso de Arte Conceptual. Me dio vuelta la cabeza. Esto fue en el 2012, la capacitación, intensiva y de un mes de duración, se llama “Management Design” en la “Parsons The New School of Design”. Me enamoré de todo. De los grafitis, los músicos callejeros, del estilo cosmopolita. Me sentí yo. Nadie me miraba, no llamaba la atención por vestirme como quería, por usar sombreros o camperas con flecos. En Buenos Aires me sentía observada. Allí tuve mi primera experiencia laboral en el mundo de la publicidad, fui asistente de una vestuarista argentina muy conocida que estaba viviendo allá. Planché ropa, recorría los locales para conseguir propuestas de vestuario. Me pidió que me quede para asistirla en la campaña de Victoria’s Secret pero no logré convencer a mis padres, así que me volví. Dos temporadas después regresé, esa vez para realizar un curso de tres meses en la “International Center of Photography School” (ICP), otra experiencia espectacular. Cuando conocí el mundo del cine en Argentina cambié de rumbo y me fui a Los Ángeles a estudiar Filmmaking en la “New York Film Academy”.

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Texto: Lic. Kamala Bonifazi