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GUSTAV KLIMT

GUSTAV KLIMT

Nació en un hogar humilde pero su talento le permitió conseguir una beca para formarse en la Escuela Alemana de Artes y Oficios. Más allá de los estudios académicos, heredó la atracción por el dorado de su padre, quien trabajaba como grabador de oro. Gustav Klimt, referente de la Secesión de Viena, supo maravillar a la crítica pero también la escandalizó con sus retratos de desnudos femeninos. Muchas de sus modelos fueron sus musas y algo más: el pintor tuvo, al menos, catorce hijos con distintas mujeres.

El 14 de julio de 1862, en la pequeña localidad austríaca de Baumgarten, nació el segundo descendiente de Anna Finster y Ernst Klimt. La pareja, que luego tendría otros cinco hijos, lo bautizó Gustav. El pequeño pronto evidenció su interés por el arte, posiblemente influenciado por la labor de su padre, dedicado al grabado de oro. O tal vez por la sensibilidad de su madre, aficionada al canto. Gracias a sus primeras muestras de talento, Gustav Klimt pudo eludir la estrechez económica de su familia y asistir a la Escuela Alemana de Artes y Oficios mediante una beca. Así, entre 1876 y 1883, la Kunstgewerbeschule se convirtió en su segunda casa y en el lugar donde adquirió los conocimientos técnicos necesarios para reflejar con precisión sus ideas, sentimientos y emociones sobre el lienzo.
En sandalias y con túnica. Gustav Klimt pasaba así la mayoría de sus días, encerrado en su estudio. Cuando estaba en medio del desarrollo de algún cuadro que lo subyugaba, apenas interrumpía la faena para comer algo y descansar de a ratos. En esas instancias su ritmo de trabajo era febril. Más allá de encontrarse cada tanto con los miembros de la Secesión vienesa, por lo general evitaba las reuniones sociales y eludía los cónclaves entre intelectuales. Tampoco solía mantener correspondencia con sus colegas. A diferencia de muchos otros artistas, Klimt no era apegado a las discusiones teóricas ni a los manifiestos. Prefería que su obra hablara por él y por eso no dejó documentos con explicaciones o descripciones de su actividad.
A Gustav Klimt le fascinaba la mujer. Se sentía especialmente cautivado por las pelirrojas y por aquellas que cumplían con los estereotipos de femme fatale. El artista convivía en su taller con numerosas modelos y musas, disfrutando con libertad de su sexualidad. Aunque nunca contrajo matrimonio, tuvo, al menos, catorce hijos. De todos modos siempre logró mantenerse al margen de los escándalos públicos. Entre pasiones y aventuras varias, hubo una dama especial en su vida: Emilie Flöge, a quien conoció a comienzos de la década de 1890. Desde entonces siempre se mantuvo cerca de ella, la retrató en varias oportunidades y hasta algunos sostienen que, en “El beso”, el pintor representó a ambos. De acuerdo a una versión muy difundida, cuando su existencia se estaba apagando y se encontraba al borde de la muerte, Gustav preguntó por su amada Emilie.

La primera etapa artística de Gustav Klimt es calificada por los especialistas como clásica y académica. Mientras estudiaba, se unió a su hermano Ernst y su amigo Franz Matsch para trabajar en conjunto. La Compañía de Artistas, tal como llamaron al emprendimiento, se orientó a la decoración. Gustav, de todos modos, también fue forjando su propio camino de manera individual, encargándose de la pintura interior de diversos edificios públicos de Viena. Los murales que creó en el Teatro Nacional de Viena, el Burgtheater, le valieron la Orden de Oro al Mérito, una distinción que le otorgó el emperador Francisco José I de Austria. Cuando su padre y su hermano fallecieron, Klimt ya se encontraba bien posicionado para seguir ganándose la vida como artista. También estaba listo para continuar avanzando en la búsqueda de un estilo personal, ese que lo llevaría a la fama.
En 1897, Gustav Klimt se erigió como el primer presidente de la Secesión de Viena, un movimiento ecléctico que propuso un rumbo distinto al promovido desde la academia. Sus integrantes no abrazaban ningún estilo en particular ni quisieron fijar sus principios a través de un manifiesto: la intención era renovar el arte. Pese al rechazo que provocaron muchas de sus obras, la Secesión vienesa logró contar con una sala permanente de exposición gracias al apoyo que le brindaron las autoridades. Los miembros del grupo eligieron a la diosa Palas Atenea como símbolo. Esta divinidad fue representada por el propio Klimt en un cuadro de 1898. Sin embargo, el pintor optó por alejarse del colectivo diez años después para proseguir su derrotero sin ataduras ni convenciones.
La última etapa de vida fue dura para Gustav Klimt. En 1915 se produjo el deceso de Anna Finster, su madre. Tres años después, mientras luchaba contra la gripe que avanzaba como epidemia por el continente europeo y se enfrentaba simultáneamente a una feroz neumonía, sufrió un infarto y su corazón se detuvo. Poco tiempo antes, había sido distinguido como miembro honorario de la Academia de Bellas Artes de Viena y la Academia de Bellas Artes de Múnich, quedando atrás la mala consideración de parte de la crítica hacia sus obras más polémicas. Al momento de morir, Klimt tenía 55 años y mucho trabajo por hacer. En su taller, de hecho, quedaron numerosas obras sin terminar. Los nazis luego se encargaron de confiscar y destruir varios de sus cuadros aunque, por supuesto, no pudieron borrar un legado que llegó hasta nuestros días y sigue despertando admiración.
Aunque pintó algunos paisajes, Gustav Klimt prefería retratar personas. Él mismo no se consideraba “especialmente interesante”, por lo cual no se mostró atraído por los autorretratos. Las figuras femeninas, en cambio, sí captaban su atención y despertaban su pulsión artística. Muchas de sus obras fueron calificadas de obscenas y hasta pornográficas: a Klimt le gustaban los desnudos y las poses sensuales. Para minimizar la condena de las miradas más conservadoras, era habitual que apelara a simbolismos y alegorías con el objetivo de suavizar el componente erótico. En cuanto a su estilo, los tonos dorados, plasmados muchas veces a través del uso de pan de oro, se convirtieron en su sello. “El beso”, “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, “Dánae” y “Judit I” están entre sus trabajos más conocidos
 



Texto: Redacción Sólo Líderes