Inauguración del Nuevo Hospital de día Oncohematológico
Lo que me hace inmensamente feliz es mi hijo Dionisio, toda mi familia, y la creación de espectáculos. Es muy difícil hacer esta clase de shows porque requiere de mucha gente, costos elevados, además de generar todos los efectos especiales al estilo Las Vegas y Broadway.
Yo no compro una receta o una licencia, yo viajo al exterior, veo cosas magníficas y quiero, que, al crear un espectáculo, tenga mi sello, mi estilo, mi impronta, es decir que sea enteramente mío, que lleve mi ADN, y no sea una copia de otro en absoluto. Yo soy quinta generación de gente de circo, mi hijo pertenece a la sexta generación, nací en un circo y a veces me asocian al “Cirque Du Soleil” y les digo que no, yo tengo mi propio lenguaje, por ejemplo “Stravaganza”, “Una Mágica Navidad” y “Abre tus Alas” tienen como una majestuosidad muy especial, un idioma propio que no se asemeja a nada; la técnica, los vestuarios, las historias, la música, el talento de los artistas, los acróbatas, algo siempre te va a llamar la atención. Esta vez hice temporada de verano en Rosario y fue el espectáculo más visto a nivel nacional, cuando la gente sale maravillada me siento muy orgulloso. Te diría que esto me da una plena felicidad”. (Flavio Mendoza)
Cuando Flavio Mendoza aparece sobre el escenario, se enciende la magia, los efectos especiales, los vestuarios majestuosos, los acróbatas increíbles, todo parece orquestado por su inmenso talento para sorprender al público que tanto ama.
Su presencia potencia el espectáculo y las luces multicolores contagian una pasión que trasciende lo ya conocido, porque lo que está ante nuestros ojos es único, la adrenalina recorre nuestros cuerpos y comienza un show que él titula “Abre tus Alas” una producción de nivel internacional con un despliegue visual muy novedoso y con acrobacias extremas que hacen galopar nuestros corazones. Las destrezas tienen un nivel de exigencia física que sólo este elenco tan entrenado puede dominar a la perfección; acróbatas chilenos, además de argentinos y franceses, especializados en disciplinas muy complejas, conformaron su plantel de equilibristas de alto riesgo.
“Abre tus Alas” fue un maravilloso desafío visual que dejó impresionados a todos los espectadores. Pero lo cierto es que su creador, Flavio Mendoza, ya nos tiene acostumbrados a estos despliegues escénicos y tuvimos una vez más el placer de conversar con él. Nuestro encuentro no se centró sólo a nivel artístico, sino que desnudó su alma y resaltó su amor por su hijo Dionisio, ese ser que lo vino a salvar y quien sanó sus heridas, según sus propias palabras. Y las historias comenzaron a rodar…
-Flavio, sé que tus padres te han marcado a fuego y hay una historia interesantísima de ese amor que surgió entre ellos. Me encantaría que volvamos a actualizar esos orígenes tuyos tan bellos.
-Bueno, es una historia que quisiera representarla en teatro, en cine o en algún lado. Tengo esa asignatura pendiente con la historia de mis viejos. Mi mamá era de una familia de circo; mi papá vivía en el pueblo de Nogoyá, en Entre Ríos, donde era carnicero. En un momento el circo llega a la ciudad, todo lo circense que llegaba al pueblo era vivido como un gran evento. Mi papá va a la primera función y la ve a mamá haciendo equilibrio. Y dijo ¡Wow esta mujer! Mamá era hermosa, con unos ojos increíbles, verdes azulados, y cuando ella lo vio también se enamoró de él. En el intervalo de la función, se hacía una obra de teatro, allí mamá también interpretaba a un personaje. Y mi papá estaba fascinado con ella.
Cuando se fue, quiso sacar una entrada para el día siguiente, pero la boletería estaba cerrada. Así que volvió temprano al otro día, compró una nueva entrada y, siendo muy vivo, se hizo amigo de mi tío Osvaldo. A través de él, fue que llega a mi mamá.
-Evidentemente fue un amor a primera vista…
-Sí, mi papá estaba enamoradísimo, tal es así que mi mamá me contaba que él pagaba la entrada, se sentaba siempre en la misma butaca y la iba a ver a todas las funciones. En esa época el circo era muy chiquitito, tampoco había tantas luces que te cegaban como hay ahora, entonces ella lo veía desde el escenario. Y le empezó a llamar la atención, aunque todavía ni siquiera se daban un beso.
A través de mi tío, mi papá finalmente llega a mi mamá y se hablan, pero a ella no la dejaban salir ni a la esquina. Entonces un día ella le dijo ‘Bueno, vos tendrías que hablar primero con papá’. Y ahí mi papá fue a hablar con mi abuelo, que le dijo ‘Yo no tengo problemas, pero el circo se va dentro de dos días, no sé qué va a hacer’. Ante esto, mi papá le explicó que, si ella lo aceptaba, se iba con el circo. Así fue cómo mi viejo dejó todo en su pueblo por seguirla a mi vieja. Es una historia de amor muy bella. También muy difícil, porque pasó las de Caín, le hicieron pagar muchísimo el derecho de piso a mi viejo. De ellos nacimos Patricia, mi hermana mayor; Adriana, que fue la segunda; Silvina, que llegó tercera, y el cuarto fui yo. El más protegido de todos.
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